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MODERNIDAD La olvidada tradición

Pesebre navideño

Gente grande, con pelos en partes que a los párvulos no les sale, llaman “chicos” a los amigos, avergonzados de la edad que tienen


El mundo moderno abjura de la tradición, resume en ella todo lo malo del pasado, de la historia, lo imaginario, lo que le contaron, lo que creyó a pies juntillas y las conclusiones erróneas que sacó después. Cree que no sirve para nada y, entre otras cosas, la desprecia, sólo por hacerse la caca en lo antiguo, en lo establecido, porque eso es lo que le enseñan las prostitutas que mira en la televisión.
Tanto les han martillado la cabeza con que lo viejo es malo, lo viejo es arcaico, lo viejo es pasado de moda, que hay gente grande, con pelos en esas partes en que a los párvulos no les sale, quizás usted también camarada, que pasó largamente de los 20 años, y ha vuelto a nombrar a sus amigos como “los chicos”, ¡ay, chuchi! Como si crecer, llegar a adulto y ser veterano, anciano, longevo, fuera un pecado de lesa existencia. Viejos canosos, con más arrugas que sábana de abajo, se llaman los chicos de aquí, los chicos de allá y a cualquiera le da pena una caída tan ardua.
Todo por escupirle en la cara a la tradición a la que confunden con lo antediluviano, con el conservadorismo, con lo rancio, con lo añejo, con lo que ya está hediendo a muerto.
Ahí está el Papa Benedicto XVI, que recordó hace unos años que, históricamente, no había un burro y una vaca en el Pesebre de Belén, ¡chocolate por la noticia!, tampoco el Evangelio dice que José fuera carpintero, ya lo sabíamos. Fue ese mismo Papa que se dio el lujo de renunciar, rompiendo una tradición que llevaba varios siglos. Sabía que sabíamos lo de los animalitos en el pesebre, pero habló sólo por escandalizar y por poner un manto de duda sobre los pesebres que arman los chicos del mundo católico todos los años.
Le cuento, en tiempos que no existían los fenicios comerciantes que hacen su agosto en diciembre y los libros eran escasos, la Navidad era un buen momento para comenzar la explicación debida a los niños, acerca de la alegría que significaba pertenecer a la religión católica, una santa y verdadera. En ese entonces los pesebres cumplían la misma función que los vitrales de los templos antiguos, mostraban en pocos y sencillos trazos, escenas del Evangelio, de la Biblia, a una sociedad culta, pero analfabeta.
Como es mejor enseñar jugando, se procuraba que los chicos formaran su pesebre. En el de mi hija, desde muy chiquita, todos los años figuraba un dinosaurio y no hace falta que el Papa venga a decirle que no había dinosaurios en la época de Jesús. Eso sí, con los renos, no se meten, con el gordo barbudo vestido de Cocacola tampoco, podrían perder el auspicio. Sólo meten el herrumbrado cuchillo de la insidia en nuestras más hondas tradiciones, por el gusto de revolvernos las tripas.
La mula y el buey en las letras de los villancicos nos vienen desde la gloriosa Edad Media y el maravilloso feudalismo. Eso es la tradición, amigo, no zapatear ni bailar zambas y chacareras, disfrazado de paisano, como le enseñaron en la academia “The Paisano´s of de Bosque of Saint Jacques del Stéreo”. Eso no es tradición, a lo sumo son bailoteos pop con una seudo imitación gringa de lo que algunos suponen fueron los argentinos del pasado. Acotación, los gauchos no bailaban ni parecido a los de los espectáculos folklóricos ni se comportaban igual.
Repita conmigo tra-di-ción, del latín tradere, es acarrear lo que está en el pasado y hacerlo presente, sin Papás Noeles ni Santa Clós ni renos ni regalos en paquetes colorados con cintas blancas ni vitel toné ni turrón ni lechón ni cabrito, porque eso sí que es folklórico. La tradición es algo más profundo, una herencia en el sentido más elemental de la palabra, que remite a estar unido, adherido a algo que se transmite de padres a hijos. El acervo hereditario e indivisible que se transmite, son verdades vitales que llegan desde muy antiguo, consolidadas por el convencimiento de que son firmes, tienen fundamentos sólidos y en ellas se basa la cultura de los pueblos. Los que las pierden son trapos volando, colgados de civilizaciones ajenas, llevadas y traídas por el viento de la historia.
En este tiempo ya no hace falta que, desde afuera de la Iglesia Católica, sus detractores tomen el pico para tumbar sus muros. Esa tarea la están llevando adelante con mucha eficacia —y granadas en la mano —los últimos Papas, al menos desde Juan XXIII para aquí. Lo hacen con satisfacción y enjundia, al parecer creen que es divertido destruir desde adentro lo que no pudieron los extraños, Himeneo, Fileto, Figelo, Demos, Simón el Mago, Hermógenes, Guillermo de Hildernissen Lutero, Calvino, entre otros de una runfla de pobres heresiarcas.
Los últimos escondrijos que tenían los padres para mostrar a sus hijos el camino del catolicismo, como los pesebres, han sido atropellados por el Papa Benedicto, a quien muchos tenían por conservador y no lo era.
El Papa actual está yendo por la destrucción de la naturaleza propia del hombre, en sí mismo, en su intimidad, en su ser existencial más hondo: niega su sexo y pretende que un fluir de la conciencia decida si usted quiere ser varón, mujer, árbol, araña, súcubo, pollito, Almamula, tren, eucalipto o conejo de Angora. Y que lo traten como tal.
No importa, la Iglesia Católica ha de renacer de las cenizas a que la quieren reducir sus enemigos, ahora encaramados en el Vaticano, blandiendo la espada contra los propios católicos.
Está escrito.
©Juan Manuel Aragón
A 28 de diciembre del 2023, en el templo de la Inmaculada. Recordando a los Santos Inocentes

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Que triste se me hizo vivir este fin de año conociendo toda la verdad religiosa,y todo el cinismo o ignorancia de amigos y del mundo entero.Quisiera saber auien es ud.Nada de lo que habla es falso

      Eliminar
  2. Arjona dice de Jesús que se hizo verbo el sustantivo que gramaticalmente tiene explicación. Tiene fundamento la adjetivacion y las anécdotas secundarias que el ente Rector de nuestras vidas descendidas de aquellas dos ciencias,.la filosofía y la ética en sus varias escindiones a través de los años hasta nuestros días. Perdonar es divino, el error es humano. Cualquier parecido con la realidad. Saludos

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