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IDIOMA El vesre en “Dieguitos y Mafaldas”

Sabina con Paulita

Una palabra de la canción de Joaquín Sabina, analizada desde el lunfardo

El vesre fue uno de los idiomas de los presos, ideado para despistar a los carceleros, primo hermano del lunfardo. Pero no funcionaba hablando exactamente al revés. Repetido muchas veces, generalmente no se formaba la palabra de nuevo. Conventillo no era “tilloconven” sino “yotivenca”, según la particular manera de escribir de los porteños. Una de las excepciones es “mujer”, que al vesre es “jermu”.
Un error bastante frecuente, sobre todo entre quienes no han hablado el vesre argentino de chicos, es usarlo en cualquier momento y en cualquier lugar. Como Joaquín Sabina, que en un verso de “Dieguitos y Mafaldas”, la canción que le hizo a Paula Inés Seminara, dice “La ´jermu´ que me engaña con la luna”.
Está bien, ´jermu´ es el vesre de mujer, desde ese punto de vista el término es exacto. Pero resulta que en la Argentina ´jermu´ no es cualquier mujer, sino la propia, la del amigo, del desconocido. En todo caso Paulita para Sabina era una novia, una naifa, una mina, un filito. ´Jermu´ es la verdadera, la que aguaita en casa, la madre de los hijos, la señora del vecino o la ´jermu´ del quía.
Allá en el pago, monte adentro en Santiago del Estero, a las mujeres de los otros, los amigos las nombran como “la vieja de Cacho”, “la vieja de Arturo”, y así. No es que sean mujeres mayores, casi siempre son más jóvenes que el marido. Tampoco es desprecio, aunque nunca un hombre va a pegar el grito: “¡Querida, te busca la vieja de Tito!” Es más bien, me parece, una forma elegante de demostrar que uno no la desea, simplemente porque la ve como mujer mayor de edad, digna de respeto y consideración. Digo, para mostrar cómo las palabras a veces nombran de una forma particular, lo que no se quiere decir.
Es como el gallego. En la Argentina al menos, son gallegos todos los venidos de España, sean o no de Galicia. En Santiago, particularmente, recuerdo al “Gallego” Martínez, amigo de siempre de mi padre, de quien, de grande, recién supe su nombre, Félix. Son gallegos por aproximación, todos los rubialos o de ojos de ojos claros. Si son rubios del todo con piel muy blanca o colorados, ya son “gringos” y no importa que hayan vivido siempre aquí a la vuelta desde los tatarabuelos. El vesre de gallego no es “llegoga”, sino “llollega” o, como escriben los porteños “yoyega”.
Claro que me gusta la música de Sabina, la impronta fresca de sus canciones, sus letras siempre profundas e inteligentes. Y también “Dieguitos y Mafaldas”, casi un emblema para los boquenses, club del que alguna vez fui hincha apasionado, al punto de convertir a una docena de vecinos hasta hacerlos fanáticos de la azul y oro. Y no es que le ande buscando el pelo al huevo, como decimos, sino que algunos días no tengo de qué escribir y se me ocurren estas disquisiciones.
Ahora, siga nomás con lo suyo, no lo molesto más.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Me gustaría conocer la canción de Sabina con tu cuento pero tu pluma es impecable se Juan
    Saludos cordiales Arq López Ramos

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  2. También me gusta la canción de Sabina y casi todo su repertorio. No me había percatado del error. Muchas gracias. Muy buen artículo. Felicitaciones.

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  3. Muy lindo artículo! Me encanta el tema de Sabina! No me dí cuenta de esos detalles hasta que los señalaste! Un abrazo!

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  4. Y sigues siendo de Boca, aunque ya "desapasionado"? O ya no va más? Mirá vos que cambiar de caballo en la mitad del río... Será de Dios..!!

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