| Plaza de toros de Buenos Aires (recreación) |
El 19 de junio de 1916, la Sociedad Protectora de Animales se opuso a las corridas de toros durante el festejo de la Independencia
El 19 de junio de 1916, durante de los preparativos por el Centenario de la Independencia en Tucumán, la Sociedad Protectora de Animales protagonizó una firme oposición a la inclusión de corridas de toros dentro del programa oficial de festejos. La controversia se instaló en el espacio público provincial en un momento de intensa organización institucional, cuando distintas propuestas culturales, cívicas y recreativas buscaban integrarse a una celebración que tendría su epicentro en la histórica casa donde se declaró la Independencia en 1816.La provincia estaba inmersa en una agenda de conmemoraciones con desfiles militares, actos escolares, inauguraciones de obras públicas, funciones musicales, exposiciones y reuniones de carácter político y social. Tucumán había sido elegida como sede principal de los actos centrales del 9 de Julio de 1916, lo que le otorgaba visibilidad nacional y la convertía en escenario de disputas simbólicas sobre qué prácticas debían representar a la Nación en una fecha fundacional.Dentro de ese programa apareció la posibilidad de organizar espectáculos taurinos, una práctica que todavía conservaba presencia en algunas regiones de América y que tenía antecedentes en celebraciones populares heredadas del período colonial. En determinados sectores, su incorporación era vista como un atractivo adicional para el público que se esperaba en la provincia durante las jornadas del Centenario, en un contexto en el que el entretenimiento masivo comenzaba a adquirir formas más diversas.
La propuesta, sin embargo, activó la reacción inmediata de la Sociedad Protectora de Animales de Tucumán, entidad creada en 1897 y vinculada a un movimiento más amplio de asociaciones similares surgidas en distintas ciudades argentinas a fines del siglo XIX. Estas organizaciones actuaban bajo el amparo de la Ley Sarmiento de 1891, una de las primeras normas del país destinadas a sancionar actos de crueldad contra los animales y promover una cultura de trato humanitario.
La institución sostenía que las corridas de toros no debían formar parte de los festejos oficiales de una fecha patriótica. Sus integrantes impulsaron presentaciones formales ante autoridades provinciales, difundieron comunicados y realizaron gestiones públicas en las que cuestionaban la pertinencia de asociar una conmemoración de la independencia con un espectáculo que implicaba el sacrificio de animales en la arena. El debate se expresó en ámbitos administrativos, en la prensa y en círculos sociales vinculados a la organización de los festejos.
El conflicto se inscribía también en una transformación más amplia de las sensibilidades urbanas de la época. En varias ciudades argentinas comenzaban a consolidarse discursos reformistas que promovían la regulación de los espectáculos públicos, la higiene urbana, la educación moral y la modernización de las costumbres. Así, la protección animal se articulaba con ideas de progreso social que circulaban en ámbitos científicos y en asociaciones civiles.
La discusión sobre las corridas de toros no se limitó al plano local. En distintos puntos de América Hispana la práctica comenzaba a ser objeto de cuestionamientos, aunque seguía vigente en países como México, Perú y algunas regiones de Colombia. En la Argentina, en cambio, su presencia había disminuido con el avance de nuevas formas de entretenimiento urbano, lo que reforzaba la posición de quienes rechazaban su inclusión en celebraciones oficiales.
Durante las semanas previas al 9 de Julio, los preparativos del Centenario continuaron con la llegada de delegaciones nacionales y extranjeras, la organización de ceremonias religiosas, la instalación de ornamentaciones en edificios públicos y la planificación de actos centrales en la capital provincial. Tucumán concentró la atención del país en torno a la figura histórica del Congreso de 1816 y a la proyección política del federalismo argentino.
La intervención de la Sociedad Protectora de Animales fu un episodio significativo dentro del clima de debates que acompañó al Centenario, cuando la organización de los festejos no sólo implicaba cuestiones logísticas, sino también definiciones sobre identidad cultural, valores sociales y representaciones de lo nacional. Su acción se sumó a otras expresiones de la sociedad civil que participaron en la discusión sobre el perfil de las celebraciones, en un contexto en que las instituciones locales buscaban afirmar su voz frente a decisiones vinculadas a la agenda oficial del acontecimiento más importante del calendario patriótico argentino de 1916.
Ramírez de Velasco®

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