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UNANIMIDAD El rechazo a Villarruel

Victoria Villarruel

Sin hechos determinantes, distintos sectores coinciden en cuestionarla y reproducen un clima hostil que alimenta el poder

¿Qué hizo mal la vicepresidente Victoria Eugenia Villarruel para ser hoy víctima del odio de mileístas y anti mileístas? Se ensayan causas, pero todas son insuficientes. Dicen los que saben que podría provenir del hecho de haber sido una figura cercana a las víctimas del terrorismo. Bueno, si es así, le achacan algo que era conocido cuando la pusieron de candidata, es más: hay quienes sostienen que la eligieron justamente por eso. Entonces, ¿a qué escandalizarse? No, dicen otros, es porque no forma parte del círculo íntimo de Javier Gerardo Milei. Bueno, de ser así nadie más que su hermana Karina Elizabeth es parte de esa intimidad.
Un día, cuando los senadores aprobaron aumentos de jubilaciones y otras erogaciones que el gobierno quería vetar para mantener el superávit fiscal, Milei la llamó “traidora bruta”, “demagoga” y “más cerca de la casta”. No tuvo en cuenta que ella no tenía cómo evitar esa sesión, pedida por una mayoría de legisladores, y eso les daba derecho a concretarla.
Si ese fuera el criterio, no se entiende por qué no reaccionó del mismo modo en otros casos. Cuando se descubrió que el jefe de Gabinete Manuel Adorni llevó a su mujer de paseo en un viaje oficial a Estados Unidos o contrató un avión privado para viajar con la familia, fuera del alcance de sus posibilidades económicas, no hubo enojo, pero sí una defensa cerrada del funcionario.
Hay que decirlo, todos los gobiernos tienen sus seguidores y sus detractores, pero hay gente que siempre, pero siempre, siempre, siempre, está con el actual, sea cual fuere. ¿Hay otra gente en el poder?, sí, por supuesto, pero ellos siguen al que se ha puesto la banda. Conjeturan tal vez, que si está ahí arriba por algo es. Si el Presidente no la quiere, debe haber razones, pensaron. Y se dedicaron a castigarla con lo que hallaron a mano, todo el día, sin piedad. Ahora mismo, cada vez que no tienen de qué escribir en sus redes de internet, le dedican un post aborreciéndola. Y siguen adelante.
En el menú de la democracia, es una de las vicepresidentes más consideradas con el Presidente. Nunca antes de aquello tuvo palabras en contra del Poder Ejecutivo, tampoco se levantó para criticar a) las políticas del gobierno o b) los malos modos de su titular. En lo interno, nunca un Senador la ha acusado de algo. Y en general, oficialismo y oposición, sostienen que ejerce su cargo de manera correcta.
Es sabido, por otra parte, que los legisladores tienen, en los regímenes republicanos, la fundamental actividad de fijar los gastos del Ejecutivo. Quien puede lo más, puede lo menos. Entre sus atribuciones figura la de decidir sus dietas. Si las aumentaron, ella no tuvo nada que ver, aunque después se enfureciera el gobierno.
En general, estos burócratas cumplen estrictamente con el reglamento, pues son controlados por propios y extraños para que no se pasen ni un milímetro de sus funciones. La mayoría de los vicepresidentes argentinos han seguido las normas escrupulosamente.
Saben que son la tranquila rueda de auxilio de un automóvil, casi una carga inútil, un peso de más, un espacio ocupado con aire. Su presencia siempre hace recordar que un día podría ser necesaria. Algo que sucedió muy pocas veces en la Argentina. Y tal vez por eso el presidente le tomó tirria. Como si sospechara que está al acecho de su ausencia temporal o permanente. Pero Victoria Villarruel nunca tuvo una manifestación en ese sentido, ningún gesto, ni una mala cara.
No extraña que la aborrezcan los mileístas, porque ya se sabe que son parte de los que siempre esperan que el Presidente les haga una seña para imitarlo. Lo que sí resulta curioso es el aborrecimiento de la oposición. Aquí no cuaja el dicho: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. El sentimiento entre los odiadores de las redes de internet, en este caso es unánime. Resulta funcional como blanco compartido.
No sería muy difícil acabar con las eternas discusiones entre los argentinos, sólo hace falta buscar a alguien que todos tengan entre ceja y ceja. No es común ver tanta coincidencia en la Argentina. Cuando ocurre, conviene no mirar el blanco sino más bien a quienes tienen piedras en las manos.
Juan Manuel Aragón
A 27 de marzo del 2026, en Ojo de Agua. Llegando.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Me olvidaba "si ella me quisiera yo le pediria"

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  2. Cristian Ramón Verduc27 de marzo de 2026 a las 17:46

    Hay una franja, calculo que amplia, de gente que sí aprecia a Victoria Villarruel: Los Veteranos de Guerra de Malvinas y seguidores de ellos. Es posible que ese caudal de votos haya sido interesante para el hombre que se declaraba "alineado con los Estados Unidos e Israel". Ella se mostró todo el tiempo, alineada con la cuestión Malvinas, asunto lindo para golpearse el pecho por parte de los dos grandes bandos políticos que asolan a la Argentina, pero que evidentemente no les llega mucho. Después de Malvinas, desde algún lugar llegó la orden de odiar para siempre a los militares argentinos, y eso fue acatado por una gran mayoría, en ambos bandos, pero no por la franja poblacional que está con Victoria Villarruel. El periodismo hace su parte, unos por convicción y otros por imitación desde el principio, la niegan a la vicepresidente cambiándole el apellido ("Villarroel" por Villarruel) y repitiendo, palabras más, palabras menos, el discurso presidencial; solamente les falta carajear. Feministas, no tan feministas y casi todos los demás, están atentos a lo que hace Victoria Villarruel para criticarla, tal como hacen con todo enemigo. Y sí... si es enemiga de los británicos y de los guerrilleros, es enemiga de "nosotros los argentinos".

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