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| Ilustración del Códice Albigense |
Un manuscrito revela una versión primitiva de la creación previa a toda forma establecida
Del Principio se han contado muchas cosas: jardines, serpientes, desnudeces. Hubo una perfección original que se perdió para siempre. Sin embargo, otras versiones podrían dar una idea mejor de lo que ocurrió entonces.Hay algunas, guardadas celosamente en el Archivo Secreto del Vaticano ("Archivum Secretum Vaticanum"), que podrían ofrecer una idea más precisa de aquella historia, halladas por alumnos del profesor de Historia boloñés Edoardo Bacchelli."Cum Ille venit, creatio longe nondum erat perfecta", empieza diciendo un viejo papiro del archivo, hallado en 1986. La frase —“Cuando Él llegó, la creación aún estaba lejos de estar perfecta”— llamó la atención de investigadores del Dipartimento di Storia, Culture, Civiltà de la universidad Alma Mater Studiorum – Università di Bologna.
Debería narrar ahora cómo ese descubrimiento cruzó el mar y llegó a Santiago del Estero, pero esa larga peripecia será motivo de otra nota. Lo que sigue es un apretadísimo resumen de aquella investigación, traducido del italiano por el erudito ítalo-cordobés Mario Osvaldo Maffini.
A continuación, un fragmento del libro. Algunos detalles míticos quizás la hagan ver apócrifa. Empero, juzgue el lector y dé su veredicto.
Había animales amorfos que no llegarían a nada, moviéndose entre los pastizales en busca de alimento. Descartó a unos y otros; eligió a unos pocos para que sobrevivieran. Hizo injusticias: una especie de caballo grande, con una astita en la frente. Tal vez habría servido como bestia de carga, pero concluyó que no podría dominarlo: era vanidoso, presumido, se miraba en los charcos. Entonces los eliminó, uno por uno.
Primero clasificó la vida; después lo que se parecía demasiado a él. Al perro lo llamó perro, al pato pato y a la mujer, por su semejanza, hembra. Durante un tiempo dudó de sus propios desvaríos, hasta que una siesta la hizo suya y supo que no habría separación posible. Terminada esa tarea, supuso que lo demás sería más fácil. No se sometió, sin embargo, a la idea de eliminar a los grandes animales de la sabana, algunos tan inmensos que podían matarlo con un solo pisotón. Con ellos descubrió que la vida tenía sus imposibles.
Un día ideó el arado, pero antes había descubierto que el fuego hacía más comestible la carne de la gallina, la vaca y la corzuela que cazaba. Encerró a las bestias que más le gustaban: si las engordaba, serían más sabrosas y no tendría que perseguirlas.
Fue feliz, pese a la versión tergiversada que ha llegado hasta hoy: la del paraíso perdido, un Edén de límites precisos que nunca volvió a encontrarse en la Tierra. Reía con frecuencia, aunque a esa alegría siempre se le adhería alguna mota de desdicha.
A veces temía que aquellos animales inmensos terminaran con él, con su hembra y con sus hijos. Cuando se acercaban a su casa, sentía la tierra temblar. En varias ocasiones pasaron de largo; de otro modo no habría habido relato.
Cuando ya estaban establecidos y eran muchos en distintas aldeas, llegó quien terminó el trabajo que él había empezado después del Principio. El otro salvó solo a los animales más livianos.
Pero esta narración pertenece a otro estrato documental.
Juan Manuel Aragón
Viernes 3 de julio del 2026, en la Independencia y Balcarce. Mirando el pasado.
Ramírez de Velasco®


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