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SURREALISMO Bicho que no hay

Bicho que no hay

Hay palabras que suenan distinto pronunciadas con el énfasis que imprimen los santiagueños al idioma español

El popular movimiento del surrealismo, a pesar de que muchos creen que es una expresión de la alta cultura cosmopolita de las grandes ciudades, ha tenido su manifestación en Santiago a través de una de las frases más contundentes que repiten los niños en los recreos de sus clases en la escuela: “Pareces bicho que no hay”. Son palabras que pronunciadas con el énfasis que le imprime al español la tonada santiagueña, hacen un efecto inmediato en el alma de quien las oye por vez primera.
A poco de comenzar su carrera en el lenguaje cotidiano de los santiagueños, la frase se completó con una especie de copla que los niños festejan cada vez que pueden en los juegos infantiles y -por qué no decirlo- en sus peleas y disputas.
Pareces bicho que no hay
y si hay
son muy poquitos
y muy fieritos
¡como vos!

Viene a ser una metáfora sin pretensiones, de un animal, supuestamente insecto o ave, cuyo aspecto es horripilante, algo así como una acatancka con su fealdad elevada a la enésima potencia o una lechuza de monstruosidad atroz, multiplicada por infinitas cruzas con murciélagos, babosas, un auto chocador por parte de madre y una abuela parienta de las gallinas cunca pila.
Como lo dicen los chicos en su idioma es algo que no tiene existencia real y palpable. La atrocidad de la nada como promesa de un infierno en vida, una contradicción en sí misma que remite a quien se siente condenado porque le han dicho que es un bicho inexistente, ¡oiga!, ¡qué más surrealismo quiere!
Con lo que dicen los niños en sus correrías tal vez se podría bucear en algunas profundidades del lenguaje, no tan solo en su definición más exacta sino también —quién sabe —en las complicadas hipérboles de la etimología.
Llegada una etapa determinada de la maduración de los críos, la frase se pierde. Alrededor de los doce años cesa el surrealismo infantil y los niños se vuelven más concretos, ponen los pies en la tierra, termina el sobrevuelo de la imaginación que los volvía inocentes, ángeles parecidos a sus padres con morada en la tierra.
Pronúnciese la letra “bé” de bicho, casi como una “pé” para no errarle.
A usté le digo.
Sí, el que parece bicho que no hay.
Juan Manuel Aragón
Viernes 8 de mayo del 2026, en Colonia Alpina. Viendo la tarde caer.
Ramírez de Velasco®

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