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| Ramiro Valdés |
Anunciaron la muerte de uno de los mayores represores del régimen cubano, autor de asesinatos y salvajadas varias
El domingo pasado las autoridades cubanas anunciaron la muerte de Ramiro Valdés Menéndez, en un comunicado oficial firmado por la dirección del Partido Comunista, el Estado y el Gobierno, y publicado en Granma y Cubadebate. El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó la noticia públicamente.Nacido en 1932, era comandante de la Revolución y había sido ministro del Interior en varias etapas. Figura central en el aparato de seguridad y represión del gobierno cubano, no enfrentó juicios formales ni fue condenado en tribunales internacionales por sus crímenes, pero opositores, exiliados, presos políticos y organizaciones de derechos humanos lo acusan de responsabilidad en graves violaciones sistemáticas.Uno de las salvajadas más estremecedores que se le atribuyen es la colocación de miles de kilos de dinamita en los túneles bajo las circulares y el comedor del Reclusorio Nacional de Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud). Durante más de 20 meses, cerca de 5.000 presos políticos durmieron literalmente sobre un “colchón de explosivos”, con la orden de detonarlos en caso de invasión norteamericana o sublevación interna.
Quienes estuvieron presos describieron el terror constante de saber que sus vidas dependían de una decisión política, en condiciones ya de por sí inhumanas de hacinamiento, enfermedades y maltrato. Esta medida se considera particularmente sádica por el cálculo psicológico de mantener a miles de personas en una trampa mortal permanente como instrumento de disuasión.
Fue uno de los cuadros del comunismo cubano encargado del trabajo sucio del régimen, que necesitaba de la sangre para ahogar las protestas de quienes osaban pensar distinto. No por nada, sus apodos fueron “Charco de Sangre”, “Carnicero de Artemisa” o “Verdugo de Cuba”.
Entre la represión y las ejecuciones extrajudiciales que se le atribuyen, figuran la supervisión de fusilamientos, purgas y operaciones contra opositores y guerrillas anticastristas en los primeros años del régimen (especialmente en el Escambray). Está vinculado a masacres como la de La Ceiba, en la que 19 hombres fueron ejecutados con ametralladora.
Fue el fundador y responsable del G-2 (Seguridad del Estado) y Ministerio del Interior, estructuras acusadas de detenciones arbitrarias, vigilancia masiva, actos de repudio y control social.
Además, impulsó centros de internamiento y las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), a la que fueron enviados homosexuales, religiosos, artistas, disidentes y “desafectos” con condiciones inhumanas y abusos.
Ordenó el traslado masivo de miles de campesinos del Escambray y otras regiones a “pueblos cautivos” entre 1960 y 1975, separando familias y destruyendo comunidades.
Asimismo, fue el responsable de la introducción de métodos como pentotal sódico (“suero de la verdad”), aislamiento prolongado, cambios extremos de temperatura, electrochoques, golpizas y otras técnicas psicológicas y físicas en interrogatorios y prisiones.
Se le atribuye también haber ejercido su influencia en la formación de aparatos de inteligencia y control en otros países, como Venezuela.
Dios, en su infinita misericordia es posible que lo haya perdonado. Pero desde el domingo a la mañana, seguramente muchos cubanos y venezolanos piensan que el mundo es un mejor lugar para vivir.
Testimonio de Manuel de Beunza (que fuera oficial de Inteligencia Naval)
"Le gusta que le teman. Aprecia que la gente sienta miedo por su sola presencia".
Relató que Valdés promovía reuniones en las que garantizaba a sus subordinados plena libertad para expresar críticas, incluso hacia él mismo. Sin embargo, aquellos que hicieron uso de esa posibilidad terminaron siendo castigados.
También señaló que Valdés solía visitar prisiones secretas administradas por el Departamento Técnico de Investigaciones, donde los detenidos podían permanecer “siete u ocho meses sin ser presentados ante autoridad judicial”.
“Disfrutaba aquellas visitas y las comentaba como una hazaña”, aseguró.
Testimonio de Guillermo Cabrera Infante (en el documental Conducta impropia)
Durante un viaje de Valdés a China en 1963, este preguntó al alcalde de Shanghái cómo habían resuelto “el problema homosexual”. La respuesta atribuida fue: "Aquí no hay homosexuales, aprovechamos una fiesta tradicional en la que había muchos congregados en un parque y compañeros responsables del partido, cada uno con una estaca, les cayeron encima y después los echaron al río".
Valdés relató la historia a su regreso y, según el escritor, le pareció “una solución bestial, pero no había duda de que estaban buscando una solución para este problema”.
Ramírez de Velasco®


Cómo dura esa gente, no?.
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