| Luis D´Elía |
Sus declaraciones son parte del universo folklórico de la política y, en general, son tomadas como parte del circo argentino
Por Gustavo Beitler
En Comunidades Plus
Luis D’Elía volvió a superarse. Y no es poca cosa: lleva años compitiendo contra sí mismo en esa disciplina.
El ex piquetero, ex funcionario kirchnerista y actual comentarista autodidacta de geopolítica decidió elevar la apuesta. Ahora se presenta directamente como “Irán en la Argentina”. Así, sin intermediarios. No analista, no simpatizante, no observador: Irán.Mientras el resto del planeta intenta entender qué ocurre en Medio Oriente, D’Elía transmite desde su living porteño una versión alternativa del conflicto. En su universo, Irán gana siempre, Israel está al borde del colapso permanente y Tel Aviv parece ser destruida cada tres o cuatro días… aunque nadie más lo haya notado.Entre sus últimos mensajes en redes sociales aparecen afirmaciones como:
“Tel Aviv está siendo destruida por Irán”.
“Yo soy Irán en la Argentina”.
Y advertencias de que Israel estaría preparando “otro atentado” para culpar a los iraníes.
Todo esto ocurre en un país que todavía carga con las heridas abiertas de los atentados contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994). Investigaciones judiciales y resoluciones internacionales han señalado repetidamente la participación de la red iraní y de Hezbollah en esos ataques.
Pero en el universo narrativo de D’Elía la lógica funciona de otra manera: cuando los hechos no coinciden con la teoría, se reemplazan los hechos.
Denunciado por el fiscal Carlos Stornelli por presunta apología del terrorismo y promoción del odio, el dirigente continúa publicando videos breves donde anuncia derrotas israelíes que el resto del mundo todavía no ha tenido oportunidad de confirmar.
Sus publicaciones generan una reacción curiosa. Entre indignación, sarcasmo y comentarios feroces, el público oscila entre tomárselo en serio y considerarlo simplemente parte del folklore político argentino.
Incluso dentro del propio kirchnerismo —un espacio históricicamente tolerante con los excesos retóricos— muchos prefieren hoy observarlo con distancia. Algo parecido a lo que ocurre con ese pariente incómodo que todos conocen pero nadie quiere sentar en la mesa principal.
D’Elía, sin embargo, persevera. Hay que reconocerle una cualidad: su capacidad para elegir siempre el lado equivocado de la historia.
En su caso no parece una estrategia política calculada. Es más bien una vocación.
Cada vez que publica uno de sus “informes”, Argentina exporta un pequeño episodio de vergüenza ajena. Y él, imperturbable, continúa con su misión diplomática autodesignada desde el sillón de su casa.
Porque en el gran circo de la política argentina, Luis D’Elía no es exactamente el payaso.
Es el hombre que está convencido de que el circo es real… y que él está dirigiendo el espectáculo.
Ramírez de Velasco®

Lamentablemente todos esos impresentables mafiosos tuvieron colmado de poder con Nestor, Cristina y otras Cremas más.
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