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BUROCRACIA Firme aquí, aquí y aquí

Empleadas de la farmacia

Detalles que llaman la atención en las farmacias al comprar un remedio: una molestia y una curiosidad final

¿A usted no le llama la atención que cada vez que va a la farmacia a comprar un remedio con la receta de una obra social le hagan firmar, aclarar la firma, poner el número de documento, en ocasiones dos o tres veces? Digo, porque a algún lado deben ir a parar esos papeles; en alguna parte estarán archivados, puede pensar alguien.
Un cálculo somero llevaría a que la operación se repite al menos cien mil veces por día en todas las farmacias argentinas. Eso da como resultado más de 36 millones de firmas puestas en recetarios durante todo el año.
La pregunta que se hacen muchos compradores de remedios es quién mira esas firmas, es decir, quién se fija si son verdaderas o fraguadas, quién descifra los nombres de los compradores.
No diga que nadie, porque si le hacen firmar algo, se supone que luego controlarán. De otro modo, la firma —en este caso— sería un requisito vacío. La pregunta más inquietante es cuántos peritos calígrafos se necesitan para auditar todas esas rúbricas. Para peor, alguna gente la tiene en tan alta estima que se toma su tiempo para redactar prolijamente: “María Ofelia González Rentería de Romero Centurión”, escrito completo, por más que usted esté en la fila esperando que la doña termine de dibujar sus nombres y apellidos, más los de su marido.
La burocracia para comprar un remedio se ha ido volviendo cada vez más una cosa seria, por eso de las drogas peligrosas, ¿ha visto? De todas maneras, con médicos tan responsables como son casi todos en la Argentina, nadie se hace confeccionar una receta trucha ni usa la obra social de otro. Eso no sucede jamás en este bendito país. Hay tantos requisitos para sacar cualquier remedio de una farmacia que, al salir de una de ellas, luego de haber ido a comprar un simple analgésico, usted tiene la tranquilidad de que los narcos sacan la materia prima para fabricar sus drogas ilegales de otro lado. Seguro.
Pero, qué quiere que le diga, llama la atención que venga el empleado y le diga: “Firme aquí, aquí y aquí; abajo ponga la aclaración, su número de documento y el de teléfono”. Hay un cálculo simple para hacer: si estos requisitos interminables comenzaron en 1980, pongalé, y alguien los controla uno por uno, un ejército de cien peritos calígrafos, mirando y comparando firma por firma, con mucha suerte habrá llegado al año 1990.
Si es que.
Juan Manuel Aragón
A 17 de enero del 2026, en Chejolao. Juntando mistol.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Es igual en todos los paises de latinoamérica que adoptaron el derecho romano (importa que haya la ley, la norma, o el edicto, pero no importa si no hay una estructura de control y cumplimiento. Solo importa que se llene el formulario o el papel).
    Ello combinado con la organización de gobierno Rouseauniana heredada de la colonia (el ciudadano se somete a la autoridad del gobierno y delega en él las funciones de gestión).
    Para peor, ambién heredamos de la colonia la actitud ante las leyes, reglas y normas que aplicaban los virreyes para las ordenanzas reales que no les convenían "se acata pero no se cumple".
    Así que todo resulta en un círculo vicioso; Se pretende regular todo desde el gobierno con leyes, normas, decretos y ordenanzas, todas se sancionan y publican cono solución necesaria y suficiente, no se implementan medidas de control de cumplimiento, la sociedad las incumple y las transgrede, entonces se vuelven a sancionar otras más, por encima de las anteriores. Como consuelo, a todos les alcanza con llenar papeles y formularios y hacer como que se cumple.
    Así es como anda toso. Menos mal que la culpa de que todo ande mal la tiene el imperialismo colonialista neoliberal.

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