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COMERCIANTES La clase social más sincera

Los comercios tienen sus cálculos

Se mueven por amor al dinero y el mundo funciona y se desarrolla gracias a ellos

Dicen que la clase social más sincera de todas es la de los comerciantes, pues tienen un cartel en la frente indicando que su único interés es el dinero, y no mienten. Muchos médicos sostienen que los mueve el amor por la salud del prójimo, pero en realidad buscan dinero, lo mismo los abogados, los periodistas, en fin.
El carnicero, el panadero, el almacenero, el tendero, todos buscan el dinero. Cuando alguien entra en su negocio ni siquiera disimulan, como podría hacerlo un arquitecto, un psicólogo, un dentista. Lo único que les interesa es qué van a comprar sus clientes y cuánto les dejará de ganancia cada venta.
¿Está bien que sea así? Por supuesto que sí. Sin ellos el mundo no se habría movido de las cavernas, son quienes primero aprovecharon el invento de los números arábigos, de la rueda, de las velas de los barcos y la vasija para guardar el vino. Idearon la moneda, fundaron los bancos y el fundamental préstamo que mueve la industria, los servicios y retroalimenta al comercio.
Los comerciantes ganan mucho dinero, hacen del lucro, el margen, la diferencia, su modo de vida. Llevan en la cabeza los cálculos de a cuánto compraron un artículo y cuál debe ser su precio para obtener una ganancia, que siempre intentarán de que sea lo más alta posible. Gracias a ellos en la esquina de casa hay caramelos, galletas, chocolatines y también hierro, cemento y los remedios que recetan los médicos. Por ellos se idearon los trenes, para ellos son principalmente las carreteras y el maravilloso invento del camión.
Si se la mira bien, es una actividad poco poética, nada tiene de romántico andar calculando, a cada uno que entra a su negocio, la cantidad de plata que lleva en el bolsillo o cuánto estará dispuesto a gastar. Es más bien lo contrario de alguien sentimental, al menos mientras trabaja. Un escritor a quien le publican una novela, siente una íntima satisfacción porque al fin sus ideas verán la luz del día y a alguien le podrían servir, si gana dinero, bienvenido sea. Al comerciante que vende ese libro no le importa si será útil a quien lo compró, solamente cuenta su margen de ganancia.
Por eso duele ver en muchas calles, en la televisión, en los diarios, propaganda de comercios apelando a la familia, los pajaritos, la naturaleza, el amor. Si con algo no tiene nada que ver el comercio es con el mundo de los sentimientos, las emociones, el afecto. Lo saben los comerciantes, lo sabemos nosotros: por qué mentirnos si saben que no les creemos. ¿Acaso envidian este otro mundo de pobreza y privaciones?, ¿acaso pueden mirarnos a la cara sin sacar cuentas de lo que estamos dispuestos a pagar?, ¿puede el pez vivir fuera del agua?
Ellos siempre estarán sacando cuentas. Leerán este escrito y pensarán: “Este tipo vale unos 200 dólares al mes, no vale la pena que gaste media reflexión en lo que escribe, que seguramente serán asuntos sin relevancia para mi comercio”. Salvo en lo de los 200 dólares, pues son menos, en el resto tienen razón. Es una constatación, no una crítica. Quién es uno para cambiarles la manera de pensar.
Respuesta, nadie.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Esta bueno el planteamiento que hace en el artículo. Solo que algunos no piensan cuánto tiene en el bolsillo, sino también pueden preguntarse: ¿comprará? O solo me hará perder tiempo? Jajaja!

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  2. Incansable: a ratos priodista o escritor; en otros... sociólogo, sicoanalista, psiquiatra, politólogo, ocurrente, etcétera, etcétera, etcétera. Te felicito.

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