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| Un misil ocasionó daños cerca del Santo Sepulcro |
Estalla una tormenta diplomática porque se quiere proteger a los fieles de todas las religiones de los misiles de Irán
Una tormenta diplomática estalló de inmediato, Italia convocó al embajador israelí, Francia y España emitieron condenas duras, y voces en Estados Unidos se sumaron al coro de protestas. Líderes como Giorgia Meloni, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez hablaron de ofensa grave a la libertad religiosa y de violación del statu quo en Jerusalén.Muchos de estos mismos actores se oponen al catolicismo de manera sistemática. Ridiculizan sus dogmas, apoyan políticas que lo marginan en la esfera pública y celebran el avance secular que reduce su influencia cultural. De repente, el impedimento temporal a una misa privada en el Santo Sepulcro los convierte en defensores acérrimos de la fe cristiana.La tendencia hacia el islam resulta evidente en su discurso habitual. Defienden su expansión en Occidente, minimizan sus aspectos más controvertidos y convierten cualquier observación crítica en un acto de intolerancia. Ahora, sin embargo, callan ante el hecho de que la Mezquita de Al-Aqsa también permanece cerrada por las mismas razones de seguridad.
La hipocresía aflora con claridad en este episodio. El Muro de los Lamentos, lugar sagrado para los judíos, sufre restricciones idénticas. Los principales sitios religiosos de las tres religiones monoteístas en la Ciudad Vieja de Jerusalén enfrentan medidas similares desde el inicio de los ataques iraníes.
La guerra con Irán explica los cierres generalizados. Misiles lanzados contra Israel han impactado cerca des templos, incluido un resto que cayó junto al Santo Sepulcro. La falta de refugios adecuados en las callejuelas estrechas obliga a las autoridades a limitar concentraciones de personas, sin distinción de credo.
Israel aplica el mismo protocolo de seguridad a todos. Misas a puerta cerrada se han celebrado durante semanas, y la prohibición puntual afectó solo un acto con autoridades eclesiásticas. Netanyahu atribuyó la decisión a motivos de protección civil, no a hostilidad religiosa.
Las reacciones progresistas ignoran este contexto bélico. Exigen explicaciones inmediatas a Israel mientras omiten presionar a Irán para que detenga sus agresiones. La narrativa se centra en acusar al Estado judío y borra el origen del conflicto regional.
Este doble rasero revela prioridades ideológicas. Cuando se trata de católicos, el escándalo surge de forma instantánea y se eleva a nivel diplomático. En cambio, los cierres de sitios musulmanes durante el Ramadán o las restricciones al acceso judío generan silencio absoluto.
La defensa selectiva de la libertad religiosa queda al descubierto. Solo se activa cuando sirve para criticar a Israel o al Occidente cristiano. Mientras tanto, los templos de todas las fes permanecen afectados por la misma amenaza iraní sin que el mundo progre muestre igual indignación.
En definitiva, el episodio confirma una instrumentalización constante. La verdadera ofensa radica en los ataques que obligan a estos cierres, pero esa responsabilidad queda impune. La guerra continúa cerrando lugares sagrados para cristianos, judíos y musulmanes por igual.
Ramírez de Velasco®


Creo que metes en la misma bolsa a gente que defiende la libertad religiosa y en particular la catolica (Giorgia Meloni) y a otros como Macron o Sanches. Por otro lado estoy de acuerdo con que se limite la participacion religiosa por temas de seguridad.
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