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| Nevado cerro Ambato, en Catamarca |
El 18 de julio de 1857 surge en San Fernando del Valle de Catamarca el primer periódico local, El Ambato
El 18 de julio de 1857 surgió en San Fernando del Valle de Catamarca el primer periódico local, El Ambato, editado con una imprenta tipo E350 importada desde Francia que marcó el inicio de la prensa gráfica provincial tras meses de gestiones iniciadas en 1855 por un grupo de vecinos entusiastas entre los que destacó doña Primitiva Segura de Molina como principal impulsora, y que acompañó durante cuatro años los debates locales hasta su cierre en 1861.Se constituyó una asociación para adquirir el equipo en París y la máquina llegó en mayo de aquel año tras un viaje marítimo y terrestre lleno de peripecias logísticas propias de la época. Benedicto Ruzo, abogado y futuro diputado nacional, asumió como director y principal redactor, mientras Calixto Ferreyra, industrial local, se desempeñó como primer tipógrafo responsable de la composición manual de los textos.El formato era de cuatro páginas distribuidas en tres columnas, con publicación inicialmente semanal que luego pasó a quincenal según las necesidades y recursos disponibles. Se abordaban contenidos variados y asuntos locales como mejoras en caminos y mensajerías, educación pública, moral cívica y crítica social constructiva sin caer en excesos partidistas que polarizaran a la incipiente sociedad catamarqueña.
Fray Mamerto Esquiú colaboró activamente con una columna titulada Revistas, en la que publicaba notas pedagógicas, moralistas y de elevación pública, además de algunos textos de crítica general que reflejaban su visión ética del periodismo y su compromiso con la verdad por encima de intereses personales. En el número 29 expresó principios como mirarse con imparcialidad y evitar usar la verdad como escudo para atacar adversarios en lugar de defender ideas.
Carmen Barros, el abogado Vicente Bascoy, fray Eulogio Pesado, Samuel Molina, Antonio Zarzo y Ramón Gil Navarro integraron el cuerpo editorial y aportaron textos diversos que enriquecieron las ediciones con perspectivas jurídicas, religiosas, literarias y sociales. Vicente Bascoy, nacido en 1816 y formado en derecho, aportó reflexiones políticas y jurídicas desde su experiencia como figura letrada del valle catamarqueño. Fray Eulogio Pesado sumó perspectivas religiosas y sociales coherentes con el espíritu franciscano compartido con Esquiú, mientras Samuel Molina y Carmen Barros contribuyeron con crónicas locales y comentarios sobre la vida cotidiana en el valle.
El nombre elegido homenajeaba al cerro Ambato que domina el paisaje catamarqueño y simbolizaba la identidad regional de una provincia en pleno desarrollo tras la organización nacional. Las instalaciones operaban en la naciente Casa de Gobierno o espacios cercanos donde se imprimían los ejemplares con técnicas manuales propias de la época, utilizando tinta y papel traídos con esfuerzo desde Buenos Aires.
Durante sus cuatro años de existencia, acompañó acontecimientos como el establecimiento de nuevas rutas de comunicación, la creación de escuelas y los debates sobre autonomía provincial en el contexto de la Confederación Argentina.
Ruzo lo dirigió hasta el cierre definitivo en 1861 y luego continuó su carrera pública como diputado nacional en 1860, mientras la imprenta francesa permitió además la edición de folletos, documentos oficiales y otros materiales pioneros que ampliaron el acceso a la información escrita en la provincia.
Esquiú enunció principios éticos para la prensa que anticipaban normas modernas, como no publicar lo que no se aceptaría para uno mismo, y en sus páginas apareció incluso un epitafio famoso tras la batalla de Pavón que comentaba la situación nacional con mesura y profundidad.
La publicación reflejó el paso de la provincia desde una etapa colonial tardía hacia la modernidad republicana, cubriendo temas como la salud pública, la agricultura en los valles fértiles y las relaciones con provincias vecinas como Tucumán y La Rioja. Colaboradores ocasionales incluyeron voces femeninas y eclesiásticas que enriquecieron el debate público en una sociedad todavía marcada por tradiciones hispánicas y emergentes ideas liberales.
Aquella imprenta E350 sentó las bases para publicaciones posteriores como La Libertad y preservó un acervo que hoy se digitaliza en la hemeroteca municipal y provincial para resguardar la memoria colectiva desde 1857, con ejemplares distribuidos entre bibliotecas como la Julio Herrera, el Archivo Histórico y el Museo del Sur que permiten reconstruir la evolución social y cultural de Catamarca a través de sus primeras voces impresas.
Ramírez de Velasco®


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