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| Luchito y su Wincher |
"Canchero, se servía vino en un vaso y luego de un trago reponía lo consumido de manera que nadie, ni él, supiera cuánto llevaba"
Una noche, cuando a Luchito le comenzaba a pasar la macha, le tocó el timbre un vecino. Por el fondo había escapado un ladrón y posiblemente estaba en el patio. Salió corriendo, pescó un Winchester 44—40 que tenía en una vitrina, lo cargó rapidísimo y salió. Al parecer no había nadie. Por las dudas disparó tres veces. Los tres tiros pegaron contra el canto de la pared, parejitos, como si los hubiera medido con un centímetro. Los ladrones, si los había, nunca más aparecieron.Era coleccionista de armas. Decía que el Winchester era uno de sus fetiches, pero también tenía un Colt 45, un precioso 32 Orbea, con cachas de plata, una escopeta Purdey que, dicen, es una de las más costosas del mundo y varias más.Canchero, se servía vino en un vaso y luego de un trago reponía lo consumido de manera que nadie, ni él, supiera cuánto llevaba. Los amigos decían que sano era serio, reconcentrado, casi tímido, cuando tomaba se volvía locuaz, simpático, ingenioso.
Los últimos años los pasó "uvita". Sin grandes borracheras, tomaba medio vaso al despertarse, y así seguía durante el día. En total, pongalé que tomaba un litro y medio, suficiente para mantenerse engranado, pero no tanto como para estar hasta el buje.
Una noche, en una reunión en su casa, contó que tenía muy buena puntería. Nadie le ganaba. Mostró los disparos. Uno de los amigos contó que le acertaba a una moneda de 10 centavos a cincuenta metros. Tomó casi como una ofensa que en su propia casa le dijeran algo así. Quiso sacar ahí nomás una pistola para desafiarlo, pero los amigos calmaron a ambos.
Comenzaron a tratar sobre cómo sería la competencia. Un blanco puesto a 20 metros, contra la pared del fondo. Sería el domingo siguiente y los dos con la misma arma. Tirarían desde adentro del comedor para que el estampido no alertara a los vecinos. Tres disparos cada uno.
Al final no se pusieron de acuerdo, el otro dijo que vendría sobrio y exigía que él estuviera igual. No aceptó. Discutieron feo, casi se fueron a las manos, de no ser por los otros, se agarraban.
Cuando se iban, los amigos le preguntaron al otro por qué no había aceptado apostarle a Luchito. Dijo que había observado que cuando estaba sano le temblaban las manos. Machado, en cambio, tenía pulso de estatua.
"Si le doy esa ventaja, seguro que pierdo", dijo.
Juan Manuel Aragón
Sábado 2 de mayo del 2026, en la Colón y Libertad. Pedaleando la mañana.
Ramírez de Velasco®


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