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| El Seleccionado campeón |
García prefiere la derrota argentina para cortar el delirio patriótico y expone la fragilidad de la euforia masiva
García dice que no va a ver ni un partido del próximo Mundial. Tampoco vio el anterior, cuando salió campeona la Argentina, ni el previo. Su mujer y sus hijos los vieron a todos, con el televisor a todo lo que daba, entonces se iba. “¿Adónde, si nadie te iba a atender a esa hora?”, le preguntaban. Cuando llega un partido importante, sale a caminar por calles desiertas, observa los pocos autos y, si aparece un colectivo, saluda al chofer del coche vacío con mucha amabilidad. También suele trabajar durante ese tiempo, dormir si los partidos son muy tarde en la noche, o escribir su diario íntimo.¿Por qué no los quieres ver?, le preguntan. Responde: “No me interesa quién gana, quién pierde, de la misma manera que ignoro cuáles fueron los últimos vencedores de la Liga Mundial de Básquet en Estados Unidos o cómo va el campeonato de cricket en Gran Bretaña”.Sostiene que a los argentinos no les gusta el fútbol, porque si no lo jugarían todos, y los domingos no habría espectadores en los estadios, porque estaría la población entera de pantalones cortos corriendo tras una pelota. “A los argentinos les gusta mirar fútbol, sostiene, son voyeurs, grandes analistas de jugadas, discutidores seriales de faltas cometidas en las canchas, hinchas fanáticos”.
Agrega que tampoco es pasión por la actividad física, porque entonces andarían todos a la disparada. “Lo que hay es un entusiasmo irracional por quedarse quieto frente a un televisor, viendo cómo sudan una camiseta”, afirma con un énfasis tal, que es casi imposible llevarle la contra.
Tampoco quiere que gane la Argentina u otro equipo: “Son millonarios jugando con una pelota, si ganan se harán más millonarios todavía, si pierden igual cobrarán fortunas en sus clubes de origen”.
Cuando le advierten que dice eso porque es un resentido, dice que puede ser, pero a continuación indica que no importa lo que sea él, sino si tiene razón. “Discutí lo que digo, no lo que soy”, arguye.
Se enfurece cuando lo amonestan porque dice que no le importa el resultado del equipo. “Pero siempre espero que pierda la Argentina, sobre todo en esos grandes campeonatos, así se clausura rápido un tiempo de chauvinismo colectivo que podría llegar a ser muy nocivo”.
¿Por qué nocivo?
“Sólo porque once jugadores ganaron un campeonato, puede llevarte a sostener que tu pueblo es mejor que otros, lo cual no es verdad y deriva en grandes confusiones colectivas”, expresa con seguridad.
En ese punto de la conversación le dicen que no hallará a nadie igual en todo el país: “No me importa si soy uno solo, tres o cientos con otra opinión ni quiero convencer a nadie, expongo mi pensamiento”.
Para García sentar a todo un país, al mismo tiempo, frente a un televisor, como si fuera una orden emanada de un patrón todopoderoso es la hazaña más grande del fanatismo xenófobo irracional impuesto por las corporaciones televisivas. Luego con tono serio dice: “Nadie quiere ser parte de una majada, pero llega el Mundial y se dejan arrear como ovejas, para peor por un pastorcito mentiroso”.
¿Por qué mentiroso?
“Los hace creer que su felicidad o infelicidad reside en la pantalla de un televisor que es, esencialmente, un narrador de puras ficciones que calman el alma con triunfos pasajeros. Luego de ver un Campeonato Mundial estarás tan feliz que comprarás una batidora eléctrica que no necesitas, sólo para hacerle caso al aparato maldito”.
¿Y con eso qué?
“Es que tu fanatismo te habrá convertido en una pequeñísima pieza de un ajedrez estúpido”, responde García. Luego agrega: “Pero hoy no estamos hablando de eso”.
Y se calla.
Juan Manuel Aragón
A 31 de marzo del 2026, en Rodeo de Soria. Mirando la chacra.
Ramírez de Velasco®


García tiene razón en todo.
ResponderEliminarY para terminar de enojarlo le recordaría que encima el gobierno paga, con sus impuestos, los derechos de televisación para que los interesados lo vean gratis.
García "la tiene clara".
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