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ARMAS Cómo usar la palabra “supino”

Ilustración

Sirva el presente de humilde guía práctica de uso para un término que parece fácil, pero tiene sus vericuetos

De todas las armas que ha inventado el hombre, piedras, espadas, cañones, bombas, la más peligrosa es la palabra. Los boxeadores se pegan durante 12 vueltas: pasan 36 minutos dándose como en la guerra, pero termina la pelea y muchas veces se abrazan. Los golpes no los lastimaron. Pero un verbo mal empleado, un sustantivo fuera de lugar, un adjetivo, ¡un adjetivo!, mal puesto. Y chau. Te puede llevar al odio más oscuro.
Cada vez que tengo dudas sobre el significado de algo, acudo al Diccionario Etimológico de Roque Barcia. Ahí dice que “supino” viene del latín “supinus” y significa literalmente echado hacia atrás, tirado bocarriba o, como se dice en Santiago “antarca”. Pero, se sabe, las palabras vuelan, toman significados que no se esperan; se usa para intensificar algo negativo, como “extremo”, “en grado máximo”. Si alguien tiene ignorancia supina, torpeza supina o comete un error supino, llegó al colmo de todo.
La palabra evolucionó, en un paso cortito, de “estar echado para atrás”, “decúbito dorsal” o “antarquiao”, como diría el quichuista. Acostado porque nada le importa. Una ignorancia supina o una negligencia supina es haber llegado a un grado tan alto que se convirtió en un Everest.
El término no se usa mucho, salvo en contextos cultos. Así “error supino” equivale a “error garrafal”. No significa “grande”: es un adjetivo que siempre tiene una carga crítica o irónica. Y según el contexto, ambas a la vez. Debe usarse como el escalpelo de un médico, con mucho pulso, medio milímetro más allá insulta, medio milímetro más aquí alaba. Aunque sea bien usada, quien la pronunció se quiere tirar de piripitifláutico, floripóndico o algo.
Si por ahí usted se ve en la necesidad de ensalzar a un amigo, un pariente, decir que era supino en algo es insultarlo. Si está muerto es una injuria. Un caso, si cuando me muero, por ahí alguien dice “era un lector supino”, ni siquiera ideó un oxímoron: no sabe expresarse. Pero si dijera de mí: “Era alguien que escribía de asuntos que ignoraba supinamente”, estaría acertando de lleno.
Pero no me enteraría, porque para ese entonces viviría para siempre en Villa Antarca, que es donde iremos a parar todos.
¡Salute!
Juan Manuel Aragón
Viernes 10 de abril del 2026, en Manogasta. Pedaleando la mañana.
Ramírez de Velasco®

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