| Juan Núñez de Prado, por Rafael Delgado |
El 16 de julio de 1556 el cabildo de Santiago del Estero dictamina contra el regreso de Juan Núñez de Prado
El 16 de julio de 1556 el cabildo de Santiago del Estero dictaminó en contra del regreso de Juan Núñez de Prado, el capitán español que había fundado la ciudad tres años antes bajo el nombre de El Barco. En esa fecha se reunieron los capitulares en la incipiente villa asentada a orillas del río Dulce para tratar el pedido de restitución del antiguo gobernador.Núñez había sido desplazado en mayo de 1553 por Francisco de Aguirre, enviado desde Chile por Pedro de Valdivia. Aguirre lo había arrestado para enviarlo encadenado hacia el Perú y asumió el control del asentamiento. Cambió el nombre a Santiago del Estero el 25 de julio de 1553 y realizó un breve traslado de ubicación.Los vecinos que integraban el cabildo en 1556 eran en su mayoría los mismos que habían acompañado a Núñez de Prado desde los traslados anteriores de El Barco I, II y III. Muchos habían recibido encomiendas y solares durante la primera fundación de 1550.
En la sesión se leyó la información judicial y las probanzas presentadas por los partidarios de Núñez de Prado, que reclamaba su restitución tras obtener fallos favorables en la Real Audiencia de Lima.
Los cabildantes analizaron los riesgos de un nuevo cambio de autoridades en una región aún amenazada por ataques indígenas y con escasos recursos. Valoraron la estabilidad lograda bajo el mando de Aguirre y sus sucesores. Y emitieron un acta formal en la que rechazaron el retorno del fundador original.
Argumentaron que la ciudad ya tenía nuevo nombre, nuevos vecinos incorporados desde Chile y una jurisdicción consolidada. El dictamen se inscribió en el libro de actas capitulares que continuaba sin interrupción desde 1550. Se notificó al procurador y se enviaron copias hacia Lima y Chile para informar a las autoridades superiores.
La decisión reforzó el control de los sectores leales a la gobernación de Chile en el Tucumán durante aquellos años de disputas territoriales entre las audiencias de Lima y Santiago.
Aquella jornada marcó un punto clave en los primeros años de la Madre de Ciudades, cuando apenas contaba con un puñado de vecinos españoles y se afianzaba como el primer asiento urbano permanente en el actual territorio argentino.
Muchos años después de muertos, sin embargo los cabildantes de Santiago seguían activos. Como que los Taboada, que habían acompañado a Rosas, no dudaron en calificarlo de loco traidor. Más tarde quienes se mostraban patéticamente juaristas no dudaban en escupir públicamente su efigie y después volvieron, para escupir a Iturre hasta después de muerto. Y hasta le negaron un aviso fúnebre en el diario mientras nuevamente gritaban "¡Juárez vuelve!". Y así cientos de veces durante la historia de este heroico pero desmemoriado pueblo.
Ramírez de Velasco®

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