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| El parque 9 de Julio |
El 26 de mayo de 1910 se inaugura en Tucumán el Parque 9 de Julio, el mayor espacio verde urbano de la provincia
El 26 de mayo de 1910 se inauguró en San Miguel de Tucumán el Parque 9 de Julio, el mayor espacio verde urbano de la provincia y una de las obras públicas más ambiciosas realizadas durante los festejos del Centenario argentino. Concebido como símbolo de modernidad, higiene y prestigio político, el parque transformó antiguos terrenos bajos y anegadizos en un paseo monumental diseñado por el paisajista francés Carlos Thays. La inauguración reunió autoridades provinciales, dirigentes nacionales y representantes de la elite tucumana en una ciudad atravesada por el auge azucarero, las desigualdades sociales y las disputas por el control económico de la región.La obra surgió en un período de fuerte expansión urbana impulsada por la riqueza generada por los ingenios azucareros. Tucumán experimentaba entonces un crecimiento acelerado gracias a la producción de azúcar, actividad dominada por familias influyentes que concentraban tierras, fábricas y poder político.Los terrenos elegidos para construir el parque estaban ubicados al este de la ciudad, en una parte de bañados y lagunas vinculada al antiguo cauce del río Salí. Durante décadas, había sido considerada insalubre y peligrosa por las inundaciones y enfermedades asociadas al agua estancada. El proyecto buscó convertir ese espacio en una gran postal urbana, capaz de exhibir progreso arquitectónico en vísperas de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo.
Carlos Thays, responsable del diseño, ya había trabajado en parques y paseos de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y otras ciudades argentinas. Formado en Francia y contratado durante el auge del modelo liberal agroexportador, introdujo en el país criterios paisajísticos europeos basados en avenidas arboladas, lagos artificiales y jardines ornamentales. Para el Parque 9 de Julio imaginó senderos curvos, especies plantas exóticas, glorietas y sectores diferenciados para actividades recreativas y ceremoniales.
La inauguración fue parte de un calendario de celebraciones patrióticas organizado en todo el país por el Centenario de 1910. Tucumán buscaba exhibirse como una provincia pujante y moderna, vinculada a la tradición independentista y al crecimiento económico nacional. Autoridades provinciales y municipales organizaron actos públicos, desfiles y recepciones para visitantes ilustres.
La construcción demandó grandes movimientos de tierra, nivelación de suelos y canalización de sectores inundables. Se plantaron miles de árboles y se instalaron esculturas, puentes y fuentes ornamentales. El lago artificial se convirtió rápidamente en uno de los puntos más reconocibles del paseo. También se levantaron edificios destinados a actividades sociales y culturales que con el tiempo formarían parte del paisaje tradicional del parque.
Los tucumanos lo usaron como escenario de exhibición social. Las familias recorrían las avenidas en carruajes y organizaban reuniones públicas durante fines de semana y celebraciones patrias. La distancia entre la imagen elegante del paseo y la situación de gran parte de los trabajadores tucumanos alimentó críticas políticas y sociales.
Durante las décadas siguientes, el Parque 9 de Julio incorporó nuevos edificios y monumentos. En sus inmediaciones se levantaron el Hipódromo de Tucumán, el Reloj Floral y distintas instalaciones deportivas y recreativas. Varias de las esculturas originales provenían de talleres europeos y respondían al gusto academicista dominante entre las clases dirigentes argentinas de comienzos del siglo XX. El parque también fue sede de actos políticos, exposiciones industriales y concentraciones populares.
Las transformaciones urbanas posteriores alteraron parte del diseño original de Thays. El crecimiento del parque automotor, la expansión de avenidas y distintas intervenciones municipales modificaron sectores históricos del paseo. Aun así, permanecieron muchos de sus rasgos característicos, como el lago central, las arboledas y las diagonales internas. La importancia simbólica del parque llevó a que fuera declarado patrimonio cultural y paisajístico de Tucumán.
El Parque 9 de Julio quedó asociado desde entonces a buena parte de la vida pública tucumana. Por sus senderos pasaron desfiles militares, actos sindicales, celebraciones estudiantiles, campañas políticas y protestas sociales. Las mismas avenidas pensadas en 1910 para exhibir refinamiento y prosperidad terminaron recibiendo también manifestaciones obreras, reclamos por cierres de ingenios y movilizaciones contra distintos gobiernos. La historia del parque quedó así unida tanto al proyecto de modernización azucarera como a las tensiones sociales y políticas que atravesaron Tucumán durante el siglo XX.
Ramírez de Velasco®


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