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| "El barrio", de Raúl Cisterna |
Por qué cambiaron para siempre las noches del barrio desde aquel resplandor que no dejaba dormir a nadie
Tenemos una buena relación. Si lo llevas a tu casa, te vas a terminar acostumbrando. Después de la luz en el cielo, llega la explosión; salimos a ver qué pasa. Los vecinos también se sobresaltan: están en la vereda, tomando fresco, apantallándose con lo que hallan a mano, revistas, abanicos, el diario, aplaudiendo los mosquitos, opinando de la última conquista de la Mirta, la morocha más hermosa de la cuadra. Uno de estos días voy a escribir una novela para ganar un premio.Pero que no va, y se me aparece la cosa verde después del ruido ese, como una bomba de estruendo lejana. En el discurso de agradecimiento diré que los escritores de provincia somos ignorados por la crítica porteña. Si me topo con un editor, va a sufrir antes de que le firme un adelanto. Ideas no faltan. Es cuestión de ponerme frente a la computadora y darle a las teclas. El bicho verde habla con voz gutural, pregunta sobre nuestra forma de vivir, te va a gustar.Capaz que una de estas noches lo mande a lo de la Mirta. Mirá si llega justo cuando está con el otro, ¡el julepe que se va a pegar! Mejor no, va a creer que estoy despechado. No quiero enfrentar a las mujeres del barrio preguntándome por qué no andamos más. Casi ni salgo. Ya he dicho que cualquier día de estos me pongo a redactar esa historia que tengo pensada. Voy a usar un lenguaje sencillo, pero que remita a cosas profundas. A los jurados les va a gustar. La cuestión es mezclar bien las palabras, hacer un zafarrancho con las genealogías, desordenar las historias, como Gabriel García Márquez, nada del otro mundo. ¿En serio no lo quieres? Te va a hacer compañía. No es malo. Te mira con cariño.
Cuando prendo la tele, se sienta a mi lado y la mira atentamente. Me cuenta que viene de lejos, pero quién sabe si no me miente. Dice que no come, pero mete los dedos en el enchufe y la cara le brilla de una manera extraña, como si le salieran chispas de los ojos. Una novela con un toque erótico tiene que ser, algo suave nomás. Le estoy viendo la cara a la Mirta y a todo el vecindario. Llevalo, es mansito. No muerde, en serio.
Juan Manuel Aragón
A 18 de julio del 2026, en la Esquina del Recuerdo. Bailando un tango.
Ramírez de Velasco®


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