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| Gaucho argentino de fines del siglo XIX, recreación |
Cuáles son las principales características del hombre argentino, del Martín Fierro a Atahualpa Yupanqui
Para ser un gaucho hecho y derecho no es necesario disfrazarse de botas, bombachas y sombrero ni andar gritando "¡ahijuna!" a cada momento. De hecho, es una vestimenta que rara vez se ve en las calles de la Argentina. El gaucho es otra cosa. Es un tipo de hombre forjado por una historia singular. Ni mejor ni peor, sólo argentino.Para empezar, en estos pagos la amistad tiene una dimensión que está por encima de cualquier otra relación. El amigo es, como lo definía Atahualpa Yupanqui, "uno mismo en el cuero de otro", como si llevara hasta el extremo el mandamiento de amar al prójimo. Cruz es uno más de una partida que lo halla a Martín Fierro cuando anda alzado del fortín. Al observar cómo se defiende, pega el grito: "Cruz no consiente que se mate así a un valiente". Y se pasa al bando del perseguido.Porque es gaucho el que se pone del lado de los perdedores de la historia y no los abandona, pero de los derrotados de verdad, no de quienes aún esperan recuperar el poder.
Esto es polémico, pero hay que decirlo: en varios pasajes de su historia, muchos argentinos se aferraron a un perdedor del pasado remoto, al devolver a Juan Manuel de Rosas al centro del debate político. O siguieron siendo radicales a pesar de que Hipólito Yrigoyen estaba preso. O siguieron dando vivas a Perón hasta después de muerto.
Por supuesto que hay algún que otro vecino que no cumple con los estándares de la amistad, pero son las excepciones. El peor insulto no es que le menten la madre, sino que lo tengan por batidor, por ortiba: una acusación capaz de llevarlo a sacar el facón para defender su honra.
Quizá por esa misma valoración de la lealtad, en ciertos ambientes populares el policía despierta recelo al asociárselo con la delación. ¿Usté dice que por eso nos va tan mal como sociedad? Puede ser, quién sabe. Pero está en nuestra manera de ser.
Si ante la mala acción de alguno, se amenaza al grupo: "O me dicen quién fue o cagan fuego todos", desde ese momento, sin cruzar una palabra, todos se abroquelan para no nombrar a quien se mandó la macana.
En la historia de Nuestro Señor, más que Pilatos, Barrabás, el ladrón malo, el rico Epulón, los fariseos o el mismísimo Diablo, el personaje que más odia un gaucho es Judas. Ni siquiera tiene en cuenta el atenuante de las monedas de plata que recibió: no hay absolución posible.
Por eso, si busca un gaucho amigo, no lo hallará zapateando un malambo ni cantando en un escenario ni, ¡mucho menos!, haciendo gala de criollismo de salón en un partido de polo. Búsquelo en la calle, en los bares de las afueras, en un baile de tierra adentro o en la cárcel, preso para que zafe un amigo.
Cualquier cosa podrá ser, menos buchón.
Juan Manuel Aragón
Sábado 20 de junio del 2026, en Villa Adela. Viendo pasar el tren.
Ramírez de Velasco®


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