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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Muchacho Loco: Cuando Me Miras

Ilustración Carilda Oliver Labra Muchacho loco: cuando me miras con disimulo de arriba a abajo siento que arrancas tiras y tiras de mi refajo... Muchacho cuerdo: cuando me tocas como al descuido la mano, a veces, siento que creces y que en la carne te sobran bocas. Y yo: tan seria, tan formalita, tan buena joven, tan señorita, para ocultarte también mi sed te hablo de libros que no leemos, de cosas tristes, del mar con remos, te digo: usted. Ramírez de Velasco®

Garúa

Ilustración Música de Aníbal Troilo Letra de Enrique Cadícamo ¡Qué noche llena de hastío y de frío! El viento trae un extraño lamento. ¡Parece un pozo de sombras la noche y yo en la sombra camino muy lento.! Mientras tanto la garúa se acentúa con sus púas en mi corazón... En esta noche tan fría y tan mía pensando siempre en lo mismo me abismo y aunque quiera arrancarla, desecharla y olvidarla la recuerdo más. ¡Garúa! Solo y triste por la acera va este corazón transido con tristeza de tapera. Sintiendo tu hielo, porque aquella, con su olvido, hoy le ha abierto una gotera. ¡Perdido! Como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra... Garúa... tristeza... ¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar! ¡Qué noche llena de hastío y de frío! No se ve a nadie cruzar por la esquina. Sobre la calle, la hilera de focos lustra el asfalto con luz mortecina. Adriana Varela Y yo voy, como un descarte, siempre solo, siempre aparte, recordándote. Las gotas caen en el charco de mi alma hasta los h...

Alocución de Bernardo del Carpio a su ejército

Ilustración Anónimo Con los mejores de Asturias Sale de Leon Bernardo Puestos á punto de guerra A impedir á Francia el paso Que viene á usurpar el reyno A instancia de Alfonso el Casto Como si no hubiera en él Quien mejor pueda heredarlo Y á dos leguas de Leon Se paró en medio de un llano Y levantando la voz Volvió de esta suerte á hablarlos Escuchadme leoneses Los que os preciais de hijosdalgo Y de ninguno se espera Hacer hecho de villano A defender vuestro Rey Vais como buenos vasallos Vuestra tierra y vuestras vidas Y las de vuestros hermanos No consintais que estrangeros Hoy vengan á sugetaros Y mañana vuestros hijos Tengan de Francia un pedazo Y vuestras armas antiguas El rico blason trocando Sembradas de flor de lises En lugar de leones bravos Y el reyno que ha tanto tiempo Vuestros abuelos ganaron Por solo el temor de un dia Vengan á mandallo estraños Aquel que con tres franceses No combatiere en el campo Quédese y seamos menos Aunque avernos de igualallos Que yo y los que me si...

Autopsicografia

Ilustración Fernando Pessoa O poeta é um fingidor Finge tão completamente Que chega a fingir que é dor A dor que deveras sente E os que lêem o que escreve, Na dor lida sentem bem, Não as duas que ele teve, Mas só a que eles não têm E assim nas calhas de roda Gira, a entreter a razão, Esse comboio de corda Que se chama coração Ramírez de Velasco®

La vuelta al hogar

Ilustración Olegario Víctor Andrade Todo está como entonces La casa, la calle, el río, Los árboles con sus hojas ¡Y las ramas con sus nidos Todo está, nada ha cambiado, El horizonte es el mismo; Lo que dicen esas brisas ¡Ya otras veces me lo dicho! Ondas, aves y murmullos Son mis viejos conocidos, ¡Confidentes del secreto De mis primeros suspiros! Bajo aquel sauce que moja Su cabellera en el río. ¡Largas horas he pasado A solas con mis delirios! Las hojas de esas achiras Eran el tosco abanico Que refrescaba mi frente Y humedecía mis rizos. Un viejo tronco de ceibo Me daba sombra y abrigo, ¡Un ceibo que desgajaron Los huracanes de estío! Piadosa una enredadera De perfumados racimos, ¡Lo adornaba con sus flores De pétalos amarillos! El ceibo estaba orgulloso Con su brillante atavío; ¡Era un collar de topacios Ceñido al cuello de un indio! Todos aquí me confiaban Sus penas y sus delirios; Con sus suspiros las hojas, Con sus murmullos el río. ¡Qué triste estaba la tarde Las última vez que ...

Cuál es la niña

Ilustración Gil Vicente ¿Cuál es la niña que coge las flores si no tiene amores? Cogía la niña la rosa florida. El hortelanico prendas le pedía, si no tiene amores. Ramírez de Velasco®

El rumor de las máquinas crecía

Ilustración Severo Sarduy El rumor de las máquinas crecía en la sala contigua: ya mi espera de un adjetivo -o de tu cuerpo- no era más que un intento de acortar el día. La noche que llegaba y precedía el viento del desierto, la certera luz -o tus pies desnudos en la estera- del ocaso, su tiempo suspendía. No recuerdo el amor sino el deseo: no la falta de fe, sino la esfera- imagen confrontando su espejeo con la textura blanca, verdadera página -o tu cuerpo que aún releo-; vasto ideograma de la primavera. Ramírez de Velasco®

El estanque

Ilustración José María Eguren ¡El verde estanque de la hacienda, rey del jardín amable, está en olvido miserable! En las lejanas, bellas horas eran sus linfas cantadoras, eran granates y auroras, a campánulas y jazmines iban insectos mandarines con lamparillas purpuradas, insectos cantarines con las músicas coloreadas; mas, del jardín, en la belleza mora siempre arcana tristeza: como la noche impenetrable, como la ruina miserable. Temblaba Vésper en los cielos, gemían búhos paralelos y, de tarde, la enramada tenía vieja luz dorada; era la hora entristecida como planta por nieve herida; como el insecto agonizante sobre hojas secas navegante. Clara, la niña bullidora, corrió a bañarse en linfa mora, para ir luego a la fiesta de la heredad vecina; ya a su oído llegaba orquesta de violín, piano y ocarina. Brilló un momento, anaranjada, entre la sombra perfumada, con las primeras sensaciones del sarao de orquestaciones. ¡Oh! en la linfa funesta y honda fue a bañarse la virgen blonda; de los...

El sol del 25

Imagen Letra de Domingo Lombardi Música de Santiago Rocca Ya el Sol del veinticinco Viene asomando Ya el Sol del veinticinco Viene asomando Y su luz en el Plata Va reflejando Y su luz en el Plata Va reflejando ¡Oíd! Ya lo anuncia la voz del cañón Icemos al tope nuestro pabellón Y las campanas Mezclan sus alborotos Al de las dianas ¡Viva la Patria!, se oye Y el clamoreo Viva la Patria!, se oye Y el clamoreo Y nos entra en la sangre Cierto hormigueo Y nos entra en la sangre Cierto hormigueo Al pueblo, al gauchaje Hace, el entusiasmo Temblar de coraje Y hasta parece Que la estatua de Belgrano Se estremeciese Al blanco y al celeste De tu bandera Al blanco y al celeste De tu bandera Contempla, victoriosa La cordillera Contempla, victoriosa La cordillera Pa' traerte laureles, cruzaron los Andes San Martín, Las Heras, Soler y otros grandes Y ya, paisanos Fueron libres los pueblos americanos. Ramírez de Velasco®

Escondido en los muros

Ilustración Luis Cernuda Escondido en los muros este jardín me brinda sus ramas y sus aguas de secreta delicia. Qué silencio. ¿Es así el mundo?… Cruz al cielo desfilando paisajes, risueño hacia lo lejos. Tierra indolente. En vano resplandece el destino. Junto a las aguas quietas sueño y pienso que vivo. Mas el tiempo ya tasa el poder de esta hora; madura su medida, escapa entre sus rosas. Y el aire fresco vuelve con la noche cercana, su tersura olvidando las ramas y las aguas. Ramírez de Velasco®

Se equivocó la paloma

Ilustración Rafael Alberti Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al Norte, fue al Sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. Que las estrellas, rocío; que la calor, la nevada. Se equivocaba. Que tu falda era tu blusa; que tu corazón, su casa. Se equivocaba. Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama. Ramírez de Velasco®

La lágrima

ILustración Francisco Luis Bernárdez No sé quién la lloró, pero la siento (por su calor secreto y su amargura) como brotada de mi desventura, como nacida de mi desaliento. Quizá desde un lejano sufrimiento, desde los ojos de una estrella pura, se abrió camino por la noche oscura para llegar hasta mi sentimiento. Pero la siento mía, porque alumbra mi corazón sin esa luz sin tasa que sólo puede dar el propio fuego: Rayo del mismo sol que me deslumbra, chispa del mismo incendio que me abrasa, gota del mismo mar en que me anego. Ramírez de Velasco®

La que hoy pasó muy agitada

Ilustración Evaristo Carriego ¡Qué tarde regresas!… ¿Serán las benditas locuaces amigas que te han detenido? Vas tan agitada!… ¿Te habrán sorprendido dejando, hace un rato, las casas de citas? ¡Adiós, morochita!… Ya verás, muchacha, cuando andes en todas las charlas caseras: sospecho las risas de tus compañeras diciendo que pronto mostraste la hilacha… Y si esto ha ocurrido, que en verdad no es poco, si diste el mal paso, si no me equivoco y encontré el secreto de esa agitación… ¿Quién sabrá si llevas en este momento una duda amarga sobre el pensamiento y un ensueño muerto sobre el corazón? Ramírez de Velasco®

Que el clavel y la rosa

Ilustración Tirso de Molina Que el clavel y la rosa, ¿cuál era más hermosa? El clavel, lindo en color, y la rosa todo amor; el jazmín de honesto olor, la azucena religiosa, ¿Cuál es la más hermosa? La violeta enamorada, la retama encaramada, la madreselva mezclada, la flor de lino celosa. ¿Cuál es la más hermosa? Que el clavel y la rosa, ¿cuál era más hermosa? Ramírez de Velasco®

A una dama que iva cubierta

Ilustración Diego Gómez Manrique El corazón se me fue donde vuestro vulto vi, e luego vos conocí al punto que vos miré; que no pudo fazer tanto, por mucho que vos cubriese, aquel vuestro negro manto, que no vos reconociese. Que debaxo se mostrava vuestra gracia y gentil aire, y el cubrir con buen donaire todo lo magnifestava; así que con mis enojos e muy grande turbación allá se fueron mis ojos do tenía el corazón. Ramírez de Velasco®

Elegía a Ramón Sijé

Ilustración (Orihuela) Miguel Hernández (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo, Ramón Sijé, con quien tanto quería.) Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas, y órganos mi dolor sin instrumentos, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levan...

Tú, del sur

Ilustración José Luis Appleyard Tu, del sur, de esa tierra que huyendo de los trópicos se sumerge en el río; de allá donde se borran las fronteras del alba, de allá donde florece la arena en la simiente, de allá trajiste, niña, tus ojos de agua y malva. En las manos de espuma del viento sur crispado tú viniste, pequeña; aún están tus cabellos aromados de espigas y de campos tranquilos, y hay un verde remoto de movidos maizales en tus ojos, sureña. Del norte va mi voz en brújula de sueños buscando abierta y dulce la rosa de los vientos para saber del sur, y saber que en él vibra la canción de un arroyo de palabras inmensas que le roba a tus ojos la guaca transparencia para teñir el mar. Del norte va mi voz hacia las noches claras que tiemblan en las aguas del Ñeembucú dormido. Del sur viene tu nombre aún mojado de estrellas, hecho luz en la calma rumorosa del río. Ramírez de Velasco®

Cutufato y su gato

Ilustración Rafael Pombo Quiso el niño Cutufato Divertirse con un gato; Le ató piedras al pescuezo, Y riéndose el impío Desde lo alto de un cerezo Lo echó al río. Por la noche se acostó; Todo el mundo se durmió, Y entró a verlo un visitante El espectro de un amigo, Que le dijo: ¡Hola! al instante ¡Ven conmigo! Perdió el habla; ni un saludo Cutufato hacerle pudo. Tiritando y sin resuello Se ocultó bajo la almohada; Mas salió, de una tirada Del cabello Resistido estaba el chico; Pero el otro callandico, Con la cola haciendo un nudo De una pierna lo amarró, Y, ¡qué horror! casi desnudo Lo arrastró. Y voló con él al río, Con un tiempo oscuro y frío, Y colgándolo a manera De un ramito de cereza Lo echó al agua horrenda y fiera De cabeza ¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato! ¡qué chiquito el Cutufato! ¡Y qué caro al bribonzuelo su barbarie le costó! Mas fue un sueño, y en el suelo Despertó. Ramírez de Velasco®

Es rubia: el cabello suelto

Ilustración José Martí Es rubia: el cabello suelto Da más luz al ojo moro: Voy, desde entonces, envuelto En un torbellino de oro. La abeja estival que zumba Más ágil por la flor nueva, No dice, como antes, "tumba": "Eva" dice: todo es "Eva". Bajo, en lo oscuro, al temido Raudal de la catarata: ¡Y brilla el iris, tendido Sobre las hojas de plata! Miro, ceñudo, la agreste Pompa del monte irritado: ¡Y en el alma azul celeste Brota un jacinto rosado! Voy, por el bosque, a paseo A la laguna vecina: Y entre las ramas la veo, Y por el agua camina. La serpiente del jardín Silba, escupe, y se resbala Por su agujero: el clarín Me tiende, trinando, el ala. ¡Arpa soy, salterio soy Donde vibra el Universo: Vengo del sol, y al sol voy: Soy el amor: soy el verso! Ramírez de Velasco®

Salsa de ají

Ilustración Nicomedes Suárez Araúz Se añaden sal y pimienta a una cucharada de ají amarillo molido con una cucharada rasa de pesares. Se pone sobre el sueño como se pone mantequilla al pan. Después de sacar del sartén a las fragatas invasoras se pone caldo o agua. Se hace dar un hervor y se vacía como un grito entre los vivos y los muertos. Ramírez de Velasco®