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| Acta rescatada del incendio y del agua de diciembre de 1993 |
El 10 de julio de 1817, el Ayuntamiento de Santiago se reúne y, para responder al devastador terremoto del 4 de julio se decide elegir un segundo santo protector
El 10 de julio de 1817, se reunió el Ayuntamiento en Santiago del Estero, para responder al devastador terremoto del 4 de julio. Los cabildantes decidieron convocar a una asamblea y elegir un segundo santo protector. La ciudad, marcada por la catástrofe, buscó en la fe un refugio, uniendo a autoridades, clérigos y vecinos. El acta, preservada en el Archivo Histórico, refleja la organización de una misa solemne tras la elección. Fundada en 1553, Santiago enfrentó con espiritualidad y cohesión los desafíos de la reconstrucción.En 1817, Santiago del Estero, la “Madre de Ciudades”, vivía tiempos de cambio tras la Independencia. El 4 de julio, un fuerte terremoto sacudió la región, causando temor y destrucción. Las réplicas, que se prolongaron por días, intensificaron la necesidad de una respuesta colectiva frente al desastre.El sismo comenzó a la 1 y media de la tarde y continuó hasta las 4, dañando casas e iglesias de adobe. Los habitantes, profundamente católicos, vieron en el evento un mensaje divino. La comunidad buscó en la religión una forma de enfrentar la incertidumbre y reforzar su unidad.
El 10 de julio, el cabildo se reunió en la Sala Capitular, con el tradicional toque de campana. Liderado por Mariano Santillán, Francisco Solano de Paz, Bailón Bravo de Rueda, Blas de Achával y Mariano Medina, síndico procurador, acordó convocar a una asamblea para elegir un santo protector.
La asamblea, fijada para el día siguiente a las 8 de la mañana, incluiría al cura, al clero y a los vecinos para seleccionar un santo canonizado que en adelante protegería la ciudad. Este acto reflejaba la importancia de la fe en la vida colonial y la búsqueda de amparo espiritual.
Se enviaría un oficio al vicario foráneo para organizar la participación del clero secular y regular. Además, se ordenó colocar carteles públicos, invitando a la comunidad a asistir. La transparencia del proceso buscaba garantizar una elección representativa.
La elección del santo, aunque no detallada en el acta, sería un momento de unión. La comunidad, golpeada por el sismo, confiaba en que un nuevo protector celestial mitigaría futuros desastres. La decisión se tomaría con respeto a las tradiciones religiosas.
Tras la votación, se celebraría una misa solemne en honor al santo elegido. Este acto litúrgico, presidido por el clero, reforzaría la fe colectiva y marcaría un hito en la recuperación emocional de la ciudad.
El acta, registrada en el Libro 7 de las Actas Capitulares, es un valioso testimonio histórico. Firmada por los cabildantes, refleja el lenguaje formal y la organización de la época, destacando la ausencia de un escribano oficial.
El terremoto impulsó a Santiago a mirar hacia la reconstrucción. Aunque el acta se centra en la respuesta espiritual, muestra cómo la fe y la comunidad fueron pilares para enfrentar la adversidad, dejando un registro de la resiliencia santiagueña.
Ramírez de Velasco®


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