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| San Francisco de Asís |
Antonio Caponnetto
Para Rubén Darío
Rico entre los pobres, próspero de gracias,
copioso de heroicas y nobles audacias
como hacerle frente al mismo Sultán,
y retarlo a un duelo de llamas y fuego
para demostrarle que el Dios Verdadero
es Jesús el Cristo y no el del Corán.
La Quinta Cruzada te vio entre sus huestes
predicando en medio de alfanjes agrestes,
una austera tabla por único atril:
si blasfema el moro, si invade tu tierra
se alcen los escudos, que es justa la guerra,
te escuchó admirado Malil Al Kamil.
Marchaste a la güelfa Perugia, soldado
de Asís, con tu paso marcial y aplomado,
al Conde Gualterio secundaste fiel.
Blandiendo ideales de buen caballero,
herido sangrabas por tu derrotero,
te llegó la celda, la noche, la hiel.
En Chipre, en Damieta, a orillas del Nilo,
o en la vieja Siria con el alma en vilo,
en San Juan de Acre, tierras de misión,
donde hiciera falta la Fe Verdadera,
llevabas la eterna, la invicta bandera
del reverenciado Sacro Corazón.
Varón de consuelo, los menesterosos
son cofrades tuyos, vives con leprosos
como vive el mosto atado al lagar.
Sólo a Dios te muestras y Él sólo te mira,
acaso tu arcángel guardián te suspira:
No temas Francisco, tú ponte a rezar.
Intrépido y férreo, escalas los muros,
tumbas la codicia con tus ojos puros,
al avaro rindes o al feroz mastín.
Juglar de los ríos, los montes, las dunas
no tienen secretos las noches de luna,
del silencio orante eres paladín.
¡Qué lejos, qué ciegos, tus imitadores,
no entienden tu alma, no ven tus ardores,
los estigmas cruentos de tu vida en cruz!
Intrépido y férreo, escalas los muros,
tumbas la codicia con tus ojos puros,
al avaro rindes o al feroz mastín.
Juglar de los ríos, los montes, las dunas
no tienen secretos las noches de luna,
del silencio orante eres paladín.
¡Qué lejos, qué ciegos, tus imitadores,
no entienden tu alma, no ven tus ardores,
los estigmas cruentos de tu vida en cruz!
Parodian tu nombre con convulsa fiebre,
la pobreza apartan del santo pesebre,
nos dejan sin reyes, ni estrella ni luz.
Aguantas cineastas, necios pacifistas,
ecólogos falsos y hasta a ecumenistas,
sufres el oprobio del Simulador.
Las torres romanas vieron otros frailes
no estas mojigangas de altares con bailes,
Santo Poverello, danos tu fervor.
De tanto reniego, de tanto heresiarca,
de la apostasía, de tanto jerarca
huero de doctrina, venal, levantisco.
Del que olvida al Reino por añadiduras,
de las nunciaturas,
¡sálvanos, Francisco!
De plebeyos rientes
en palcos ingentes,
de adúlteros puestos de ejemplo, indecentes.
De llamar hermano
al anticristiano,
al deicida errante, de andar basilisco
¡ay!, del Vaticano,
¡sálvanos, Francisco!
la pobreza apartan del santo pesebre,
nos dejan sin reyes, ni estrella ni luz.
Aguantas cineastas, necios pacifistas,
ecólogos falsos y hasta a ecumenistas,
sufres el oprobio del Simulador.
Las torres romanas vieron otros frailes
no estas mojigangas de altares con bailes,
Santo Poverello, danos tu fervor.
De tanto reniego, de tanto heresiarca,
de la apostasía, de tanto jerarca
huero de doctrina, venal, levantisco.
Del que olvida al Reino por añadiduras,
de las nunciaturas,
¡sálvanos, Francisco!
De plebeyos rientes
en palcos ingentes,
de adúlteros puestos de ejemplo, indecentes.
De llamar hermano
al anticristiano,
al deicida errante, de andar basilisco
¡ay!, del Vaticano,
¡sálvanos, Francisco!
Eremita afable, jovial peregrino,
buscador del fruto, del sol matutino,
testigo patente de la castidad.
Ruega por nosotros, tus fieles menores,
apóstoles llanos, amantes de Amores:
el Bien, la Belleza, la Entera Verdad.
Danos el coraje que adornó tu pecho
como una armadura contra todo acecho
o un sable en la gesta de la vieja grey.
Ármanos andantes de caballería
sobre este horizonte de la parusía,
y ofrendar la vida para Cristo Rey.
Ramírez de Velasco®
buscador del fruto, del sol matutino,
testigo patente de la castidad.
Ruega por nosotros, tus fieles menores,
apóstoles llanos, amantes de Amores:
el Bien, la Belleza, la Entera Verdad.
Danos el coraje que adornó tu pecho
como una armadura contra todo acecho
o un sable en la gesta de la vieja grey.
Ármanos andantes de caballería
sobre este horizonte de la parusía,
y ofrendar la vida para Cristo Rey.
Ramírez de Velasco®

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