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1974 CALENDARIO NACIONAL Atucha

Atucha I

El 20 de marzo de 1974 comienza a generar electricidad la Central Nuclear Atucha I, primera de América Hispana

El 20 de marzo de 1974 comenzó a generar electricidad la Central Nuclear Atucha I, primera central nuclear de América Hispana destinada a la producción comercial de energía. Ingenieros, técnicos y operarios argentinos pusieron en marcha el reactor tras más de seis años de obras y ensayos. Fue la entrada del país en el reducido grupo de naciones capaces de producir electricidad a partir de fisión nuclear con desarrollo tecnológico propio y asistencia extranjera.
La planta se levanta en Lima, partido de Zárate, provincia de Buenos Aires, a orillas del río Paraná de las Palmas. Su construcción había comenzado en 1968 bajo la órbita de la Comisión Nacional de Energía Atómica. El proyecto respondió a una estrategia estatal diseñada en los años cincuenta para diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.
El reactor de Atucha I es del tipo PHWR, es decir, de agua pesada presurizada. Fue provisto por la empresa alemana Siemens AG, que aportó el diseño y parte del equipamiento esencial. Utiliza uranio natural como combustible y agua pesada como moderador y refrigerante, una elección tecnológica coherente con la capacidad argentina de producir ese insumo estratégico.
La potencia eléctrica inicial fue de aproximadamente 335 megavatios. Esa energía comenzó a inyectarse al Sistema Interconectado Nacional, abasteciendo a millones de hogares e industrias. El ingreso de Atucha I coincidió con un período de fuerte crecimiento del consumo eléctrico y con la necesidad de ampliar la oferta para acompañar el desarrollo industrial.
El contexto político era complejo. En marzo de 1974 ejercía la presidencia Juan Domingo Perón, que había asumido su tercer mandato en octubre del año anterior. La inauguración operativa de la central se inscribió en una política de Estado sostenida por gobiernos de distinto signo desde mediados del siglo XX, que consideraban a la energía nuclear un instrumento de soberanía tecnológica.
La Argentina ya tenía experiencia en investigación nuclear a través de reactores experimentales como el RA-1, inaugurado en 1958. Sin embargo, Atucha I implicó un salto cualitativo al tratarse de una instalación comercial de gran escala. La obra demandó miles de trabajadores y promovió la formación de cuadros técnicos especializados en física, ingeniería y seguridad radiológica.
El emplazamiento sobre el Paraná no fue casual. El caudal del río garantiza el enfriamiento del sistema mediante circuitos cerrados que minimizan el impacto ambiental. Desde su puesta en marcha, la central operó bajo estrictos estándares de seguridad supervisados por organismos regulatorios nacionales e internacionales.
Con el tiempo, la planta fue sometida a procesos de modernización y extensión de vida útil. En 2014 concluyó un reacondicionamiento integral que permitió prolongar su funcionamiento por varias décadas más, con mejoras en sistemas de control y reemplazo de componentes críticos. Esa tarea estuvo a cargo de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina, responsable de la operación de las centrales nucleares del país.
La experiencia acumulada en Atucha I resultó clave para encarar nuevos proyectos, como Atucha II y la central de Embalse en Córdoba. Además de generar electricidad sin emisiones directas de dióxido de carbono, la planta consolidó una cadena industrial que abarca desde la minería de uranio hasta la fabricación de elementos combustibles.
En sus primeros meses de operación, la central alcanzó factores de carga comparables a los de plantas europeas de similar tecnología. Con el paso de los años superó los 300.000 gigavatios por hora acumulados de producción eléctrica. Su edificio de contención, de hormigón armado y acero, se convirtió en una de las postales industriales más reconocibles de la ribera bonaerense, visible desde la ruta nacional 9 y desde el propio cauce del Paraná.
Ramírez de Velasco®

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