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DESENCUENTRO Una bala en el cargador

"Banco Nación". Acuarela de Raúl Cisterna

La historia de una charla mínima, una duda interminable y el coraje que no termina de aparecer

Le gustaba esa chica como nunca le había gustado una mujer. Siempre la había observado desde las sombras: fantasma de un amor imposible. Se conformaba con admirarla por la calle y a veces, cruzar un saludo amable. Usted dirá que podría haber sido parecido a un amor oscuro, como el de esos siniestros personajes de las películas norteamericanas que esperan el momento propicio para mandarse alguna macana con la chica. Pero él era más bueno que el pan así que olvidesé, algo así no pasaría nunca.
Nunca supo si ella se daba cuenta de que la miraba furtivamente, con un dolor incurable en el pecho.
Una vez cruzaron algunas palabras: él estaba haciendo una fila en el banco y ella justo vino a ponerse detrás. De repente él oyó que alguien protestaba por la lentitud del cajero. Se dio vuelta, era ella. No supo qué decir. Sintió que tenía una sola bala en el cargador: la oportunidad de llamar su atención con algún comentario inteligente.
La saludó y se pusieron a conversar. Que la gente no tiene idea de lo que vale el tiempo de los demás, que lo que mata es la humedad, que los ómnibus son desastrosos y nadie dice nada. Mientras, la cola se empezó a mover a mil kilómetros por hora. Cuando le llegó el turno, fue hacia el cajero, cobró el cheque y cuando se iba, mientras metía la plata en el bolsillo sin contarla, miró hacia donde estaba ella, que se encaminaba a la caja y lo saludó levemente, como lo hacía siempre que se veían por la calle.
Demoró treinta segundos en decidirse a esperarla fuera del banco y pedirle que fueran a tomar un café. En ese larguísimo soplo que después recordaría como eterno, pensó en decirle que siguieran en otra parte, que le había parecido interesante su manera de ser y que le gustaría seguir hablando. Pero decidió dejar las cosas como estaban porque, aunque tomaran mil cafés, ella nunca iba a pensar en tener algo con él. Y se mandó a mudar.
Cuando ella salió del banco lo buscó con la mirada. Vio que tomaba por la Veinticuatro, rumbo a la plaza. Ella en cambio agarró por la 9 de Julio, como yendo para el lado del Parque.
Y pensó “capaz que ni me registra”.
Juanmanuel Aragón
A 27 de mayo del 2026, en Puesto de Juanes. Asando un pichi.
Ramírez de Velasco®

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