Ir al contenido principal

1859 ALMANAQUE MUNDIAL Reconocimiento

Juan Bautista Alberdi

El 9 de julio de 1859 España reconoce la independencia de la Confederación Argentina como nación libre y soberana

El 9 de julio de 1859 en Madrid, España firmó un Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad con la Confederación Argentina que reconoció formalmente su independencia como nación libre y soberana, cuarenta y tres años después de la declaración del Congreso de Tucumán. Aquella jornada cerró un largo período de gestiones diplomáticas iniciadas tras la Revolución de Mayo de 1810 y la guerra de independencia.
El plenipotenciario argentino Juan Bautista Alberdi y el representante español Calderón Collantes rubricaron el documento de once artículos que normalizaba las relaciones entre ambos países. La Confederación Argentina, presidida por Justo José de Urquiza, buscaba desde años atrás establecer vínculos oficiales con la antigua metrópoli.
Alberdi, destacado intelectual y autor del libro las Bases, que para algunos fue la inspiración de la Constitución liberal de 1853, fue designado ministro plenipotenciario en Europa para llevar adelante las negociaciones. Las conversaciones enfrentaron dificultades por temas como deudas, propiedades y nacionalidad de los residentes españoles en territorio argentino.
En el artículo primero del tratado, Su Majestad Católica reconocía a la República o Confederación Argentina, compuesta por las provincias mencionadas en su Constitución federal y demás territorios legítimos, y renunciaba para siempre a toda soberanía, derechos y acciones sobre ese territorio. El acuerdo se basaba en el decreto de las Cortes españolas de 1826 que habilitaba tales reconocimientos.
El tratado establecía un olvido absoluto de las disensiones pasadas y declaraba completa amistad entre súbditos españoles y ciudadanos argentinos. Se garantizaban derechos recíprocos para reclamar deudas contraídas de buena fe, herencias y otros títulos legales, sin obstáculos por parte de las autoridades.
España y la Confederación acordaron reconocer como deuda consolidada argentina las obligaciones contraídas por el Gobierno español en el antiguo Virreinato del Río de la Plata hasta el 25 de mayo de 1810. Los comprobantes se basarían en libros de cuentas y documentos de las oficinas virreinales, con intereses legales a partir de un año después del canje de ratificaciones.
Se dispuso la restitución de bienes secuestrados o confiscados durante la guerra a sus antiguos dueños o herederos, con mecanismos de indemnización en caso de enajenación. Peritos y árbitros resolverían disputas sobre mejoras o desperfectos, priorizando soluciones amigables. Plazos de cuatro años se fijaron para presentar reclamaciones. En materia de nacionalidad, el tratado remitía a la Constitución española y a la ley argentina de 1857.
Españoles residentes que hubieran adoptado la nacionalidad argentina podían recobrar la suya en plazos establecidos, y viceversa. La inscripción consular bastaba para acreditarla. Súbditos españoles en Argentina y argentinos en España recibieron derechos para ejercer oficios, poseer y disponer de propiedades, y suceder por testamento o ab intestato en igualdad con los nacionales más favorecidos. Quedaron exentos del servicio militar y de contribuciones extraordinarias.
Hasta la firma de un tratado comercial específico, se aplicaría la cláusula de nación más favorecida en aranceles, derechos de puerto y navegación. Toda ventaja concedida a terceros países se extendería automáticamente a la otra parte.
El documento, firmado en Madrid aquel 9 de julio, fue ratificado posteriormente y abrió la vía para relaciones diplomáticas plenas, aunque un tratado modificatorio se firmaría en 1863 para ajustar aspectos tras la reunificación argentina. Las crónicas de la época detallan las gestiones previas de Alberdi y el ambiente de reconciliación que rodeó la firma del acuerdo en la capital española.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

ARCHIVO Cuando el mundo era joven

Ilustración del Códice Albigense Un manuscrito revela una versión primitiva de la creación previa a toda forma establecida Del Principio se han contado muchas cosas: jardines, serpientes, desnudeces. Hubo una perfección original que se perdió para siempre. Sin embargo, otras versiones podrían dar una idea mejor de lo que ocurrió entonces. Hay algunas, guardadas celosamente en el Archivo Secreto del Vaticano ("Archivum Secretum Vaticanum"), que podrían ofrecer una idea más precisa de aquella historia, halladas por alumnos del profesor de Historia boloñés Edoardo Bacchelli. "Cum Ille venit, creatio longe nondum erat perfecta", empieza diciendo un viejo papiro del archivo, hallado en 1986. La frase —“Cuando Él llegó, la creación aún estaba lejos de estar perfecta”— llamó la atención de investigadores del Dipartimento di Storia, Culture, Civiltà de la universidad Alma Mater Studiorum – Università di Bologna. Debería narrar ahora cómo ese descubrimiento cruzó el mar y ll...

1977 ALMANAQUE MUNDIAL Nestlé

Pocos compraban El 4 de julio de 1977 comenzó el boicot internacional contra Nestlé, por impulsar campañas para reemplazar la lactancia materna por fórmulas industriales El 4 de julio de 1977 comenzó el boicot internacional contra la empresa Nestlé, acusada de impulsar campañas agresivas para reemplazar la lactancia materna por fórmulas industriales en países pobres. Desde hacía años crecían las denuncias contra organismos sanitarios y compañías alimenticias que sembraban temor sobre el amamantamiento natural mientras promovían productos comerciales como alternativa moderna y segura. En medio de aquella controversia, en la Argentina apareció la voz del pediatra mendocino Florencio Escardó, denunciando lo que consideraba un gigantesco negocio montado sobre el miedo de las madres y la salud de los recién nacidos. Había nacido el 13 de agosto de 1904 en Mendoza bajo el nombre completo de Florencio Escardó Fages. Pediatra, sanitarista, escritor y periodista, desarrolló una extensa carrera ...

AMOR El género de la tristeza

"El perro", de Raúl Cisterna Historia de mi amistad con un perro sin nombre en una casa de la calle Tucumán y el juego del pucho en la oreja Un solo perro tuve en mi vida. Nunca le puse nombre, no hacía falta si tenía unito nomás. Era de raza indefinida: algo de pastor alemán, Kaiser Carabelle, unas gotas de Ahorra Grande—Aurora Grundig y otras veinte sangres callejeras acezándole por las venas. Nunca sentí mucho afecto por estos bichos. Son perros, tienen su lugar y nada más. Su deber era acompañarme, el mío darle de comer, ponerle tres o cuatro vacunas que me indicó el veterinario, acariciarlo de vez en cuando. Me lo dieron de cachorrito y como nunca vio otro ser vivo más que a mí, sospecho que se creía otro yo. Las siestas de invierno, cuando leía en el patio, como en ese tiempo fumaba, cada vez que terminaba un cigarrillo, trataba de acertarle el tincazo del pucho en la oreja. Nunca lo logré más por mi mala puntería que por él, pues nunca se esquivaba, confiando en mi sup...

HUELLAS El guayacán ya no estaba

"Camino", de Raúl Cisterna Cuando la memoria deja de coincidir con el camino, hasta el pago conocido se vuelve ajeno Esa tarde salí a buscar ají, el bosque estaba nublado, agarré por una huella medio cerrada. Iba despacito, ¿no?, como quien no quiere la cosa. Silbaba canciones que sabían sonar antes en la radio, cosas de Los Fronterizos, del Chango Nieto. Me iba acordando de algunos de la ciudad, que al mistol le dicen “mishtol”, creyendo que es palabra quichua. Iba pensando en mi vida, porque una caminata, aunque sea buscando ají putaparió, el que le dicen "mala palabra", también es una experiencia peripatética. Y de repente, sin darme cuenta, me perdí. El sol no aparecía por ninguna parte: no había cómo hallar el norte. Estaba desorientado en lugares por los que había andado ochocientos trillones de veces. Sin rumbo. Uno por ahí cambia el punto de vista desde el que habitualmente ve un lugar y cree que está en otra parte. El paisaje seguía siendo el mismo, pero ha...