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MEMORIA Un verso en el paraíso

"Bella", de Raúl Cisterna

Escondió un papel entre las ramas de un árbol con la esperanza de que el azar hallara el camino correcto

Escribí de nuevo el soneto de Meira Delmar que recitábamos:
Por ti la mariposa en el liviano
paisaje de la brisa detenida.
Y en cada mariposa, repetida,
la danza de colores del verano.
Hice un bollito el papel y me fui a merodear tu barrio, pasé muchos años ausente, así que no hallé a nadie conocido que sospechara lo que iba a hacer. Un rato fingí andar buscando una dirección, medio disimulando. Cuando nadie me veía, puse el papel sujeto entre dos ramas del paraíso de la que suponía continuaba siendo tu casa.
Eso me dio mucha ilusión. El libro se llamaba “Verdad del sueño”, lo compramos en Buenos Aires, cuando nos escapamos de Santiago un fin de semana —y la yapa— para vivir nuestros besos en la penumbra porteña de un hotelito perdido sobre la calle Florida. Recuerdo como si hubiera sido ayer, cuando me lo decías:
El cielo más azul y más cercano;
más alta la canción y más ardida
la frente de la rosa sostenida
en la palma dorada de tu mano.

Por eso, tantos años después —me da vértigo sólo pensarlos— volví a esa calle, con la esperanza de toparte de casualidad en la esquina, en lo que fuera el almacén “Don Pedro” y ahora es un edificio nuevo rico de departamentos. Volví a casa con el corazón estrujado.
Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
de la alondra en el alba, y el desvelo
de los ángeles niños del rocío.

Después me entró una duda, ¿no sería muy pequeño el bollo de papel?, ¿y si te enojabas?, ¿qué tal si ya tenías otro amor y ese verso te metía en problemas? Si era así, el estropicio ya estaba hecho. Luego, como suele suceder, la vida siguió su curso y me olvidé del asunto.
Pasaron como cinco años, quizás más. Y una mañana, en casa, sobre el mueblecito de los papeles, había una nota. Mi hija me dijo que lo habían deslizado por debajo de la puerta: “Seguramente se han equivocado”, explicó, y siguió en lo suyo.
Decía:
El tiempo te rodea, dulcemente.
Y pasas sin pasar, extrañamente
lo mismo que la música de un río.

El poema se llamaba Alabanza del día. Hace poco supe que Meira Delmar era un seudónimo; su verdadero nombre era Olga Isabel Chams Eljach. Si este escrito llegara a tus manos, ya sabes...
Juan Manuel Aragón
A 12 de julio del 2026, en el Bajo de Vértiz. Jugando al ohíto chipaco.
Ramírez de Velasco®

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