Ir al contenido principal

FOLKLORE ¿Siguen haciendo las comidas de antes?

Exquisitas sfijas

La modernidad no debería terminar con las mujeres pasándose recetas de casa en casa


Hay corrientes subterráneas, con viejas costumbres, formas y maneras de actuar, que se transmiten también en las ciudades de Santiago del Estero, porque no solamente del campo se alimentan las tradiciones. Entre las tantas prácticas que siguen dando vueltas, hay una que es amorosa, la de pasarse recetas de mano en mano, de olla en olla, de cocina a cocina, de casa a casa, de un siglo al siguiente. A veces ni siquiera son recetas completas, sino solamente “tips” para mejorar una salsa, airear una masa o que no se pegue el locro.
En este tiempo en que las naranjas agrias de la ciudad cuajan el centro de Santiago con su redondo color, bueno es recordar que son mucho mejores que el limón, ya sea para macerar un pollo que luego irá al horno o a la parrilla, o también para dar gusto a las empanadas árabes. Quien las usa gana por partida doble, nadie se dará cuenta del cambio y se ahorra unos pesos. En todas las recetas, donde dice “el jugo de un limón”, reemplácelo con una naranja robada de la planta del vecino, no se arrepentirá, ya va a ver.
A veces son recetas de una madre, venidas en barco con la abuela y aprendidas de su suegra que era de un pueblo vecino en España, que a su vez la atesoraba en la familia desde dos o tres siglos antes. Tienen tanta historia y, sin embargo, para rastrearlas y hallarles su origen habría que embarcarse en un imposible viaje en la licuadora del tiempo.
Hay mujeres que guardan sus secretos para una buena milanesa bajo siete llaves, son tan celosas que solamente lo pasarán a una hija, con la condición de no compartirlo con nadie más. Otras sostienen que el verdadero secreto de una buena comida, de un postre de abuela bien hecho, es el que no le han mezquinado ningún ingrediente: “Donde dice ´manteca´, se pone manteca y no margarina y menos grasa, y si dice ´aceite´, es aceite y no otra cosa”.
Después, claro, también hay lo que le llaman “la mano de la cocinera”. Eso lo saben muchos hombres que después de casados, se dan con que la esposa hace las empanadas con los mismos ingredientes que la madre, el repulgo es igualito, el relleno es perfecto, pero no hay caso, no le salen ni parecidas. Muchos se guardan el comentario, sabiendo que es mala educación comparar cocinas, pero otros se arriesgan al divorcio y lanzan la atroz sentencia: ”Mi madre las hacía más ricas”. Agarrate Catalina.
Los que pasan (pasamos, digo), de los 50, los 60 años, se acostumbraron a comer lo que les ponen en el plato. Las madres de antes decían: “Agradece que tienes algo para llevar a la boca y comé”. También, muy amorosamente señalaban la comida y advertían: “El día de mañana te van a invitar a una embajada y vas a pasar vergüenza, porque no te gustan los zapallitos verdes, ahora comé carajo, antes de que te arranque la cabeza de un escobazo”.
El mejor folklore del mundo, el más auténtico, casi se podría decir el único que valía, estaba en la cocina de las casas de antes. En el tiempo de la naranja se comía naranja, si estaba barato el brócoli, bueno, brócoli, si en la verdulería te daban dos quilos de zapallitos al precio de uno, salía tarta de zapallitos.
Luego los tiempos cambiaron, todos nos volvimos más ricos y empezamos a comer pollo al horno —un lujo en épocas pasadas— hamburguesas, milanesas fritas por supuesto. Con dos o tres viandas han fabricado una dieta de monos, niños que no prueban zapallo, zanahoria, alcaucil, batata y solo se alimentan de papitas. Dónde están las madres, qué se han hecho, por qué abandonaron la pedagogía del chancletazo, cosas que no tienen explicación.
Quizás haya otros asuntos mejores para hablar hoy lunes 6 de junio del año del Señor del 2022. El folklore de la comida es apasionante. Oiga, ¿ha probado empanadas de acelga con arroz y quesito? Maravillas de las manos de la pobreza.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Hay muchas recetas, con secretitos que nos enseñaron de la época de las abuelas. Y era así, siempre algun ingrediente se "olvidaban" a la hora de pasar los ingredientes porque era un secreto familiar... Si querían saborearlo, solo sería como invitado en la casa de los que guardaban el secreto.

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante, sobre todo lo de las naranjas agrias, por suerte tengo un árbol de esos en mi vereda. Gracias Juan Manuel!!!

    ResponderEliminar
  3. Mi abuela materna era de Recreo, hacia dulce de naranja agria, nunca uso la del cementerio qué había a montones o para hacer dulce, pero a mí abuela no le iba a gustar

    ResponderEliminar
  4. Qué buen dato el de la naranja agria.Voy a probar!!!!!

    ResponderEliminar
  5. Cuando visito Santiago me pongo al día con nuestros platos tradicionales. Si bien los cocinamos a todos en cualquier país donde me ha tocado vivir, y con idéntico sabor, pero se siente muy diferente cuando se los comparte con amigos, que están en la misma sinfonía cultural.
    En mi reciente visita vi que los naranjos de naranja agria estaban cargados y anduve buscando algún changuito que me cortara unas docenas para exprimir y llevarme el jugo. Es especial para el lechón al horno.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

PALABRAS Eso que llamamos alma (con vídeo)

Nelly Omar, canta "Desde el alma" Cómo se usa una palabra de la que se ignora casi todo, desde su significado hasta lo que implica reconocer su existencia Los argentinos solemos usar con frecuencia algunas palabras sin saber con exactitud qué significan o ignorando que, para explicarlas, hubo sabios que se quemaron las pestañas, soldados que cruzaron espadas, naciones que negaron su existencia e ideologías que renegaron de ellas. Ahí está el alma, que para los latinos era ánima y para los cristianos es soplo, viento. Como quien refresca la memoria, van algunas expresiones comunes que la mentan en la Argentina, y posiblemente en otros países también. Las decimos con tanta naturalidad que jamás nos preguntamos qué queremos decir cuando las pronunciamos. El alma aparece primero en el dolor. Se me sale el alma, tengo el alma en pedazos, el alma en un hilo, me partís el alma, me arrancó el alma, se me vino el alma al suelo, tengo el alma hecha mierda, el alma hecha bolsa, el alma ...

BARRIOS Los chipacos nacen en bicicletas

"Chipaco", de Raúl Cisterna Un secreto mal guardado de los santiagueños: historia, etimología y misterios del pan con chicharrón Uno de los secretos peor guardados de estos pagos es que los mejores chipacos son los que se compran en la calle, a los vendedores de las esquinas. El verdadero no se hace en una panadería elegante. Sale de una bicicleta y llega en una canasta cubierta con un repasador. El maestro Domingo Bravo, en su Diccionario Quichua Santiagueño, dice que "chipa" es "hato de algo apretado, entrelazado, enredado". Es el "cabello amazacotado por falta de peine y de higiene". Y del chipaco, al que llama "chipacu", sostiene que es un "pan de cemita y chicharrón". La etimología popular prefiere una explicación menos académica: CHI charrón + PA n + CO cido. Hecho casi siempre en horno de barro, llega desde el fondo de los barrios, como una bendición, hasta la mismísima plaza Libertad. La gracia está en que no lo trabaj...

1859 ALMANAQUE MUNDIAL Reconocimiento

Juan Bautista Alberdi El 9 de julio de 1859 España reconoce la independencia de la Confederación Argentina como nación libre y soberana El 9 de julio de 1859 en Madrid, España firmó un Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad con la Confederación Argentina que reconoció formalmente su independencia como nación libre y soberana, cuarenta y tres años después de la declaración del Congreso de Tucumán. Aquella jornada cerró un largo período de gestiones diplomáticas iniciadas tras la Revolución de Mayo de 1810 y la guerra de independencia. El plenipotenciario argentino Juan Bautista Alberdi y el representante español Calderón Collantes rubricaron el documento de once artículos que normalizaba las relaciones entre ambos países. La Confederación Argentina, presidida por Justo José de Urquiza, buscaba desde años atrás establecer vínculos oficiales con la antigua metrópoli. Alberdi, destacado intelectual y autor del libro las Bases, que para algunos fue la inspiración de la Constitución libera...

PODER Don José se va a la Pesi

"Mitre y Roca", de Raúl Cisterna La corporación más poderosa del planeta entra en estado de alerta por los gustos de un cliente sudamericano A veces los poderosos nos hacen creer que les hablamos de igual a igual. Como don José, que avisa: “A los de la Coca les tengo dicho que vengan más temprano, siempre llegan tarde, si no estoy cortando la mortadela, ando pesando yerba suelta”. Y uno se lo imagina a don Cocacola, en Alabama pongalé, preocupado por las interrupciones a un cliente de un país de Sudamérica, ¿cómo era que se llamaba?, ¿Argentina? Mire si por una demora pierden semejante cliente. Otra: Uno va a comprar un paquete de bizcochitos de grasa para el mate y siente que don José conversa con un amigo: “Le he hecho un pedido grande a la Coca, a ver si me cumple”. Ahí está otro ejecutivo, de Illinois, toma el teléfono y llama al Jefe de Producción Regional del Cono Sur para advertirle: “Ojito, no vaya a ser cosa que le falle al ñato de Santiago del Estero, porque va a te...

CIRCUSTANCIAS Ah, las efusiones del amor

"Beso" de Raúl Cisterna Menos el hombre, todos los animales respetan un lugar, un momento y alguna circunstancia para dar rienda suelta al deseo Lo bueno de las efusiones del amor entre la gente es que, justamente, se pueden dar en todo tiempo, en todo lugar, bajo cualquier circunstancia. El hombre y la mujer no aguardan que se dé el momento, que todo esté preparado o que ocurra esto o aquello para hacerlo. Las ballenas francas australes empiezan a llegar a la Península Valdés en mayo y se entregan a sus juegos amorosos hasta septiembre y octubre. Las hembras aprovechan para parir sus crías, porque la gestación les lleva un año. Las vacas, según dicen en el campo, se empiezan a alegrar unos veinte días después de tener terneros y los toros aprovechan para tener su momento, digamos. Y así casi todos los animales. Menos el hombre. Será una deformación de la mente o una bendición de Dios, pero a nosotros nos gusta hacerlo de enero a enero, o veinticuatro por siete, como les gust...