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| Selecciones de Honduras y El Salvador |
El 27 de junio de 1969 el triunfo de El Salvador sobre Honduras, 3 a 2, fue la chispa que encendió cien horas de feroces batallas
El olor a pólvora y el rugido de las tribunas se mezclaron de forma trágica en julio de 1969, cuando Centroamérica se convirtió en el escenario de la mal llamada "Guerra del Fútbol". El Salvador y Honduras desataron un torbellino bélico de cien horas tras una serie cuyo vencedor debía enfrentar a Haití por un lugar en el Mundial.El conflicto venía de antes y la pelota no fue la causa, sino apenas la chispa, el catalizador de una conflagración que maduraba en la política. Las raíces del enfrentamiento fueron ajenas al fútbol. En el diminuto El Salvador, con una abrumadora densidad demográfica, los terratenientes habían hecho un brutal acaparamiento de tierras.La presión social empujó a cientos de miles de salvadoreños a cruzar la frontera hacia Honduras, más vasta y menos poblada, que inicialmente acogió aquella silenciosa marea humana que buscaba el pan cotidiano. El gobierno hondureño del general Oswaldo López Arellano, acorralado por protestas internas, promulgó una reforma agraria. Las tierras cultivadas por los inmigrantes salvadoreños fueron confiscadas para ser redistribuidas entre los campesinos locales.
La expulsión masiva y despiadada de miles de almas, despojadas de sus bienes y empujadas de regreso a su saturada patria, encendió las hogueras del resentimiento nacionalista a ambos lados del río Goascorán.
En ese clima de tensión creciente, ambas selecciones debían cruzarse en las eliminatorias para el Mundial de México de 1970. Hubo tres partidos de fútbol que se transformaron en auténticos duelos de honor patrio.
El primero, en Tegucigalpa, lo ganó Honduras por uno a cero en el último suspiro, desatando una ola de histeria colectiva que alcanzó ribetes dramáticos cuando una joven salvadoreña se quitó la vida en un episodio que la prensa de la época vinculó a la derrota de su selección.
El segundo fue en San Salvador, bajo un cielo hostil y un ambiente de venganza. Los futbolistas hondureños pasaron la noche en vela, asediados por un estruendo de piedras, petardos y cantos de guerra que rodeaba el hotel; al día siguiente, El Salvador se impuso con un rotundo tres a cero en un estadio que destilaba odio. Las hostilidades saltaron de las graderías a las calles, y los hinchas visitantes sufrieron persecución y ultrajes, agudizando la crisis diplomática.
El desempate fue en terreno neutral: Ciudad de México, el 27 de junio de 1969. El choque terminó con una agónica victoria salvadoreña por tres a dos en la prórroga.
Esa noche, rotas todas las costuras de la diplomacia, El Salvador rompió relaciones diplomáticas con su vecino, denunciando el maltrato sistemático y la persecución violenta que sufrían sus compatriotas en suelo hondureño.
Las armas hablaron al atardecer del 14 de julio de 1969. La Fuerza Aérea salvadoreña bombardeó objetivos estratégicos en Honduras, iniciando una invasión terrestre. El cielo de Centroamérica se vistió de un anacronismo lírico y letal: el último duelo de la historia entre viejos aviones de la Segunda Guerra Mundial: los Mustang salvadoreños y los Corsair hondureños libraron feroces batallas.
El horror de las trincheras y los bombardeos se prolongó durante poco más de cuatro días, ganándose el nombre de la "Guerra de las Cien Horas". El conflicto se detuvo el 18 de julio, gracias a la enérgica intervención de la Organización de los Estados Americanos, que exigió un alto el fuego inmediato y negoció la posterior retirada de las tropas salvadoreñas de los territorios ocupados a principios de agosto.
La estela del conflicto dejó un saldo desolador: algunas fuentes dicen que hubo 2.000 muertos y otros sostienen que llegaron a más de 5.000, casi todos civiles inocentes atrapados en el fuego cruzado del chauvinismo más atroz. Hubo también consecuencias económicas. La fractura del Mercado Común Centroamericano sepultó las esperanzas de integración. El Salvador se sumió en una crisis social insostenible por el retorno de miles de refugiados sin hogar.
La paz definitiva se firmó once años después, en Lima, en 1980. Para entonces, miles de muertos, decenas de miles de desplazados y una integración regional fracturada eran parte del saldo que habían dejado apenas cien horas de guerra.
Juan Manuel Aragón
Sábado 27 de junio del 2026, en La Felicidad. Visitando amigos.
Ramírez de Velasco®


Y continua hasta la fecha.
ResponderEliminarSon 4 países que obtuvieron su independencia juntos, y no se pusieron de acuerdo de cuál saldría el presidente. Ahí terminó la unidad. Por eso todos tienen la misma bandera con distinto escudo.
Viven perjudicándose entre ellos cuando Unidos serían una fuerza en la región, manejando dos mares y el paso de todo el comercio Norte -Sur.
Hace unos años Ho duras reconoció a San Andrés, reclamada por Nicaragua, como colombiana, lo que legitimó mar colombiano en territorio nicaragüense. Entonces Nicaragua se puso de acuerdo con El Salvador para cerrarle la salida a Honduras por el golfo de Fonseca. Y así como esa, tengo una docena de conflictos entre C. Rica, Nicaragua, Salvador, Honduras, y Guatemala de los años en que viví y trabajé en esos paises..