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MARXISMO Los historiadores actuales escriben con odio

De Maximio Ruiz siempre dicen pestes

En la segunda línea de sus escritos, se advierte el rencor que sienten por los santiagueños del pasado y su adhesión a la idea de la lucha de clases


Al parecer el odio también llegó a los escritos serios, sesudos, de los redactores de monografías de la historia. Apenas se llevan leídas tres líneas de cualquiera de los modernos historiadores santiagueños, uno ya se da con la frase que marca cuál será el sesgo de sus trabajos, adónde nos quieren llevar o, en todo caso, qué piensan del objeto de su estudio.
La maniquea visión de la historia que les impone el marxismo, con la lucha de clases como motor y fin de las acciones de los hombres, les impide escribir artículos como para que sus seguidores los leamos sin expulgarles el insulto solapado, la maledicencia soez, la tirria que destilan en cada línea.
Casi siempre en las primeras líneas del escrito ya se observa para qué lado irán. Con la sola mención a las “elites santiagueñas”, se marcan solitos. Y uno se dispone a entrarle a una crónica en la que, malas personas se dedicarán, de punta a punta, a realizar actos más malvados todavía. Ya sea que se trate de las beatitas que hacían lobby para que les construyeran el templo de San Francisco —al que criticarán por su belleza— o de un gobernador cualquiera.
Para ellos, al parecer la única intención de las clases rectoras de la provincia, de aquellos tiempos, era acumular dinero, acaparar el poder y casarse convenientemente. Puede ser, nadie dice que no, pero jamás intentan ni siquiera una mera comparación con la actualidad, porque sería mal gusto que escupieran la mano de quien les da de comer, para decirlo de manera elegante. Por eso, entre otras cosas, pasan por encima de Juan Felipe Ibarra sin nombrarlo o critican acerbamente a los Taboada y, ahí el guiño a la actualidad se lee clarito.
Sepultan bajo toneladas de sospechas infundadas o desenlaces mal encarados a los Alcorta, los Palacio, los Rojas, los Iramain, ¡los Ruiz!, extrayendo casi siempre risibles conclusiones de sus actos. Porque eran gente mala que entregaba los bosques de la provincia, sólo para que luego pudiéramos ir al teatro a ver ese compendio de lugares comunes que es “Hacha y quebracho”. O compadecernos de la suerte de Pedro San Germes que, garcó en mucha guita a gran parte de la sociedad santiagueña tras un sueño imposible, irrealizable y absurdo, de caña de azúcar en Santiago del Estero.
Luego de leer dos o tres trabajos de historia, uno se imagina a un padre de familia del siglo XIX o principios del XX, sacando cuentas: “Si hago casar a mi hija con Fulanito, seguramente mis nietos serán dueños de campos, pero si se casa con Menganito serán gobernadores o diputados nacionales”. Porque los integrantes de las elites santiagueñas se casaban entre ellos, no por amor, pasión, ardor, calentura o mero entusiasmo, sino solamente para “perpetuar el esquema de poder, tal como venía dado desde siempre”, según esta gente.
Ridículo, ¿no?, pero es exactamente de la manera en que piensan que actuaban nuestros abuelos, digo, los míos y los de ellos también, porque aquí nadie nació de un repollo. Y quizás, digo quizás, algunos de los bienes que ostentan en la actualidad, sean fruto de las acciones perras de aquellos abuelos malevos. Para actuar de acuerdo a su ideología, deberían devolverlos, che.
A veces para leer sus trabajos hay que armarse de paciencia, porque es tal el asco que sienten por la gente del pasado, que muchas veces, en el mismo escrito los nombran de distinta manera, no se sabe si es para confundir o qué. Así, a Carlos Abregú Virreira, en un solo escrito lo mencionan con su nombre completo y también como Abregú, como Virreira o como Carlos Virreira. Y es la misma persona, carajo.
Se debe tener aguante para ir entresacando los datos que sí se ocuparon de buscar, rastrear o desempolvar de los archivos. El marxismo que intercalan cada tres líneas, muchas veces se vuelve tan inaguantable, que cualquiera abandona la lectura, harto de que no haya una persona buena entre quienes nombran. 
Uno se topa con el nombre del abuelo de un conocido, quiere saber qué hizo, cómo pensaba, qué sentía o al menos qué documentos firmó, qué dijo en su testamento, cualquier cosa, pero se da con marxismo-marxismo-marxismo-marxismo-marxismo-marxismo (algo que hizo el tipo), marxismo-marxismo-marxismo-marxismo marxismo-marxismo (algo que hizo el tipo), marxismo-marxismo-marxismo-marxismo marxismo-marxismo (algo que hizo el tipo), y así, cansador, hartante y sin solución de continuidad.
En fin. Ya está, lo dije. ¡Uf!, qué alivio que se siente, no saben.
Abajo hay lugar, si lo sabe ladre, putee, insúlteme, qué me importa.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc20 de junio de 2022 a las 8:40

    Así será, hasta que haya orden en contrario...

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  2. El activismo marxista está basado en la repetición de slogans y la crítica ad hominem. Su estrategia es la destrucción moral del oponente y la descalificación de sus intenciones, para encuadrar a todo lo que no comulga con sus ideales de utopía como opresión burguesa. Es como siembran y contagian el resentimiento en el incauto que sufre las circunstancias cotidianas de la vida, haciéndolo sentir que ese sufrimiento, que es parte de la realidad de toda la humanidad, es exclusivo de él y es por culpa del opresor que se beneficia por explotarlo. Nunca llegan a contestar las tres preguntas claves que hechas por tierra su prédica:
    1. Qué proponen cómo alternativa?
    2. A qué precio?
    3. Qué evidencia concreta tienen?
    Cuando se los desafía mostrándoles que desde la creación del marxismo no ha habido un solo experimento exitoso en ningún país del mundo, responden que "es que lo hicieron mal y no era el verdadero comunismo.....pero esta vez sí sabemos cómo hacerlo bien.
    No esperen encontrar en los artículos de opinión escritos por comunistas ninguna referencia concreta sobre lo que proponen. Solo conocen de descalificación y crítica para alimentar resentimientos. No conocen otra cosa.

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  3. Si bien Carlos Marx desmenuzo muy bien al capitalismo, no formuló como debia ser la lucha de clases. Esta la formuló Lenin.
    El marxismo tal como se lo presenta, es una utopía. Simple pantalla de dictaduras que se presentan como representantes de los obreros y campesinos pobres. Puro biri biri....pero peligroso. Y para muestra basta un botón. Corea del Norte, China, etc.

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    Respuestas
    1. No sé qué significa "desmenuzar", pero si se refiere a "describir o caracterizar", en realidad el error mayor que cometió fue entenderlo como una gerarquía de poder, para lo cual él propuso otra jerarquía de poder (el comunismo) para contrarrestarlo.
      El capitalismo no es "una sola estructura gerárquica", sino muchas.....y son principalmente jerarquias de competencia, no de poder, en las cuales los individuos ascienden y descienden según muchas condicionantes y limitándose, pero son móviles y fomentan el desarrollo (los adelantos de la ciencia que todos disfrutamos en el mundo occidental provienen de esas muchas jerarquías de competencia).
      Que esas jerarquías de competencia pueden corromperse y volverse autoritarias y opresoras?.....claro que sí, pero está demostrado que en esos casos duran poco y se derrumban por sí solas.
      Marx nunca desmenuza bien al capitalismo, y Lenin demostró en la práctica que la lucha de clases y la utopía del bienestar eterno nunca funcionan.

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  4. Fe de erratas
    Gerarquias ----> Jerarquías

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  5. ¿Seria posible referir ejemplos concretos?...Porque da la sensacion de que todos o la mayoria de nuevos historiadores santiagueños son marxistas.(Y creo que no es asi)

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    Respuestas
    1. Aragón ya lo dijo. Si en la segunda línea dice "élites santiagueñas" ya está.
      También puede encontrar estos términos: "Construcción del discurso" "Construcción de la identidad" "Pueblosnoriginarios" "

      Eliminar

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