Ir al contenido principal

APUNTE Los Salieris del Zoco

Jorge Rosenberg

Sus palabras iban de atrás para adelante, pintando un tiempo irrepetible de Santiago

Acaba de morir Jorge Eduardo Rosenberg y lo que sigue es un apunte escrito a vuelapluma, transido todavía por la emoción de saber que Santiago ha de ser otro a partir de ahora, sin sus sentidos para mirarnos como sólo él sabía hacerlo. Si Dios sabe de literatura, y es más que seguro que sabe, seguramente lo ha de llevar consigo, por más pecados que haya tenido, porque, una de las maneras de llegar al Cielo, debe ser también por la belleza que uno es capaz de crear, si no, no se explica.
Era poeta, pero acostó sus letras y comenzó a escribir de derecha a izquierda, como los judíos (como el judío que era), pues sus letras siempre comenzaban por la última página y se reescribían en otra época que nunca nos alcanzaría lo suficiente como para convertirse en presente. Sus palabras iban de atrás para adelante, como quien dice.
Cualquiera, llegado a una edad, redacta historias sobre el tiempo que le tocó vivir, pocos lo hacen con la elaboradísima sencillez provinciana que alcanzó su pluma. A una generación de escritores, entre los que me cuento, enseñó a ver el pasado y la realidad de Santiago, de una manera distinta, más entrañable, más real, más nuestrita. Una siesta, en las oficinas de la redacción de un diario que nunca habrá de repetirse, hablando con él, junto a otro amigo que también se da de escritor, le dijimos: “Somos los Salieris del Zoco, le robamos melodías a él”. Y es posible que tenga más Salieris dando vueltas por ahí, cebándose en su inolvidable “Zoco de la buri buri”.
Sus primeros escritos, aparecidos en la contratapa del Nuevo Diario de Santiago del Estero, en setiembre u octubre de 1991, alcanzaron para definir el estilo único, irrepetible, con matices geniales que caracterizaría sus palabras puestas en papel. Allí recordaba hechos, anécdotas, lugares, detalles, que muchos conocían en esta ciudad, pero pocos sospechaban que podrían llegar a ser literarios. Ni mucho menos.
Ya era un poeta reconocido cuando se convirtió en prosista, había escrito la mayoría de los versos de “La siesta”, pequeño gran libro destinado a convertirse en uno de los clásicos de la literatura santiagueña y que retrata lo que somos —o lo que llegamos a ser —de manera magistral. De esos poemas, en el prólogo el poeta salteño Raúl Aráoz Anzoátegui, ha dicho. “Su forma ensaya una búsqueda expresiva propia, con elementos que denotan su frecuentación de los buenos autores contemporáneos de los que extrae lo necesario. Nada más que lo necesario para manejarse con un idioma idóneo, identificable, muy de su época. Pero lo importante es que siempre tiene algo suyo que decir, no esa vacuidad retórica advertible en la mayoría de los casos. Situado en su clima, en el lugar en que está y piensa, su mundo se instala a la vez en circunstancias comunes al sentir de todos los hombres”.
Santiago del Estero, sus calles, la avenida Belgrano, la 25 de Mayo, recorren desde ayer el largo silencio de sus pasos caminando silenciosos y atentos, pero se pueblan de su voz plasmada en cada escrito en que dejó dicho quiénes éramos los santiagueños, quiénes somos, quiénes no nos hubiera gustado ser y no fuimos nomás.
En uno de los libros del Zoco, en otro prólogo, el filósofo tucumano Samuel Schkolnik dice: “Jorge Rosenberg es un claro representante de la estirpe de observadores fundamentales. A lo largo del tiempo ha ido levantando un registro cordial de lugares, actores, hechos y dichos que son manifestaciones directas de una ciudad ausente, la que sin tal amoroso censo debería darse por perdida, pero como con su auxilio resulta no sólo recobrada sino también expuesta a la vista de todos, de suerte que cada cual puede reconocer en ella las esquinas, los zaguanes, las puertas y los árboles que acotan el camino de su propia vida”.
Y agrega: “Ciudad a un tiempo íntima y notoria, esta Santiago del Estero que nos presenta Jorge Rosenberg es más verdadera que su réplica terrestre, acosada, según todos sabemos, por las desdichas de la inviabilidad”.
En la íntima dedicatoria del Zoco III, de octubre del 99 quizás resida una clave de toda su escritura:
“—Hijita, dejame escribir, tengo que corregir, mi libro tiene que existir.
—No papá, vos tienes que existir
(Diálogo con mi hija Mora, de seis años de edad)

El Zoco va a seguir existiendo para siempre.
Juan Manuel Aragón
A 12 de julio del 2024. En Santiago del Estero.
Ramírez de Velasco®


Un escrito para recordarlo
Dido Silvetti y las 1001 noches santiagueñas
Rosenberg, el escritor jujeño Alejandro Carrizo y el escritor porteño Andrés Rivera
Por Jorge Rosenberg

La lluvia de abril insiste en engañar con simulacros, el Zoco ve la ciudad como una casa grande con muchas madres para todos, empedrada y de luces amarillas.
Se pone a pensar, se dice a sí mismo, serán alucinaciones, será la lluvia engañosa y pavorosa de abril. Vuelven a celebrar reunión una noche más los extraterrestres del Rotary y la música de Los Bancarios o la que nace desde el barrio Cáceres, o la del Palacio de las Flores caer suavemente sobre los techos de las casas.
Nada de televisión, nada de hastío.
En el cine Petit están pasando una película en “tridimensión”, El Museo de Cera, se entregan unos anteojos en la puerta, unos anteojos de cartón y celofán de colores (rojo y verde), nos internamos a lo desconocido, algunos sienten miedo, que espectáculo nos espera, que ridículos parecemos con esos anteojos.
Si el camión Kenber vuelve a pasar por la avenida Roca no sería nada de extrañar, el único semirremolque cerrado que tuvimos ha quedado en la memoria como el camión de Tarchini, pero también como juguete, al igual que el “mosquito”, ese ómnibus que llevaba la cabina separada del chasis, semejantes transportes para que mi imaginación infantil juegue a la siesta en los baldíos.
Intentar por obra y gracia de la imaginación el regreso de aquella ciudad es como tocar el rostro de aquella persona que nos había ofrecido un juguete en sueños.
Tiempo de fakires, de magos, de ilusionistas, que convergían aquí para las mil y una noches santiagueñas, porque se trataba de un territorio donde se daban las condiciones naturales y sobrenaturales, de magia y levedad, también cosmogónicas.
El cielo, trazado de las calles que había sido pensado de antemano en un antiguo borrador de Dios.
Ilusionistas y fakires demostraban sus habilidades en huecos y baldíos, en las canchas de básquet, enfrente de la plaza Libertad, donde era la zapatería de beneficencia de Alfredo Farjat; el Inti Club. Algunos de esos personajes han quedado prendidos en la memoria: Kakuma Blakamá, que se hacía enterrar vivo y encadenar adentro de un cajón de vidrio; Joe Carson, que se hacía pasar un auto por encima; Fu Man Chu tragando sables de fuego; Tarabei ayunando en la vereda del Splendid; Tu Sam en la cancha de Estudiantes Unidos, metiéndose lámparas prendidas en el estómago.
Rosenberg en la biblioteca 9 de Julio
Siempre detrás de estas actuaciones andaba Dido Silvetti para superarlas. “Sí, decía por entonces Dido, Tu Sam ha tragado focos, el otro ha comido vidrio, Fu Man Chu ha tragado fuego, pero ningún fakir del mundo ha hecho lo que he hecho yo. Yo he comido aca”. Este acto lo vuelve invencible, insuperable.
Dido Silvetti, fakir, boxeador, actor de teatro, chanchero, actor de cine, maratonista, pone tarros, atleta múltiple. Rival de Pinillo en las maratones y de Kisungo en el boxeo (se enfrentaron 26 veces, otro récord mundial). Pinillo en la maratón siempre atrás de todos, siempre al último, pero llegando siempre a la meta con su cara de ángel cansado, el ángel de los chicos que lo vivaban y aplaudían con risas y lágrimas.
Dido con su estampa de lancero de Bengala, dueño de una hazaña mundial que con mucho orgullo todos los santiagueños debemos recordar, y que ningún fakir del mundo podrá jamás igualar.
De el libro del Zoco I, de Jorge Rosenberg

Comentarios

  1. Fue incompleto, me traicionó el dedo en éste teclado chino. De todos modos, también supe reconocer los escritos de Rosenberg.

    ResponderEliminar
  2. Cristian Ramón Verduc12 de julio de 2024 a las 8:22

    Un excelente homenaje, y una bellísima palabra para definir una forma de escribir (o de ser): "Nuestrita".

    ResponderEliminar
  3. Mas de cincuenta años compartiendo cosas, hasta compartí uno que otro zoco. Pero ya lo dijimos apuremos el paso, que nos estamos yendo

    ResponderEliminar
  4. Tantas cosas que lo definían a zjorge Rozemberg muy bien dichas en tu homenaje ,,Juan ,,.Manuel

    ResponderEliminar
  5. UNA DE DIDO, SALE EL MAGO DE LA CANCHA DE INTI EXTRANJERO EL HOMBRE, SACABA CONEJOS DE GALERA , PAJAROS DE UN UN DIARIO ETC.HACIA MUCHOS TRUCOS TODOS MARAVILLADOS APLAUDIAN AL SALIR LE DICE SI TU REALIZAS LO QUE TE PIDO TENDRAS UNA CASA DE PREMIO, EL TIPO ACEPTA EL DESAFIO Y SE RAJA UN PEDO Y LE DICE PINTALO DE VERDE.

    ResponderEliminar
  6. No hay otra forma de describir a Jorge Rosemberg como los has hecho vos Juan Manuel, hasta pareciera ser que describes sus sentimientos, ya lo dije en otra red social, "Jorge Rosemberg no murió, se fue a difundir sus zocos en otra dimensión" y como vos dices, Dios lo tiene ahicito para que le cuente sus cosas

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

VÍNCULO Traditio abre los seminarios de la Fraternidad San Pío X

Ceremonia religiosa de la Fraternidad Un documental muestra la vida cotidiana de los seminaristas en Europa y América sin centrarse en controversias externas Info Vaticana La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha estrenado el primer capítulo de Traditio, serie documental que abre al espectador las puertas de la vida interna de sus seminarios. Lejos de centrarse en polémicas eclesiales o debates canónicos, esta primera entrega pone el foco en el sacerdocio y en quienes se preparan para recibirlo, mostrando con una extraordinaria calidad cinematográfica el día a día de la formación sacerdotal tradicional. Durante más de una hora, el documental acompaña a varios seminaristas y diáconos en distintos momentos de su camino hacia la ordenación. La narración transcurre principalmente entre el Seminario Internacional San Pío X de Écône, en el cantón suizo del Valais, cuna histórica de la Fraternidad fundada por monseñor Marcel Lefebvre; el Seminario Nuestra Señora Corredentora de La Reja, en la p...

RECUERDOS El paisaje y el hombre

"Tizón, trebe y pava", fotografia de Jorge Llugdar Siempre se vuelve sobre sabores, sonidos y afectos que parecían comunes hasta que desaparecieron ¿Ha probado el guiso de torcaza, amigo? ¿Sabe de qué se trata la felicidad? ¿Alguna vez anduvo cerca de los límites de esa sensación tibia y engañosa que le agarra siempre después del amor? ¿Qué nombre excelso tiene la vida después de un guiso de cabrito y un plato de mazamorra? ¿Y entonces dónde queda la leche con calabaza? ¿Y los besos de esa mujer? ¿Ha dormido la siesta en catre de tiento y jerguillas, a la sombra del paraíso japonés, sin que le importe si el mundo sigue en vigencia o se ha venido abajo? ¿Le ha salido del alma la expresión “si esto es la guerra que la paz no vuelva nunca”? ¿Qué hay del mate de después de sestear?, ¿se ha percatado de que tenía un sabor distinto cuando estaba con ella? ¿Ha visto las cabras volviendo al chiquero por las tardes? ¿Se acuerda del sabor de la algarroba?  ¿Podría abarcar el azul del C...

1991 AGENDA BANDEÑA Teatro

Oreste Pereyra fue uno de los que saludó la inauguración El 8 de junio de 1991 se inaugura el teatro municipal de La Banda, en un acto con bombos y platillos El 8 de junio de 1991 se inauguró el teatro municipal de La Banda. Se hizo en la oportunidad, un acto con bombos y platillos, que incluyó un festival artístico de danzas argentinas, a cargo de la escuela Latinoamericana, dirigida por Mercedes Ballerini de Messad. La incuria municipal de varios gobiernos que pasaron por la calle 25 de Mayo de la vecina ciudad, convirtió este orgullo bandeño en un recuerdo que a veces regresa con el viento de la nostalgia. De todas maneras, es bueno recordar que la sala tenía una capacidad de 283 butacas y un escenario de 82 metros cuadrados; equipo de sonido propio: un multicanal con dos bandejas profesionales de 100 vatios de salid por canal y capacidad para ocho micrófonos. Tenía, asimismo, un equipo de proyección para películas de 8 y 16 milímetros y un proyector de diapositivas. Además, contaba...

Don Belianís de Grecia a Don Quijote de la Mancha

Ilustración Miguel de Cervantes y Saavedra Rompí, corté, abollé, y dije e hice más que en el orbe caballero andante; fui diestro, fui valiente y arrogante, mil agravios vengué, cien mil deshice. Hazañas di a la fama que eternice; fui comedido y regalado amante; fue enano para mí todo gigante, y al duelo en cualquier punto satisfice. Tuve a mis pies postrada la Fortuna y trajo del copete mi cordura a la calva ocasión al estricote. Mas, aunque sobre el cuerno de la luna siempre se vio encumbrada mi ventura, tus proezas envidio, ¡oh, gran Quijote! Ramírez de Velasco®

REGRESO Todos bien, gracias

Ilustración tomada de internet "Nunca nos habíamos abrazado y darse la mano era cosa de gringos creídos, me había dicho de chico" Nos quedamos un rato sin decir nada, y le pregunté: —Qué tal el carro. —¿El qué? —El carro —repetí— qué tal anda. Me miró, quizás pensando la forma menos dura de responder. Después dijo que ya no se usaba el carro porque pasaba una camioneta tirando un acoplado o, directamente, el camión que llevaría a Buenos Aires la cebolla, el melón, la calabaza. Ah, dije. Me quedé callado. Se notaba que estaba incómodo en el aire acondicionado de la terminal nueva, primera vez que venía y nunca sabría si le gustaba o no, porque a mí por lo menos no me lo diría. No son curiosos, mejor dicho, no les gusta parecerlo. Se dan cuenta de todo, pero no hacen como nosotros, que abrimos grandes los ojos, nos sorprendemos y movemos la cabeza para aquí y para allá. Ellos no, observan callados, como si no estuvieran mirando para después, en el pago, contar lo que han visto....