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| El Rey francés se rindió |
El 24 de febrero de 1525, en Pavía, tropas de Carlos I de España derrotan al ejército francés comandado por Francisco I de Francia
El 24 de febrero de 1525, en las inmediaciones de la ciudad de Pavía, las tropas imperiales de Carlos I de España derrotaron de manera decisiva al ejército francés comandado por Francisco I de Francia. El enfrentamiento, uno de los más determinantes de las Guerras Italianas, selló la suerte de la Guerra de los Cuatro Años y alteró el equilibrio político de Europa occidental al dejar prisionero al propio monarca francés.Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de España, archiduque de Austria y duque de Borgoña, Carlos I —nacido como Carlos de Habsburgo en Gante el 24 de febrero de 1500— era hijo de Juana I de Castilla y de Felipe el Hermoso. Desde su ascenso al trono había heredado un conglomerado de territorios que lo enfrentaba de modo casi inevitable con Francia por la supremacía en la península itálica. Del otro lado, Francisco I, nacido en Cognac en 1494, buscaba consolidar la influencia francesa sobre el ducado de Milán, pieza clave del tablero italiano.La campaña que culminó en Pavía se inició en 1521, cuando fuerzas imperiales y pontificias desalojaron a los franceses de Milán. En 1524, Francisco I cruzó los Alpes al frente de un poderoso ejército, recuperó posiciones y puso sitio a Pavía, plaza defendida por una guarnición imperial al mando de Antonio de Leyva. Durante meses, la ciudad resistió mientras Carlos organizaba un ejército de socorro compuesto por tropas españolas, lansquenetes alemanes y contingentes italianos.
En la madrugada del 24 de febrero, coincidente con el vigésimo quinto cumpleaños de Carlos, las fuerzas imperiales rompieron las defensas del parque de Mirabello, donde acampaban los franceses. La sorpresa fue decisiva. La infantería española, armada con arcabuces, demostró la eficacia de las nuevas tácticas basadas en el fuego coordinado, mientras los lansquenetes se enfrentaban cuerpo a cuerpo con los piqueros suizos al servicio de Francia.
La caballería pesada francesa, tradicionalmente considerada invencible, quedó atrapada en un terreno boscoso y desordenado. Francisco I encabezó personalmente varias cargas, pero la falta de coordinación y la presión constante de la infantería imperial desbarataron el dispositivo francés. La artillería, que había sido un elemento clave en conflictos anteriores, tuvo en Pavía un papel secundario frente al protagonismo de las armas de fuego portátiles.
Hacia el mediodía, el ejército francés estaba deshecho. Miles de soldados murieron o fueron capturados. Entre los prisioneros figuraba el propio rey. La captura de un monarca en pleno campo de batalla era un hecho excepcional en la Europa del siglo XVI. Tras rendirse, Francisco I fue trasladado primero a Pizzighettone y luego a España, donde permaneció cautivo casi un año.
Desde su prisión en Madrid, el rey francés escribió a su madre, Luisa de Saboya, una frase que se haría célebre: “Todo se ha perdido, menos el honor”. La derrota obligó a Francia a firmar en 1526 el Tratado de Madrid, por el cual Francisco I renunciaba a sus pretensiones sobre Italia, Flandes y Artois, además de comprometerse a entregar a sus hijos como rehenes.
La victoria consolidó el predominio de la Casa de Habsburgo en Italia y reforzó la figura de Carlos como árbitro de la política europea. Milán quedó bajo control imperial y el papado, inquieto por el creciente poder del emperador, comenzó a tejer nuevas alianzas que desembocarían poco después en la Liga de Cognac.
Esta batalla dejó además una enseñanza militar duradera: confirmó la supremacía de la infantería armada con arcabuces frente a la caballería feudal y aceleró la transformación de los ejércitos europeos. Se estima que las fuerzas enfrentadas sumaban alrededor de 40.000 hombres, con más de 8.000 bajas del lado francés, en un combate que duró apenas unas horas y redefinió el mapa político del Renacimiento.
Ramírez de Velasco®


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