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CAMBIO Noticias viejas

Ilustración

Un chico descubre que informarse antes era esperar y confiar en papel que llegaba tarde cada mañana

El otro día le dije a mi chango, de 8 años, que en Santiago muchos estaban acostumbrados a dormir sobre colchones de lana, en catres de tiento. En algunas casas faltaba el agua corriente y había que lavarse la cara en palanganas. No había quien no supiera bailar un trompo. Y la mayoría se informaba sobre la provincia, el país y el mundo, leyendo el diario u oyendo la radio. Bueno. Todo eso terminó. Durante una semana me pasé explicándole que era un colchón de lana, un catre, una palangana y un trompo. ¿Tarea dura?, no, ¡qué va!! Lo jodido fue explicarle qué era un diario.
—Las noticias venían escritas en una especie de libro, como los que uso yo. Sólo que tenía las hojas más grandes.
—¿Del tamaño de las hojas de mi carpeta de dibujo?
—No, más grande.
—¿Cómo muchas hojas, como tus libros?
—Llegaron a traer cien o más.
—¿Y quién los escribía?
—Los periodistas.
—Pero, ¿cuándo?
—El día anterior.
—¿Y cuándo salía el diario?
—Todos los días a la madrugada.
—Entonces ustedes se enteraban de noticias viejas.
—No tanto, del día anterior.
—¿Y si pasaba algo ese día?
—Teníamos que esperar.
—¿Y los periodistas cómo sabían la noticia?
—Iban a oficinas públicas, hablaban con la gente, alguien les avisaba.
—¿Y el resto?
—El resto de qué.
—Las otras noticias, porque me imagino que ahí no salía todo.
—Decían que ahí estaba lo que interesaba.
—¿Y cómo hacían?
—Una vez por semana traían un suplemento de algo.
—¿Y ustedes le creían?
—Si creíamos qué.
—Que todo estaba ahí.
—Eso se suponía.
—¿Traían la última canción de cualquier grupo?
—A veces demoraban, pero hacían el anuncio.
—¿No te daban la música?
—No.
—¿Si hablaba un funcionario lo mostraban?
—Le sacaban una foto y un resumen de lo que había querido decir.
—Interesante. ¿Traían algo para los niños?
—Sí, un suplemento era para los chicos, con crucigramas, adivinanzas, dibujos para colorear.
—No sé qué es eso. Colorear sí, pero lo otro no.
—Lo importante es que con los diarios nos sentíamos informados.
—¿Siguen saliendo?
—Sí, pero sólo para los viejos. Y tienen que comprarlos.
—¿Qué?, ¿no tienen wifi?
—No, hay que pagarlo.
—¿Cuántos quedan en Santiago?
—Llegó a haber tres y cuatro en un tiempo. Ahora sólo dos.
—¿Cuántos ejemplares imprimen?
—Entre los dos que quedan, unos mil bien contados.
—Ah, nada.
—Como los colchones de lana.
Juan Manuel Aragón
Jueves 16 de abril del 2026, en la calle 59. Esperando el 15.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Brillante el chango de 8 años, las preguntas que hace.

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