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TIEMPO En cualquier momento

La oración

Hay horas para quienes trabajan con la luz del día señalando a los que llegan cuando la mañana lleva tiempo de empezada

Las horas del día no duran los 60 minutos que dicen los relojes, que es una medida convencional para apresar al más voluble de todos los conceptos: el tiempo. Cada uno tiene su momento para levantarse, hacer las abluciones matutinas, salir disparado al trabajo, en fin. También está la hora de comer, de descansar y de pasear. Los santiagueños y quizás los norteños tienen sus propios nombres para algunos instantes del día: hora i´siesta, hora i´mate que varían según las familias y las épocas del año.
Pero hay dos que son particularmente hermosas por los usos que les dan sobre todo los campesinos, sol alto y la oración. Sol alto es la mañana ya bien entrada, pero también es un reproche cuando se dice: "Se levantó sol alto", es decir tarde. En diminutivo sol altito significa después de que Febo asomó, pero antes de que comenzara a castigar el orbe conocido con sus flamígeros rayos. Según la época del año, es entre las 8 y las 9 de la mañana.
El paisano de tierra adentro, sobre todo, se guía por la claridad natural. Es ella la que le marca qué debe hacerse y lo hace de manera perentoria, porque no podrá seguir con sus actividades cuando el día se empieza a derrumbar, pues no hay —o no había— electricidad en el tiempo en que se formó un idioma tan antiguo como casi perdido en la actualidad. Llegado cierto momento empieza a bajar la hacienda y habrá que abrir la tranquera para que pase a la represa. Más tarde tendrá hambre y volverá a la casa a comer. Después, la modorra lo llevará a dormir la siesta. Su jornada está limitada por la naturaleza y poco tienen que ver los relojes con lo que haga o deje de hacer.
Vísperas era una hora canónica, al atardecer cuando el sol se ponía. Se solía rezar el Ángelus y por eso le quedó el bello nombre de "oración". Es la penumbra: demasiado oscuro para leer, pero todavía claro para reconocer el rostro de quien está enfrente. Tanto el de la mañana como el de la tarde o el medio anochecer son llamados "tuta tuta", por los quichuistas. Y "tuta" es, redondamente, la noche. Atahualpa Yupanqui nombra el crepúsculo con versos que vale la pena recordar:
Queda callada la pampa
cuando se acaba la luz,
el chajá y el avestruz
van buscando la espesura
y se agranda en la llanura
la soledad del ombú.

Ese es el justo momento
de pensar en el destino,
si el hombre es un peregrino
que busca sombra o querencia.
O si cumple la sentencia
de morir en el camino.
Si estas líneas sirvieron también para volver a esos versos del Payador Perseguido, bienvenidas sean. Fueron escritas la otra noche, a la hora en que el coco cantó en las ramas de la higuera de la vecina.
Pero, quién sabe, ¿no?
Juan Manuel Aragón
A 19 de julio del 2026, en la plaza Sarmiento. Camino al 8 de Abril.
Ramírez de Velasco®

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