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| Mujer bajo la lluvia |
Un encuentro bajo la lluvia que confunde pasado y presente y deja abierta la duda de si alguna vez se conocieron
Cuando la lluvia comenzó a insinuarse, primero pensé en refugiarme en una librería, pero la más cercana estaba a tres cuadras y calculé que no llegaba. Me metí en un bar. Hermoso, me dije, ver la lluvia a través del cristal, tomando un café.Pero, ¿ha visto lo que es el destino? Un instante después, llegó ella, apurada. Cuando dejó el paraguas en su silla, le incliné la cabeza y respondió. Tenía cara conocida. Me fijé que estábamos solos. Me acerqué a su mesa y le pregunté si podía sentarme. Respondió que sí.—¿Cómo andan tus cosas?
—Bien, ¿y las tuyas? —respondió.
Le conté que andaba de diez, que todo marchaba sobre ruedas, como debe ser. Como suele ocurrir, después de un intercambio de cortesías, nos quedamos callados. Entonces aproveché para preguntarle su nombre, porque no lo recordaba.
—Lidia —me dijo y agregó su apellido.
—¡Ah!, claro, Lidia —repuse. Me di cuenta de que no la conocía, la había confundido con otra amiga, pero ya estaba en el bote y no me quedaba otra que remar. Ella a su vez me decía Ramón, ¡también me había confundido!
Al rato estábamos hablando de situaciones que nunca había vivido. Me acusó, en broma, de haberme querido poner de novio con la hermana. Le dije que nunca había pretendido ser más que un amigo. Quiso saber de mi tía Clarita. Le conté que la veía poco, pero suponía que andaba bien.
—A mí me han dicho que ha fallecido —se sorprendió.
—Te han confundido. Está más sana que vos y que yo. La tía Clarita nos va a enterrar a todos —lancé.
La charla se puso espesa cuando me consultó si me acordaba de “aquello que habíamos tenido”. Le dije que nunca en esos años la había olvidado.
—Sos un ingrato —reclamó.
—Es la vida que nos va llevando por delante —alegué.
—Fueron años hermosos —recordó.
La miré dándome de apasionado.
Afuera había parado de llover.
Miró el reloj y se asustó al ver la hora.
—Uy, me tengo que ir —se levantó de la mesa.
Agregó:
—Deberíamos vernos uno de estos días.
—¿Dónde? —le pregunté cuando ella había llegado a la puerta.
—En el lugar de siempre —repuso sonriente.
Y se fue.
Juan Manuel Aragón
Martes 28 de abril del 2026, en la Alsina. Viniendo de allá.
Ramírez de Velasco®


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