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QUICHUA Nockanchis

Campesinos divirtiéndose con una carrera de burros

El pronombre personal de la primera persona del plural sería el nombre de los indios de aquí, según una teoría

El pronombre personal de la primera persona del plural, en un sentido más amplio vendría a ser una construcción simbólica que expresa identidad colectiva y traza límites frente a otros grupos. Así se dice “nosotros en casa”, “nosotros los periodistas”, “nosotros los santiagueños”, e incluso “nosotros los de la cuadra”.
Para seguir esta crónica debe, necesariamente, situarse en un mundo más pequeño, cuando todo lo conocido, para una mayoría de la humanidad, abarcaba pocos kilómetros cuadrados. Si usted era un indio diaguita, el orbe conocido terminaba en las montañas de allá e iba hasta el río aquel. Más allá era posible que existieran otros, pero también era muy difícil de imaginárselo.
Lo mismo para alguien del pueblo ainu, que habitaba el norte del Japón. Para ellos “ainu” era “ser humano”. Y es obvio: fuera de su comunidad no existía nada. Eran, para sí mismos, los hombres por antonomasia.
Un caso interesante es el de los eslavos (slovéne), vocablo que se relaciona con la raíz de “palabra”. Ellos tenían palabra, es decir, hablaban; el resto eran mudos, a los que no se les entendía.
Dicho esto, aquí el escrito entrará en un terreno resbaladizo. Y es el siguiente: ¿cómo se llamaban a sí mismos los quichuistas? Domingo Bravo, en su Diccionario Quichua Santiagueño-Castellano, afirma que ´runa significa “indio” y con esta acepción entra en la composición del topónimo ´Runa Pocito, hibridación que significa pocito del indio. También trae otros casos como ´runa caspi, o palo del indio; ´runa huanchi que es una avispa grande que caza arañas y significa que mata al indio y por lo tanto debiera llamarse ´runa huanchej. Y ´runa uturungu, un indio tigre, con una leyenda interesante.
¿´Runa es el hombre?, ¿el que abarca a todos los conocidos? No pareciera serlo. Es más bien el indio, dicho de manera ajena, como si el indio fuera otro, diría uno, a la orilla del brasero, mientras se aparta las crenchas negras. Y arriesga que el campesino santiagueño siempre creyó que los indios eran otros, que nunca se pensó como un pueblo originario, como los llaman modernamente.
El santiagueño no fue parte de la indiada. Quizás porque el quichua que hablaba era importado por los conquistadores, por ahí creyó que era una lengua superior y por eso supuso que era otra cosa.
Y aquí va la tesis de este humilde trabajo: aquí nos hemos nombrado con el gentilicio, al menos desde la llegada de los españoles. Siempre hubo loretanos, sumameros, añatuyenses.
Hay quienes dicen que no hay ningún santiagueño que, con documentos en la mano, pueda demostrar que es descendiente de quienes habitaban esta región antes de la llegada de los españoles. Sí, hay morochos que lo son; un estudio de ADN demostraría que hay muchos hijos de los sanavirones en la provincia, pero con papeles, ninguno, según esta idea.
O simplemente nockanchis, pronombre personal de la primera persona del plural, inclusivo. Al decir de Bravo, este vocablo: “Incluye a todas las personas que están en nuestra comunidad de acuerdo con nosotros o comprendidos dentro de lo que nosotros afirmamos o involucramos en nuestro pensamiento, aunque no hablen con nosotros o estén en nuestra presencia”. Y pone un ejemplo: “Nockanchis allita causanchis llajtaycupi”. Que es: “Nosotros vivimos bien en nuestro pueblo”.
Si usted habla quichua, es casi seguro que tendrá alguna objeción que hacer a esta nota. De entre todos los que opinen, interesa el pensamiento de dos lectores de este sitio, Ilda Juárez de Paz y Cristian Ramón Verduc. El resto también importa, pero menos. Y disculpe usted.
Juan Manuel Aragón
A 11 de marzo del 2026, en el Chujchala. Viendo pasar los autos.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc11 de marzo de 2026 a las 10:03

    Muchas gracias por la consideración, Juan Manuel. Coincido en gran parte con lo expresado en el artículo. Me parece que, hasta conocer a otros, cada pueblo se habría considerado único, por eso a su propio idioma, casi todos lo habrían llamado "el habla de la gente", "la voz del ser humano", o similares, cada uno en su idioma. Pero encontramos también nombres de pueblos y de idiomas que parecen impuestos desde afuera; por eso hay nombres de pueblos equivalentes a "los del norte", "los del cerro", "los del otro lado del río", "los que comen carne", etc. Entonces, el pronombre nockanchis, un "nosotros" de sentido amplio, que incluye a segundas personas, bien puede ser el vocablo que definía inicialmente a la gente cuando no había plena conciencia de que existían "los otros", los de otros lugares.

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  2. Tengo entendido que son muy pocos los casos, en todo Latinoamérica, en que un determinado grupo se ha mantenido aislado sin conciencia de la existencia de otros grupos. Si bien al momento de la llegada española, existían grupos indígenas que hoy llamamos "originarios" y había algunas civilizaciones consolidadas, casi todos formaban parte de largos procesos de migraciones, conquistas y sustitución de culturas anteriores. Y esto era así a lo largo del continente, desde Alaska hasta la Patagonia. Solo en Texas, por dar un ejemplo, existió la cultura Caddo en el año 800, los Antelope Creek en 1150 – 1450, los Jumano en 1300s, los Apache entre1400s–1600s, los Tonkawa en los1600s (que desplazaron a los Apache) y los Comanche y Kiowa a principios de 1700. En México los Aztecas conquistaron (y se los comieron) a los Toltecas, y en Sudamérica los Incas hicieron lo mismo con los Tiahuanacotas. Es por ello que términos como "grupos originarios", o "culturas ancestrales" son en realidad clichés, eufemismos y frases políticamente correctas que no reflejan la realidad y que hoy no tienen ninguna validez cuando se quiere argumentar o reclamar derechos de posesión territorial por parte de indios modernos con celular y vincha de plástico.

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  3. Me gusta Horacio Ibarra, tiene muy buen juicio, en general y más en éste caso particular!!!

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