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TERRAPLANISMO Conspiración y política


Teoría terraplanista

Por qué siguen fungiendo las teorías que preconizan la existencia de una constante confabulación para hacer que fracasen los mejores planes


El terraplanismo es la doctrina conspirativa que sostiene, sin fundamentos científicos, que la Tierra no es una esfera más o menos perfecta sino un sinfín de tierras llanas. Es la madre de todas las conspiraciones, que van desde la idea de que un supuesto amo ya domina el mundo, hasta el “que se vayan todos” de la Argentina, que sospecha difusamente que, sin políticos, los problemas desaparecerían como por arte de magia.
Que la Tierra es redonda se sabe desde antes de Eratóstenes de Cirene: cerca del 276 antes de Jesucristo, con cálculos matemáticos relativamente sencillos, la midió y dijo que tenía 250.000 estadios que son 40.000 kilómetros. Hoy se sabe que tiene 40.008 kilómetros. ¿Por qué erró?, porque no calculó —pues no se conocía entonces— el achatamiento de los polos. La creía una esfera perfecta, una pelota de fútbol, digamos. Pero explicar cómo llegó a esta conclusión, es tarea inútil frente a quienes creen, como una religión, en que la redondez de la Tierra es una mentira fabricada por quién sabe quiénes y con qué inconfesables razones, quieren engañar al resto del mundo.
Es la madre de todas las conspiraciones que, al desenrollarlas, llevan a estar en contra de todas las vacunas y terminan en las últimas y más refinadas, las que llevan a la gente a matar a sus hijos con regímenes de hambre, sólo para demostrar que pueden criarlos a lechuga y tomate, como lo hacen los supuestos habitantes de la estrella Vega.
O en las otras, que sostienen que el mal de los argentinos, y del mundo, reside en la existencia de políticos, acabando con todos ellos, aplastándolos como hormigas, el resto será un orden pletórico de felicidad y contento. Son gente de pocos libros, que pasa por encima de pensadores clásicos, como Aristóteles, que definía al hombre como “animal político” y se niega a penetrar en las sutilezas del pensamiento filosófico más elemental. Dicen: “La culpa de todos los males está en la existencia de los políticos”. Y chau Pinela.
Otra especie son los creyentes fervorosos en la existencia de extraterrestres, algunos de los cuales ya viven entre la gente, disimulados entre la muchedumbre, supuestamente estudiando las costumbres humanas para invadir la Tierra y hacer “algo” con lo que hallen en estos pagos. Ese algo los diferencia entre ovni—creyentes optimistas y pesimistas, según que sostengan que los marcianos, por llamarlos de alguna manera vienen a destruir todo o a entablar un diálogo de paz y armonía.
Estos son pensamientos desgajados, quizás algo caóticos, surgidos al azar, como suelen venir las ideas difusas de lo que podría llegar a pasar si algunas hipótesis tremendistas se llegaran a dar, en los próximos meses, en el país.
De un extremo a otro del pensamiento mágico de quienes se dicen de izquierda o de derecha, surgen a veces idénticas posiciones en que la conspiración, el complot, la maquinación, la conjura, la intriga o la confabulación, hacen trizas el orden conseguido o al que quieren llegar, con el único fin de hacer el mal extremo, el mal por el mal mismo, el mal del que pocos se liberan: es decir el Malo, el Diablo.


Dan risa, si no fuera porque a veces toman el poder engañando a pueblos incautos provocan desaguisados que luego el sentido común deberá necesariamente componer, si es que, por supuesto.
Siempre se escudan en que lo que llegó al poder no fue la izquierda verdadera, la derecha verdadera, el verdadero liberalismo, el verdadero socialismo. Le chinguearon por un pelito, el balón dio en el palo, pero si no, todo se iba a solucionar.
La Mano Negra, que para ellos existe sólo para su perjuicio, es la que intentará tumbar sus buenas intenciones. De paso, cuando fracasen, tendrán la excusa perfecta para insistir en el futuro, porque —dirán— nunca tuvieron una oportunidad verdadera, como sostienen que merecen.
En fin, este escrito ha surgido al compás de cavilaciones deshilachadas, difusos y algo grises, si vamos a decirlo todo. Siempre saldrá el que diga que también se deba hablar de los otros, porque una verdad, si no es mediada con una mentira, no sirve para el mundo ilógico y craquelé del hombre de hoy.
No importa, con que uno solo de los lectores sepa de qué va esto, suficiente. Ahora, sigan con sus fórmulas fantásticas los terraplanistas políticos y con sus ideas supuestamente naturalistas el resto.
Si los males de la democracia se curan con más democracia, entonces hay una solución, que viene a ser repetir los mismos errores una y otra vez, una y otra vez, hasta que por fin un día, después de siglos de insistencia, un grano de arena se convierta en ameba por obra y gracia de Carlos Darwin.
Quien quiera entender, ya sabe.
El que no, no lo verá, aunque se lo digan en veinte idiomas.
©Juan Manuel Aragón
A 21 de septiembre del 2023, en Olímpico, La Banda, recordando otra primavera

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