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APUESTA El hombre que creyó entender Israel

Gráfico de Comunidades Plus

Años de estudio, prisión y observación llevaron a Sinwar a una conclusión equivocada sobre su enemigo

La soberbia suele ser el talón de Aquiles de los grandes estrategas, y la historia es un cementerio de planes perfectos que chocaron de frente contra la realidad. El destino de Yahya Sinwar y los acontecimientos que transformaron el tablero de Oriente Medio a partir de la fatídica jornada del 7 de octubre son el retrato de una colosal apuesta basada en el error de cálculo.
Detrás de aquella ofensiva minuciosa no hubo solo astucia militar, sino también una profunda ceguera estratégica nacida, paradójicamente, de un exceso de confianza.
Existe un detalle revelador para entender la psicología del líder de Hamás: Sinwar era un profundo conocedor de su enemigo. Durante las más de dos décadas que pasó en prisiones israelíes, aprendió a hablar el hebreo con fluidez, tradujo biografías de directores del Shin Bet y consumió diariamente la prensa local. Estudió las dinámicas internas de lo que él consideraba una sociedad irremediablemente fragmentada.
Sin embargo, cayó en una trampa cognitiva clásica: la familiaridad genera desprecio. Al observar las profundas divisiones políticas y las masivas protestas sociales que sacudían a las calles israelíes en los meses previos al ataque, interpretó que el Estado judío se encontraba en una fase de descomposición interna terminal. Creyó que un golpe audaz provocaría su colapso inmediato.
Olvidó una ley sociológica fundamental que ha definido a ese pueblo a lo largo de los siglos: la polarización interna se evapora instantáneamente ante una amenaza existencial externa. El asalto no fracturó la estructura del país; por el contrario, la cohesionó en el dolor y en una respuesta armada de una magnitud sin precedentes.
El segundo gran error metodológico de su plan fue la expectativa de desencadenar una guerra regional a gran escala. En los documentos internos de Hamás capturados posteriormente, el asalto del 7 de octubre estaba diseñado como la chispa que encendería una pólvora largamente preparada. Sinwar esperaba que el llamado "Eje de la Resistencia" —con Hezbolá en el Líbano, milicias en Irak y Yemen, e Irán a la cabeza— se lanzara en un ataque simultáneo y coordinado desde todos los frentes.
La información de inteligencia que ha salido a la luz revela que, si bien sus aliados celebraron el golpe en primera instancia, no estaban dispuestos a suicidarse en una guerra total bajo el calendario impuesto de forma unilateral desde Gaza. El apoyo externo existió —con los ataques de Hezbolá o el hostigamiento de los hutíes—, pero llegó dosificado, de forma periférica y bajo un estricto cálculo de daños por parte de Teherán para evitar su propia destrucción.
Con más de 1.200 muertos y unos 200 secuestrados en las primeras horas, el golpe congeló el pulso del mundo, pero también desató una fuerza destructiva que el propio plano original de Hamás subestimó por completo.
La mala evaluación estratégica transformó lo que pretendía ser una victoria fulminante en una prolongada y devastadora guerra en la Franja de Gaza. El estratega que pensó que abriría las puertas del triunfo regional terminó encerrado en la misma lógica de desgaste que pretendía evitar, demostrando que conocer el idioma del adversario no siempre significa entender su verdadera naturaleza.

Dos detalles poco conocidos
I
En el 2008, mientras cumplía su condena en una prisión israelí, a Sinwar se le diagnosticó un tumor cerebral agresivo. Médicos cirujanos israelíes lo operaron de urgencia y le salvaron la vida. Uno de los dentistas de la prisión, Yuval Bitton —que pasó cientos de horas hablando con él y descifrando su mentalidad—, fue clave para identificar los síntomas neurológicos que permitieron un diagnóstico a tiempo. Años después, Sinwar planificó el ataque del 7 de octubre, en el cual un sobrino de ese mismo médico que le salvó la vida fue asesinado en uno de los kibutz.

II
Mientras estaba en prisión escribió una novela autobiográfica de más de 240 páginas: “El espino y el clavel” (Al-Shawk wa’l Qurunful), que publicó en 2004 y sacó de contrabando en partes con ayuda de otros presos.
Ramírez de Velasco®

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