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El paso de lo oral a lo escrito hace que se pierdan detalles de una historia que, de otra manera hasta haría reir
Introducción. Muchas historias se han perdido para siempre porque viven en cómo las cuentan cuando se juntan los amigos en un bar cualquiera, en un asado, en un velorio. Si se las pasa al papel, se les va la gracia, es imposible transmitirlas con fidelidad, salvo que uno sea un gran escritor.Presencia. Antonio Pereyra y Roberto Llanos eran amigos. Solían juntarse los sábados, bebían y hasta se emborrachaban, pero poquito, no vaya a creer. Cuando se pasaban de copas, no hacían escándalos ni se daban al “tomo y obligo” ni molestaban con paradas de compadrito. Se quedaban en un rincón. De vez en cuando Antonio soltaba una sentencia: "Abril suele ser llovedor", decía. Y Roberto respondía: "Ahá". A eso le llamaban una conversación interesante.Elucidación. La vida ha llevado a que historias que antes eran mechadas con otras para ir dando clima al final, ahora son más cortitas, la gente quiere saber qué sucedió en menos de treinta segundos, si no, cree que son largas, tediosas. Ahora se cuentan chistes porteños en vez de anécdotas provincianas, incluso aquí, en las provincias.
Moro a moro. Una noche han ido a boliche de la tía Ñata, en el pago. Primero han tomado cerveza, a las 10 les da hambre y piden que les hagan un asado. La dueña de casa ha hecho carnear un ternero gordo esa mañana, así que les convida. Lo asientan con un tinto. Uno pide soda, el otro le dice que no, porque se arruina el vino. Así que toman purinqui nomás. Muy tarde, piden una ginebra que beben despacito, tranquilos. Como a las 3 de la mañana, se van. Roberto lo ve medio tambaleando a Antonio y lo conduce a la casa. Cuando llegan, a Antonio le da lástima que el otro vuelva solo y le dice: “Lo acompaño, cuñao”. Después Roberto vuelve con el otro y así hasta que amanece.
Finale ma non troppo. Y así han seguido, cuñao pa un lao, cuñao pal otro, hasta sol altito. Cuando por fin cada uno llegó a su casa, Antonio se tiró en la cama vestido, con las alpargatas puestas. Antes de dormirse alcanzó a murmurar: "Qué linda noche, che". Roberto se fue a dormir calladito, la señora dormía.
Doppo la fine. Al tiempo Antonio se fue a Villa Antarca, y Roberto quedó. Si le piden que cuente algo de los tiempos de antes, pide un ferné con coca y dice lo de siempre: "Lo que macha es la mezcla". Y se queda callado, mirando el vaso.
Juan Manuel Aragón
Martes 28 de abril del 2026, en la Garibaldi al 100. Esperando el remís.
Ramírez de Velasco®


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