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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Patria

Ilustración Leopoldo Díaz Patria es la tierra donde se ha sufrido, Patria es la tierra donde se ha soñado, Patria es la tierra donde se ha luchado, Patria es la tierra donde se ha vencido. Patria es la selva, es el oscuro nido, La cruz del cementerio abandonado, La voz de los clarines, que ha rasgado Con su flecha de bronce nuestro oído. Patria es la errante barca del marino, Que en el enorme piélago sonoro Deja una blanca estela en el camino. Y Patria es el airón de la bandera Que ciñe con relámpagos de oro El sol, como una virgen cabellera. Ramírez de Velasco®

Yo no sé decirme

Ilustración Juan Ramón Jiménez Yo no sé decirme por qué me retienes. yo no sé qué tienes. Tienes dulces años, mas no son tus años; tienes gran blancura, mas no es tu blancura; tienes alta frente, pero no es tu frente; tienes verde pelo, pero no es tu pelo; tienes áureos ojos, tienes vivos labios, mas no son tus ojos, mas no son tus labios; tienes armonía, no es tu melodía; tienes condición, no es tu corazón… Yo no sé decirte por qué me retienes. Yo no sé qué tienes… Ramírez de Velasco®

Me tienes en tus manos

Ilustración Jaime Sabines Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mí mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío. Ramírez de Velasco®

La casita de mis viejos

Ilustración Letra de Enrique Cadícamo y música de Juan Carlos Cobián Barrio tranquilo de mi ayer, como un triste atardecer, a tu esquina vuelvo viejo... Vuelvo más viejo, la vida me ha cambiado... en mi cabeza un poco de plata me ha dejado. Yo fui viajero del dolor y en mi andar de soñador comprendí mi mal de vida, y cada beso lo borré con una copa, las mujeres siempre son las que matan la ilusión. (en un juego de ilusión repartí mi corazón.) Vuelvo vencido a la casita de mis viejos, cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria, mis veinte abriles me llevaron lejos... locuras juveniles, la falta de consejo. Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño, y al golpear, como un extraño, me recibe el viejo criado... Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz tan sólo me reconoció. Julio Sosa Pobre viejita la encontré enfermita; yo le hablé y me miró con unos ojos... Con esos ojos nublados por el llanto como diciéndome porqué tardaste tanto... Ya nunca más he de partir y ...

Romance al quebracho

Quebracho Alfonso Nassif Quebracho... padre del monte, hijo de la tierra mía, vida de la flora nuestra... ¡Ay, cuánto vale tu vida! Síntesis de una epopeya. Soldado de mil vigilias. Yo sé por qué los tambores de las hachan no te olvidan. El acero vegetal que en tus entrañas palpita está temblando con soles, huracanes y codicias. ¡Oro rojo! ¡Sangre nuestra! ¡Sangre de mi tierra herida! Orfebres manos morena te tallarán sus desdichas. Manos que no son culpables, hachas sin alma homicida. Otro es el viento que lleva la sangre, el sudor y el clima. ... Serás poste de alambrado en tierras desconocidas y habrá un sol reforestado en la intemperie de astillas. Hoy yo vengo a acariciarte, verte de abajo hasta arriba y descolgar las estrellas que entre tus gajos titilan. Épico castillo, triste de hojas, garra, sombra y fibra... Sabes que estás condenado le has confesado a las brisas... ¡Épico baluarte insigne! ¡Vetusta atalaya lírica! Sin ti se queda el paisaje exánime y de rodillas. ¡Quebracho!...

Bendita sea tu pureza

Inmaculada Concepción Fray Antonio Panes Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Ramírez de Velasco®

Biaba

Ilustración Letras de Celedonio Flores Música de Edmundo Rivero Ya se lo había dicho: "Del laburo sin hacer estación, venite a casa. No es que yo esté celoso, te lo juro, pero si vos no estás... no sé qué pasa..." "Si tardás en llegar tengo pavura de que te hayas peleao en la milonga, vos sabés que no falta un caradura... Y yo te manco bien, cara chinonga..." Pero ella se olvidó, sucia y borracha llegó como a las nueve la muchacha por seguirle la farra a un mishetón. Biaba Los bifes -los vecinos me decían - parecían aplausos, parecían, de una noche de gala en el Colón. Ramírez de Velasco®

La leyenda del Coquena

Ilustración Juan Carlos Dávalos Cazando vicuñas anduve en los cerros. Heridas de bala se escaparon dos. -No caces vicuñas con arma de fuego, Coquena se enoja - me dijo un pastor. - ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja, cercando la hoyada con hilo punzó? ¿Para qué matarlas, si sólo codicias para tus vestidos el fino vellón? -No caces vicuñas con arma de fuego, Coquena las venga, te lo digo yo. ¿No viste en las mansas pupilas oscuras brillar la serena mirada del dios? -¿Tú viste a Coquena? -Yo nunca lo vide, pero sí mi agüelo - repuso el pastor; una vez oíle silbar solamente, y en unos tolares, como a la oración. Coquena es enano; de vicuña lleva sombrero, escarpines, casaca y calzón; gasta diminutas ojotas de duende, y diz que es de cholo la cara del dios. De todo ganado que pace en los cerros, Coquena es oculto, celoso pastor; si ves a lo lejos moverse las tropas, es porque invisible las arrea el dios. Y es él quien se roba de noche las llamas cuando con exceso las carga el patrón. ...

Los motivos del lobo

Ilustración Rubén Darío El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo, rabioso, ha asolado los alrededores; cruel ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños. Fuertes cazadores armados de hierros fueron destrozados. Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros, como de cabritos y de corderillos. Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano lobo! El animal contempló al varón de tosco sayal; dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas, y dijo: ¡Está bien, hermano Francisco! ¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas de horror y ...

Viejo café Tortoni

Café Tortoni Baldomero Fernández Moreno A pesar de la lluvia yo he salido a tomar un café. Estoy sentado bajo el toldo tirante y empapado de este viejo Tortoni, conocido. ¡Cuántas veces, oh padre, habrás venido! de tus graves negocios fatigado, a fumar un habano perfumado ya juega el tresillo consabido! Melancólico, pobre, descubierto, tu hijo te repite, padre muerto. Suena la lluvia, núblanse mis ojos, sale del subterráneo alguna gente, pregona diarios una voz doliente, ruedan los grandes autobuses rojos. Ramírez de Velasco®

Historia de mi muerte

Ilustración Leopoldo Lugones Soñé la muerte y era muy sencillo; una hebra de seda me envolvía, ya cada beso tuyo, con una vuelta menos me ceñía y cada beso tuyo era un día; y el tiempo que mediaba entre dos besos una noche. La muerte era muy sencilla. Y poco a poco fue desenvolviéndose la hebra fatal. Ya no la retenía sino por sólo un cabo entre los dedos... Cuando de pronto te pusiste fría y ya no me besaste... y solté el cabo, y se me fue la vida. Ramírez de Velasco®

Hombres necios que acusáis

Ilustración Sor Juana Inés de la Cruz Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por crüel y otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar ...

¿Qué quieres?

Ilustración, de El Greco Pedro Calderón de la Barca ¿Qué quiero, mi Jesús?…Quiero quererte, quiero cuanto hay en mí del todo darte sin tener más placer que el agradarte, sin tener más temor que el ofenderte. Quiero olvidarlo todo y conocerte, quiero dejarlo todo por buscarte, quiero perderlo todo por encontrarte, quiero ignorarlo todo por saberte. Quiero, amable Jesús, abismarme en ese dulce hueco de tu herida, y en sus divinas llamas abrasarme. Quiero, por fin, en Ti transfigurarme, morir a mí, para vivir tu vida, perderme en Ti, Jesús, y no encontrarme. Ramírez de Velasco®

Los heraldos negros

Ilustración César Vallejo Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé! Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Ramírez de Velasco®

A Jesús crucificado

Ilustración Carlos Armando Constanzo – Aunque rajen los siglos todavía allá estás, buen Jesús crucificado, con tu jeta y tu chope ensangrentados, tu fulero amasijo y tu agonía. – Allá estás, aguantando cada día todo el yugo y las biabas del pecado y al junarte, solari y estrolado, yo te puedo sentir como un gomía. – Aunque rajen los siglos, segurola, allá estás y ninguno te da bola, con los clavos, la hiel, la fiera espina… Y acá el chanta te reniega, en un instante, por la guita te vende el atorrante y el malandra te borra y te asesina. – Vos soñaste otro mundo, más fratelo, de amor posta, justicia, fe y bonanza. Hoy te pido que traigas de tu Cielo un cachito de luz y de esperanza. Ramírez de Velasco®

A un hombre de gran nariz

Ilustración Francisco de Quevedo Érase un hombre a una nariz pegado, Érase una nariz superlativa, Érase una alquitara medio viva, Érase un peje espada mal barbado; Era un reloj de sol mal encarado. Érase un elefante boca arriba, Érase una nariz sayón y escriba, Un Ovidio Nasón mal narigado. Érase el espolón de una galera, Érase una pirámide de Egito, Las doce tribus de narices era; Érase un naricísimo infinito, Frisón archinariz, caratulera, Sabañón garrafal morado y frito. Ramírez de Velasco®

Las cosas pequeñas

Ilustración Juan Luis Gallardo Celebro la grandeza de las cosas pequeñas; de las cosas triviales, sencillas, hogareñas. Quisiera que este verso fuera un canto de gesta que exalte las hazañas de la gente modesta. Quisiera que este verso fuera un himno discreto que exalte al hombre medio, responsable y concreto. Quisiera que este verso resulte una balada que exalte al hombre honrado y a la mujer honrada. Celebro la batalla de apariencia anodina que se libra en los campos de la diaria rutina. Celebro el desenlace de aquellas aventuras vividas al amparo de existencias oscuras. Celebro los minutos, los heroicos minutos donde juegan ocultos corajes diminutos. Celebro a tanta gente que empieza la jornada levantándose alegre en plena madrugada. Celebro ese gobierno que ejercen las mujeres y que en los formularios definen: sus quehaceres. Gobierno que se inicia cuando encienden puntuales en su casas dormidas los fuegos matinales. Celebro los aromas que inundan la cocina: celebro la fragancia de...

Muchacha de mis sueños

Ilustración Julio Armando Rafael Muchacha de mis sueños, viajando hacia el país de los recuerdos tu imagen peregrina marchaba de la mano de mis esperanzas. Ay mi alocada juventud, que vacíos insondables, se llenaban de tu infatigable amor, en esa incomprensible ansiedad de buscar un imposible. Que buscabas mis locos desvaríos si estabas a mi lado y lo llenabas todo, de amor y de ternura. Solo después del tiempo que siempre está de vuelta, mi vida abierta y loca viene a encontrarse irremediablemente en la anchura infinita de mi único amor. Ramírez de Velasco®

Soledad

Ilustración Zuni Filas Tras la falange del espanto se abre la tierra y las aguas bailan su compás de horas. En los hombres, la angustia se ha tornado quietud. Todo es nada y la nada representa un mundo que ha perdido su luz. En la niebla se confunden, más consternados que antes espíritus y cuerpos. No me preguntes nada, no lo sabría explicar… el otro que en mí habita tal vez lo sabe ya. Ramírez de Velasco®

Doña Carlota

Mausoleo de doña Carlota viuda de Mosca, en el cementerio de Añatuya Luis Manzione Era italiana: romañola; tenía un marido bellaco lo asesinaron en el Chaco con un disparo de pistola. Desde Vilelas a Añatuya nadie fue mejor contratista que esta señora fuerte y lista que se salió con la suya. Caritativa cuando pudo donó un terreno al hospital benefactora y maternal a pesar de su aspecto rudo. Construyó su bóveda en paz en el cementerio lugareño y echándose a dormir su sueño se fue para siempre jamás. Ramírez de Velasco®