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MAZMORRAS El régimen niega hasta el duelo a una madre

La madre de Víctor Quero pide su aparición con vida

Víctor Hugo Quero murió bajo custodia estatal mientras funcionarios venezolanos sostenían que seguía vivo

El socialismo del siglo XXI, la ideología que promete justicia y termina sembrando cadáveres, ha cobrado otra víctima inocente. Víctor Hugo Quero Navas, de 51 años, profesor de karate y humilde vendedor ambulante de jeans y suplementos. Murió en las mazmorras del régimen venezolano mientras su madre, Carmen Navas, recorría prisiones suplicando por una señal de vida.
El aparato represivo de la dictadura, hoy encabezado por la tirana Delcy Rodríguez, le ocultó deliberadamente la verdad durante diez meses. Este no es un “error burocrático”: es el funcionamiento natural de un sistema que devora a su propio pueblo.
Víctor, conocido como “el ruso” por su cabello rubio y ojos claros, fue secuestrado en enero del 2025 por agentes de la inteligencia militar vestidos de civil. Su “delito”: haber servido en el pasado en las Fuerzas Armadas y, presumiblemente, no comulgar con la narco-dictadura de su país.
Lo acusaron, como es costumbre en la Venezuela chavista-madurista, de traición, conspiración y terrorismo: cargos comodín que el régimen reserva para cualquiera que represente una mínima disidencia. Lo arrojaron a El Rodeo I, en las afueras de Caracas. Un mes después vomitaba sangre. Sus compañeros de celda nunca volvieron a verlo vivo.
Durante un año infernal, Carmen Navas peregrinó de prisión en prisión, presentó solicitudes, exigió pruebas de vida y recibió evasivas y humillaciones. Cuando finalmente localizó el centro de tortura, visitó el lugar al menos doce veces. En una ocasión, los esbirros de inteligencia la sometieron a más de seis horas de interrogatorio. En otra, un funcionario le espetó con desprecio: “¿Por qué insiste en venir?”. La respuesta es obvia: porque en un régimen comunista la verdad es un lujo que se niega a las familias de las víctimas.
En octubre del 2025 el régimen admitió que Víctor seguía “recluido”. Esta semana, por fin, confesó la cruda realidad: había muerto el 25 de julio de 2025 por “insuficiencia respiratoria”. Los verdugos que lo custodiaban afirmaron cínicamente que no tenía familiares y que nadie había pedido visitarlo. Tras matarlo, tiraron su cuerpo a una fosa común, como se hace con la basura.
Pretenden ahora “investigar” su muerte. Nadie con medio cerebro les creerá: ¿cómo va a ser creíble una pesquisa controlada por los mismos asesinos?
Este caso no es aislado. Al menos 27 presos políticos han muerto bajo custodia estatal en la última década, según datos de organizaciones de derechos humanos. Mientras Donald Trump celebra que algunos venezolanos “bailan en las calles” por supuestas entradas de dinero, la maquinaria represiva de Delcy Rodríguez sigue triturando vidas.
A pesar de las falsas promesas de amnistía, 454 presos políticos continúan pudriéndose en las cárceles, según Foro Penal.
El caso de Víctor Hugo Quero Navas no es solo una tragedia familiar. Es la demostración palpable de que la izquierda, en su esencia, lleva el germen de la muerte y la destrucción. Promete igualdad y produce miseria, promete libertad y construye cárceles, promete vida y reparte tumbas.
Venezuela es el laboratorio en que el socialismo del siglo XXI ha demostrado, una vez más, su única capacidad real: convertir un país rico en un cementerio a cielo abierto. Cada preso político asesinado, cada madre engañada, cada cuerpo arrojado a una fosa común es prueba irrefutable de que este sistema no fracasa: cumple exactamente su destino histórico.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Excelente nota. Hay que desenmascararlos. El régimen sigue vivito. Los narcos que secundaban a Maduro están calladitos.

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  2. No entendí bien la parte donde dice "Mientras Donald Trump celebra que algunos venezolanos “bailan en las calles.......”
    Es acaso el gobierno de USA el que tiene que hacer algo más? Y el resto de los gobiernos del continente, que?
    Porque hasta ahora condenan, se rasgan las vestiduras, denuncian las atrocidades, pero lo miran desde la tribuna sin involucrarse.....y otros lo miran desde el sofá, con el control remoto en una mano y el teléfono en otro.
    Así no hay muchas esperanzas para los Quero Navas de Venezuela.

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