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| Datos del aumento de precios |
El 12 de julio de 1989 se conoce que la inflación de junio del 114 por ciento y a la noche sale el 114 a la cabeza
El 12 de julio de 1989 se conoció que la inflación de junio había alcanzado el 114,5 por ciento, un récord mensual que profundizaba la hiperinflación en Argentina, y esa misma noche el número 114 salió a la cabeza en la Quiniela Nacional. Aquella jornada reflejó el clima de la crisis económica que vivía el país bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, con precios que se multiplicaban en cuestión de días y una moneda que perdía valor a ritmo vertiginoso.El Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió el dato del Índice de Precios al Consumidor correspondiente a junio, mientras la población lidiaba con remarcaciones constantes y escasez de productos. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos informó que los precios al consumidor subieron 114,5 por ciento solo en junio de 1989, tras el 78,5 por ciento de mayo.La variación interanual superaba ampliamente el 1.000 por ciento y se acercaba a niveles de hiperinflación. Los alimentos, medicamentos y combustibles registraron aumentos aún mayores en muchos comercios, donde los precios se actualizaban varias veces al día. El anuncio oficial se produjo en un contexto de fuerte devaluación del austral y desequilibrios fiscales acumulados.
El gobierno aplicaba el Plan Primavera desde agosto de 1988, que no había logrado contener la espiral inflacionaria que se aceleró tras las elecciones presidenciales de mayo. Las reservas del Banco Central se encontraban bajo presión y la emisión monetaria financiaba parte del déficit.
A las pocas horas de conocerse la cifra inflacionaria, en los sorteos vespertinos y nocturnos de la Quiniela Nacional el número 114 encabezó las tablas en la primera posición. Miles de jugadores que habían apostado al dato del día celebraron el premio, mientras las agencias de lotería registraron un movimiento inusual por la coincidencia numérica.
La hiperinflación de 1989 había comenzado a manifestarse con fuerza desde febrero, con índices mensuales que pasaron del 10 por ciento a cifras de tres dígitos. En julio siguiente el aumento llegaría al 196,6 por ciento. Las familias cobraban los sueldos y corrían a gastarlos antes de que perdieran valor, mientras supermercados limitaban las ventas por cliente. Los saqueos en supermercados se multiplicaron en el Gran Buenos Aires y otras ciudades durante junio y julio.
El gobierno decretó el estado de sitio el 29 de mayo tras los primeros disturbios. La pobreza alcanzó niveles récord y la clase media vio cómo sus ahorros se evaporaban con la pérdida del poder adquisitivo. Los salarios reales cayeron drásticamente. Muchos convenios colectivos incluían cláusulas de ajuste automático, pero las actualizaciones quedaban siempre atrás frente a la velocidad de los precios. Los jubilados y sectores fijos sufrieron con mayor intensidad los efectos de la inflación galopante.
En los comercios, los minoristas reponían mercadería a precios hasta un 200 por ciento superiores. Algunos productos desaparecían de las góndolas y reaparecían en el mercado informal a valores más altos. El dólar paralelo se disparó y se convirtió en refugio para quienes podían acceder a él.
El anuncio coincidió con negociaciones políticas para la transición de mando. Alfonsín había adelantado la entrega del poder a Carlos Menem, electo en mayo, ante la imposibilidad de gobernar en medio de la crisis. El dato inflacionario de junio agravó la sensación de urgencia económica.
Las crónicas periodísticas de aquel 12 de julio de 1989 recogieron tanto la difusión del índice oficial del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos como la curiosa salida del 114 en la Quiniela, un número que millones de argentinos asociaron de inmediato con la cifra del mes. La jornada encapsuló en dos hechos la realidad diaria de una economía donde la inflación marcaba el pulso de la vida cotidiana.
Ramírez de Velasco®


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