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ZOONOSIS Algunas reglas para criar mascotas

Perro, de Raúl Cisterna

Si tiene en cuenta que no son personas y que usted es el responsable de lo que hagan, todo bien, no lo olvide

Está muy bien tener mascotas. Dicen que, con los debidos cuidados y precauciones, aportan mucho a la crianza de los niños, unen a la familia alrededor de una responsabilidad compartida y, en general, corresponden al afecto que reciben, lo que genera bienestar. Con el tiempo se convierten en una fuente inagotable de anécdotas y chistes familiares.
Entre las mascotas más frecuentes figuran los perros, los gatos, los canarios y las catitas australianas, incapaces de sobrevivir en libertad.
El amor por los animales no debe llevarnos a creer que se equiparan con las personas. Siempre será más importante un niño que no tiene qué comer que el alimento del más querido de nuestros perros o gatos.
Tampoco olvidemos que nuestras mascotas no tienen por qué gustarles a todos. Salvo dentro de casa, conviene no imponer esa afición al resto del mundo.
Por simpático que sea nuestro Bobby, a nadie le agradará que le orine los pantalones. No servirá de excusa decir que es un cachorrito y todavía no aprendió dónde ni cómo hacerlo. Si quiere evitar malos momentos, impida, como sea, ese tipo de incidentes.
Tenga presente, además, que su perro o su gato son exclusivamente suyos. No hay derecho a que todo el vecindario deba soportar las rabietas de un perrito que ladra durante la siesta, cuando todos descansan, o que aúlla a la luna en plena madrugada, despertando a los vecinos de varias cuadras a la redonda.
Acostúmbrese también a la idea de que la gente, en la calle, no está obligada a relacionarse con su mascota. Quizá no quiera acariciarla, observar sus gracias ni ser molestada por un perro o un gato, por más pedigrí que tengan o por más inteligente que usted asegure que es. Su perrito y su gatito son suyos y de nadie más, al menos mientras pasean por la vía pública. Hágase cargo y no espere complicidades de quienes no tienen ninguna obligación de compartir su entusiasmo.
Otra cosa: los perros y los gatos no son personas. No los bese en la boca. Si no evita hacerlo por usted, hágalo por los demás, que suelen ser bastante impresionables. Además, los animales pueden transmitir enfermedades.
No crea tampoco en el dicho "cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro". Son innumerables los casos de perros que, impulsados por el hambre o por su instinto, terminaron atacando a sus propios dueños. Llegado el momento, no discutirán ni intentarán convencerlo: simplemente reaccionarán como animales. Por más bien educado que esté un mastín napolitano, si desea algo que usted tiene, puede intentar arrebatárselo. No recordará que fue parte de su familia porque, sencillamente, ignora qué significa eso.
Por último, cada vez que salga a pasear con su mascota lleve una bolsita y una pala para recoger sus heces. Usted es el dueño del perro: lo alimenta, lo vacuna, lo acaricia y disfruta de sus monerías. Sea responsable y recoja la mierda que deja en la vereda. Los demás no tienen por qué ensuciar sus zapatos con algo cuya responsabilidad le pertenece exclusivamente a usted.
Después, todo bien, ¿no?
Juan Manuel Aragón
A 14 de julio del 2026, en Eureka. Comprando un lomito.
Ramírez de Velasco®

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