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| Felipe Pereyra de Lucena |
El 27 de mayo de 1789 nace Felipe Pereyra de Lucena, militar, político y hacendado cordobés
El 27 de mayo de 1789 nació Felipe Pereyra de Lucena en Córdoba. Fue un militar, político y hacendado cordobés que atravesó algunas de las décadas más violentas y movedizas del Río de la Plata. Participó en las guerras de independencia, integró los enfrentamientos civiles posteriores y quedó ligado a la historia federal de Córdoba, provincia en que acumuló poder, enemigos y prestigio militar. Compartió campañas con caudillos decisivos, vio caer gobiernos, cambió alianzas según soplaban los tiempos y terminó convirtiéndose en una de esas figuras provinciales cuya influencia fue mucho mayor de lo que suelen admitir los manuales escolares.Había nacido en la ciudad de Córdoba, en una familia acomodada vinculada a la tierra y a los sectores influyentes de la región. Llevaba el apellido de una casa tradicional que desde tiempos coloniales ocupaba espacios de decisión económica y política. Creció mientras el Virreinato del Río de la Plata comenzaba a mostrar señales de desgaste.Todavía joven se incorporó a las milicias locales y pronto quedó absorbido por la guerra revolucionaria iniciada en 1810. En una época en la que casi nadie podía mantenerse neutral, terminó formando parte de las campañas patriotas que buscaban sostener la independencia en el norte del territorio.
Pasó por el Ejército del Norte y tomó contacto con figuras centrales de la época. La experiencia militar moldeó a toda una generación de hombres que después trasladaría la lógica del cuartel a la política provincial. Pereyra de Lucena entendió pronto que la espada podía abrir más puertas que cualquier diploma.
Durante los años posteriores a la independencia quedó alineado con las posiciones federales que crecían en el interior frente al centralismo porteño. Córdoba era entonces un hervidero de conspiraciones, pronunciamientos y pactos fugaces. Los gobernadores duraban poco, los ejércitos entraban y salían de la ciudad y los mismos hombres que juraban fidelidad una semana podían sublevarse a la siguiente. En ese escenario ganó espacio como militar experimentado y hombre de confianza de distintos caudillos provinciales.
Terminó vinculado a la órbita política de Juan Bautista Bustos y luego a otros referentes federales. Las disputas internas cordobesas fueron especialmente feroces porque allí chocaban comerciantes ligados a Buenos Aires, viejas familias coloniales, militares veteranos y sectores rurales que desconfiaban del puerto. Cada elección de bando dejaba cuentas pendientes. Las derrotas rara vez se olvidaban y las venganzas podían esperar años.
También tuvo actuación en campañas contra fuerzas unitarias durante la larga guerra civil argentina. Aquellos conflictos no tenían nada de romántico: había saqueos, levas forzosas, fusilamientos y pueblos enteros obligados a sostener tropas hambrientas. La política se resolvía a caballo y con lanzas.
Mientras algunos dirigentes hablaban de organización nacional, las provincias se desangraban. Pereyra de Lucena perteneció a esa generación que pasó más tiempo guerreando que gobernando. Como otros jefes de provincias, debió sostener relaciones delicadas con la Iglesia, con las familias poderosas y con caudillos vecinos que podían transformarse en aliados o invasores de un mes a otro.
Con el correr de los años fue consolidando una posición social importante en Córdoba gracias a sus propiedades rurales y a su trayectoria militar. Las familias tradicionales de las provincias solían mezclar política, milicia y negocios ganaderos en una misma estructura de poder.
Murió en Córdoba el 5 de mayo de 1857, después de haber atravesado el derrumbe del orden colonial, la revolución, la independencia y las guerras civiles. Había visto cambiar banderas, constituciones y gobiernos, aunque muchas prácticas seguían intactas: caudillos fuertes, provincias desconfiadas del poder central y dirigentes capaces de pasar de patriotas a enemigos según la estación política.
Ramírez de Velasco®


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