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| Imagen ilustrativa |
Un escándalo televisivo transformó una figura desconocida en referente público con influencia electoral
Lo que es la fama, ¿no? A una chica la invitan a una especie de selección de personal de prostitutas. Un famoso cantante internacional está en la Argentina y quiere pasar la noche con una señorita agradable. Están varias en un hotel, esperándolo. De repente él pasa, las mira, elige una que en ese momento era una desconocida.Pero al día siguiente su nombre trasciende y aparece en letras de molde en los diarios, la mencionan en los canales de televisión dedicados a los intrascendentes dramas de esa clase de mujeres. Cuando la invitan a participar de un programa, lejos de negar el chisme, lo confirma ampliamente.A comienzos del nuevo siglo todavía había gente que sostenía que era una vergüenza. Pero los tiempos habían cambiado, “oh témpora, oh mores” dirían los latinos, ya casi nadie se escandalizó; más de uno se sintió orgulloso, al fin la señorita, de 23 añitos, había echado buenas e iba camino de ser famosa.
Antaño los laureles se reservaban a los científicos que habían hecho un descubrimiento importante, a los deportistas que conseguían fundamentales olivos en sus justas atléticas, a los políticos a quienes se consideraba ejemplo de virtudes y, por supuesto, a los guerreros, por su defensa del solar nativo.
Las pobres mujeres que entregaban su cuerpo por una porción de garbanzo no tenían un lugar en el altar de la notoriedad. No eran un ejemplo que las madres pusieran a sus hijas como paradigma de lo deseable.
Cualquier padre, al enterarse de que su hija era una meretriz, posiblemente escondiera este detalle, pues significaba, o que había sido muy mal educada o que sufría necesidades sumas.
El caso es que esta señorita, de cuyo nombre esta crónica se ha olvidado a sabiendas, siguió siendo llamada a la televisión, aun cuando pasaron varios años después de que aquel encuentro con el cantante. A fuerza de escandaletes, dimes y diretes de toda clase, siguió estando en la cima de la consideración de las amas de casa que consumen los programas destinados a hablar de las historias de prostitutas de la televisión.
Contra lo que pensaría cualquier alma candorosa criada en el siglo XX, hoy es diputada en su provincia natal, gracias al voto popular. Lo que lleva a pensar que, si por esas carambolas del destino, llegara a acostarse con alguien más inesperado que un cantante norteamericano de paso por la Argentina, en un futuro no muy lejano, podría ser embajadora en Bélgica o, quién le dice, Presidente de la Nación.
La chica no es Licenciada en Ciencias Políticas, abogada o economista. Tuvo lo que se llama un golpe de suerte en la televisión, siempre ávida de caras nuevas y polémicas. Si mañana la convocaran a responsabilidades más altas, probablemente aceptaría con la misma naturalidad con la que aquella noche respondió a la invitación del cantante. Y no faltarían votos. Al fin y al cabo, la fama ya hizo el trabajo pesado. ¿El mérito?, que espere.
Juan Manuel Aragón
A 27 de febrero del 2026, en Pozo Hondo. Esperando el Jaime-Paz.
Ramírez de Velasco®


Nada novedoso. Ya ha ocurrido en la política también.
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