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RAREZA La astilla que parpadea

Ilustración hallada en internet

Avistamientos fugaces describen un ave inmóvil, confundida con el paisaje, desafiando toda clasificación científica

Pocas veces ha sido visto el ave estatua, más quieto todavía que el kakuy. Se mimetiza en el bosque y en las ciudades, en ocasiones en la rama de un paraíso, en la pared de una casa, en un poste de luz y hasta en los cables del teléfono. Es posible que los operarios de la empresa de electricidad trabajen a centímetros sin notar su presencia.
Es un pájaro tosco, como mal hecho, vive muchos años gracias a que está completamente inmóvil, casi no come, merodea cerca del lugar de nacimiento, y se diría que ni respira, con tal de mantenerse oculto. Muy pocos lo ubican, por estos pagos, a pesar de ser originario de Santiago del Estero. Su canto, si lo tiene, es un misterio igual que el nido y la forma de reproducción para los estudiosos de las aves, ya que en décadas hubo apenas tres o cuatro fugaces avistamientos.
El caso más notable fue el de Julián Melián, oriundo de Sol de Mayo, departamento Jiménez: contó que una tarde volvía de la Isla, de cortarle el pelo a José Galván, a quien le decían “Comegente”, cuando se percató de un pequeño movimiento en el esquinero frente a la parada del ómnibus. Se apeó del montado y, al acercarse al poste no notó nada. Entonces, una astilla parpadeó durante un brevísimo segundo que duró nada.
Por ese temor reverencial que suelen tener los santiagueños a todo aquello que desconocen, no quiso tocar el palo, se dio cara vuelta, montó su caballo y volvió a su casa. Muchos años después recién contó ese percance ante un periodista de Nuevo Diario que lo entrevistó. Dijo que no lo había hecho antes por miedo a la incredulidad general.
Elías José Martini, de La Banda, también contó que lo vio en las tejas del viejo hospital de su ciudad, una vez que se subió a barrer el techo pues se habían obstruido las canaletas de desagüe. “Noté que una teja se movía, como si estuviera temblando”, recordó. En ese momento lo llamaron de abajo para preguntarle cómo iba su trabajo, desvió la mirada un instante. Después llegó a dudar de su vista. Agregó que cuando iba bajando por la escalera, esa misma volvió a tiritar, como un aleteo, pero ya no quiso subirse de nuevo para averiguar cuál era.
Antes y después de estos acontecimientos en que se dejó ver, los rastros del pájaro estatua están borrados y no hay señales para seguirlo. En su libro “Nieto desaparecido”, el ornitólogo Carlos Manuel Nieto lo tiene catalogado como “ave extinta sudamericana subtropical”. Sin embargo, hay en Santiago quienes se niegan a esa clasificación y aseguran que todavía nace, crece, se reproduce y muere, aunque no pueden explicar cómo.
Es uno de los grandes misterios de la provincia, el más recóndito de todos. Este animal es parte del patrimonio inasible de los santiagueños, al menos mientras siga sin mostrarse de forma oficial.
Juan Manuel Aragón
A 2 de abril del 2026, en El Hoyo. Pensando macanas.
Ramírez de Velasco®

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