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NOCHES La revolución de la calle Tucumán

"Tucumán al 200", de Raúl Cisterna

Éramos tan jóvenes que ya habíamos repartido los ministerios y todavía nos alcanzaba para cantar vidalas hasta el amanecer

Cuando llegaba la noche siempre le venía a la memoria la misma vidala que cantaba despacito para no despertar sus propias alucinaciones. No recuerdo la letra, sólo sé que nombraba a una mujer, pero casi todas las vidalas llaman un amor que desertó. A esa hora estaba hecha la revolución con que soñábamos, habíamos designado ministros, teníamos firmados los decretos que anticipaban la aurora que se vendría y planeábamos algunos pequeños gustos que nos daríamos cuando estuviéramos instalados en la cima del poder, como salir a tomar café al mismo bar de siempre o mandar a comprar sánguches de milanesa en el mercado Armonía —porque gobernaríamos desde Santiago— y convidar a todo el mundo durante una deliberación de gabinete.
Al llegar la fortuita e incierta hora en que la reunión estaba tan linda que uno ya no sabía si acostarse para levantarse después baleado o seguir de largo, siempre empuñaba la guitarra, le ganaba unas notas lastimeras y emprendía un recorrido por dos o tres canciones que quizás fueran una sola con distintas entonaciones. El resto guardaba considerado silencio. De tan sentidas las estrofas, hasta había quien le pasaba la mano por el hombro mientras le brindaba palabras de aliento.
Un día aquellas juntas se dejaron de hacer. Fue tan silencioso el final que ahora no sé si aquel fue un tiempo que no existió. Al cerrar los ojos recuerdo cada uno de los detalles de aquella vieja casa de la calle Tucumán, el pasillo de entrada, el primer patio con los alambres de lo que había sido un toldo, la habitación en que nos juntábamos con los amigos y el cuadro de Juan Manuel de Rosas que presidía las tertulias y luego se perdió en el apuro de algún traslado de pensión impaga.
Hay preguntas que me persiguen desde aquellos días. Si el mundo creció, como dicen algunos, ¿aquellos viejos volvían a ser jóvenes de vez en cuando para recordar sus años mozos? Si era así, ¿por qué a mí no me sale con la misma naturalidad?
A una descascarada esquina de la habitación le hallábamos la forma de las Islas Malvinas. Se nos hacía que era un buen augurio, como una premonición de que a lo bueno le faltaba solamente llegar.
Juan Manuel Aragón
A 16 de julio del 2026, en el barrio San Martín. Esperando el 17.
Ramírez de Velasco®

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