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PALABRAS El arte de davueltarse

Hurgueteando palabras

Vea aquí metáforas, ironías y lítotes para quienes tienen inquietudes menos urgentes que la economía, la política o el fútbol

Tropo viene del griego trópos, “giro” o “volteo”, o dicho en criollo “davueltarse”. Es un recurso retórico que desvía el sentido habitual de las palabras para producir un significado figurado, más expresivo, artístico o sugestivo.
Es cierto que hoy las preocupaciones de los lectores pasan por asuntos más importantes, como el precio del pan francés, las alegrías y tristezas del fútbol y las mentiras y verdades con que se revisten los gobiernos. Pero es posible que una minoría quiera elevar el espíritu recordando lecciones de la escuela secundaria. Para ellos, si existieran o existiesen, son estas líneas mal entreveradas, publicadas en este sitio, a mil kilómetros del fin del mundo.
Pero vayamos a los tropos.
El más conocido es la metáfora, una sustitución basada en la semejanza. “Tus ojos son estrellas”.
El símil es una comparación explícita. En este caso es “blanco como la nieve”, o "tonto cual perro chico".
La metonimia es el traslado por relación de contigüidad. Un caso patente es "escuchar a Mozart”. Usted sabe que no lo oye a él, sino a su música.
La sinécdoque es tomar una parte por el todo o el todo por la parte. Si en vez de diez barcos, dice "diez velas”, todos entenderán, aunque lógicamente las velas no llegaron solas.
La hipérbole es una exageración intencional. Como cuando su señora le dice a la vecina: "Lloré un mar de lágrimas".
La lítote es una atenuación o, lo que es lo mismo, decir menos para significar más. Como cuando dice “no está mal”, porque está bien o muy bien.
La personificación o prosopopeya es dar cualidades humanas a lo inanimado. El caso típico, al menos en la Argentina, es "febo asoma”.
La alegoría es una sucesión de metáforas que representan una idea abstracta. Si quiere un ejemplo, ahí está la fábula La zorra y las uvas.
La antonomasia sustituye un nombre por una cualidad o una cualidad por un nombre. "Mi tío es un Donjuán", se suele decir para no nombrarlo como un seductor.
La ironía es uno de los tropos más usados en la vida diaria. A uno que llega tarde usted le dice: "Te esperaba a las 7. Son las 8 y media: ¡eso es puntualidad, carajo!".
El oxímoron es una contradicción en términos adyacentes. “Amarga dulzura”, "larguísimo segundo", son casos que siempre se ponen de ejemplo.
La paradoja es una afirmación contradictoria que encierra una verdad. El finado Sócrates decía “solo sé que no sé nada”.
La sinestesia es la mezcla de sensaciones de distintos sentidos. “Un verde chillón” o “el amargo sabor del adiós”.
Más hermosa es la hipálage, el traslado del adjetivo o cualidad a otro elemento. "Dormía la siesta bajo las cansadas chapas del rancho".
La catacresis es el uso abusivo o forzado de una palabra por falta de término propio. “La pata de la mesa”, “la boca del río”, “las hojas del libro”.
La perífrasis o circunlocución es el rodeo para evitar nombrar algo directamente. En vez de decir el sol, diga "el astro rey" y estará haciendo este tropo.
La metalepsis es un salto en la lógica narrativa o causal. Consiste en asociar una cosa con otra que le sigue o le precede (antecedente por consecuente o viceversa). El caso clásico es: “Yo canto esta chacarera // y el algarrobo me escucha, // porque el viento que la lleva // ya es mi voz en otra boca...”.
¿Hay más? Por supuesto. Se los nombra aquí sólo como un indicativo: el símbolo es un objeto concreto que representa una idea, como la balanza para la justicia. El énfasis es resaltar exageradamente una cualidad: "El colmo de los colmos", aunque hay quienes no lo consideran propiamente un tropo. La antanaclasis es la repetición de algo con distinto significado: "Juancito vive para trabajar, no trabaja para vivir”. La onomatopeya imita el sonido: “Miau”, “tic-tac”, “¡zas!”. El apóstrofe es dirigirse directamente a una persona ausente, muerta o cosa inanimada. “¡Oh, patria mía!” suelen dar las maestras de ejemplo.
¿Hay una lista “definitiva” universal de tropos? No amigo, varía según los autores y las tradiciones retóricas. Con esta lista, aprendida más o menos, podrá darse dique y en cualquier conversación con los amigos, en un asado o en la oficina, decirle a uno que, a cada rato larga, "no está mal, no está mal":
—¡Dejá de decir lítotes!
Y dejarlo pensando.
Juan Manuel Aragón
Martes 19 de mayo del 2026, camino a Tucson. Manejando el Chevalier.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc19 de mayo de 2026 a las 8:51

    "Es una humita en chala" (No es tamal).

    ResponderEliminar
  2. "Tropo" viene a ser el nombre coloquial. En realidad el nombre correcto es "figuras literarias", y cuando son bien usadas, sin recargo abuso, ni exageración, embellecen la narrativa y potencian el sentido de un relato.
    El "tropo" (giro) por excelencia es en realidad el "hipérbaton", no mencionado en la nota, que es alterar el orden lógico de las palabras en una frase. Su buen uso embellece un relato que de otra manera resultaría chato y poco atractivo.
    "Del monte en la ladera, por mi mano plantado un huerto tengo".
    Fray Luis de León

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