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EVANGELIO El rico Epulón y el pobre Lázaro

El rico Epulón y el pobre Lázaro

En ocasiones no está mal volver a las Sagradas Escrituras, como quien atiende una lección con atención de niño

Vaya para usted amigo esta lectura, vale en cualquier tiempo, en cualquier lugar y a quienquiera que siga teniendo un niño en su corazón y en su alma. Después de oírla, hágala suya porque lo que aquí se dice es la purita verdad. Lo dice Lucas en el capítulo 16 y en los versículos que van del 19 al 31. Así sucedió, no tenga dudas.
Había terminado de escribir lo anterior, cuando me percaté de que la parábola de Nuestro Señor viene a desmentir terminantemente la teoría económica del derrame, de la que tanto hablan algunos economistas. Porque lo que sobra de la mesa de los ricos jamás va a los pobres y siempre va a sus propiedades en Miami.
A continuación, Lucas.
Jesús dijo a los fariseos: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
Entonces exclamó:
—Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.
—Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí.
El rico contestó:
—Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.
Abraham respondió:
—Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.
—No, padre Abraham —insistió el rico— si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.
Pero Abraham respondió:
—Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.

Juan Manuel Aragón
A 21 de marzo del 2025, en el Albigasta. Comenzando el otoño.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Es todo una metáfora. El Rata Galvan en exilio de su casa.

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