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CARTA Pedido a mi hija

Hombre leyendo

El autor transita un largo rodeo para contar un prejuicio que tiene contra cierta gente


Hija querida. Voy a dar un rodeo para explicarte un asunto que no me deja dormir, prácticamente desde que naciste. Es algo que me desvela, me tiene mal, me hace despertar por las noches sudando frío. Es lo siguiente.
Muchos saben que, si se van a vivir y a trabajar a Europa, es muy posible que allá les digan “sudacas”. Por estos pagos pocos han oído la palabra, por eso aquí no es un insulto ni es nada. No tiene ningún significado. En la Argentina, en realidad, hay 40 y pico de millones de sudacas que, si les dicen que ese será su nombre apenas consigan un trabajo de albañiles en Valencia ni se mosquearán y agarrarán viaje. Les dará lo mismo que los llamen así en España, Francia o Portugal. O la Conchinchina, si viene al caso.
Algunos judíos dicen que somos goy. No sé si es un insulto o solo una referencia para quienes no tienen esa religión. Pero, sabes qué, me resbala, de la misma manera que se me escurre el champú en la ducha. Si lo dicen con desprecio, porque en su idioma quiere decir algo muy insultante, no me importa. Esas palabras no me llegan. Si las usan de manera ofensiva, peor para ellos, porque no entiendo por qué el agravio. Oye, así quisieran llamarnos “sabandijas inmundas, malolientes”, me importaría menos que una chía, que es esa semilla pequeñita que algunos comen creyendo que los curará del colesterol.
Los nuevos ricos, los que pusieron un almacén y empezaron a pelechar y de golpe ganan plata a rolete, a los que no tenemos autos último modelo ni mujeres que se operaron los pechos ni casas ostentosas ni cadenas de oro en el cuello ni nos dejó de gustar la sidra para pasar al champán, nos dicen “negros”. No importa que seamos rubios o colorados porque para ellos siempre seremos “negros”. No me interesa cómo me nombre esa especial clase de gente que empezó a tener mucha plata hace menos de 20 años y cree estar copiando las costumbres de una clase social, la de quienes tienen plata hace por lo menos tres generaciones, que nunca la aceptará, al menos como un igual.

Aquí, todo lo que usted quiso saber y nunca le contaron acerca de la literatura argentina

Todos tenemos alguna clasificación prejuiciosa del resto de la gente. Sin ir más lejos, yo, tu padre, estoy dentro del grupo de la gente que tiene prejuicios, que divide al mundo entre alfabetos y analfabetos. Obviamente, creo que doy el peso para militar mínimamente entre los alfabetizados. Que saben distinguir al menos, entre un verbo y un sustantivo. Por eso te ruego, chiquita mía, que cuando elijas a un hombre para casarte, no te fijes en su color de piel, en su religión, en su nacionalidad ni en su partido político. Pero, por favor, que sepa leer y escribir, que es algo más que distinguir letras de números. No pido que sepa el Quijote de la Mancha de memoria ni nada por el estilo, con que le guste Jorge Luis Borges me conformo.
Por favor, fijate bien y no me desilusiones amorcito.
Juan Manuel Aragón
A 29 de junio del 2024, en Mojones. Enfrenando el mancarrón.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. COINCIDO TOTALMENTE CON VOS JUANCHO QUERIDO...PERO TENIAS QUE ACONSEJARLE A TU CHIQUITA QUE SE CASE CON UNO QUE SEA DIPUTADO O SENADOR AUNQUE NO SEPA LEER NI ESCRIBIR

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