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| Policías brasileños |
El 18 de abril de 1996, la policía brasileña mata 25 campesinos en una protesta del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra
El 18 de abril de 1996, la policía brasileña intervino en una protesta del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra. Fue en la curva S de la carretera PA-150 cerca de Eldorado dos Carajás, en el sur del estado de Pará y quedaron 25 campesinos muertos, 50 heridos y 100 desaparecidos. Habían participado de una movilización por la expropiación de haciendas improductivas y la reforma agraria que se extendía desde semanas atrás. La movilización reunía a más de mil quinientos integrantes del movimiento, entre familias completas con niños y ancianos.Estos trabajadores rurales habían ocupado semanas antes la Fazenda Macaxeira, una propiedad considerada improductiva por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria. Desde allí partieron en marcha hacia Belém para exigir la expropiación de tierras y el cumplimiento de la reforma agraria prometida.La región del sur de Pará acumulaba ya una larga historia de conflictos por la posesión de la tierra. Miles de familias sin tierra se organizaban desde los años ochenta en todo Brasil bajo la bandera del MST para reclamar el acceso a haciendas ociosas. En este caso concreto, las demoras burocráticas y la falta de respuesta oficial llevaron al bloqueo pacífico de la PA-150 a la altura del kilómetro 95.
Las autoridades estatales ordenaron el desalojo inmediato de la carretera. Un contingente de 155 agentes de la Policía Militar de Pará llegó en autobuses desde Marabá y Parauapebas. El coronel Mário Colares Pantoja asumió el mando del operativo, que contaba con gases lacrimógenos y armamento letal.
El enfrentamiento comenzó alrededor de las cuatro de la tarde. Los policías lanzaron gases y efectuaron disparos al aire para dispersar a la multitud. Luego avanzaron desde ambos extremos de la curva, momento en el que la situación escaló y se produjo un uso sostenido de munición real contra los manifestantes que buscaban protección en la vegetación cercana.
Pericias forenses posteriores revelaron que al menos diez de los fallecidos presentaban impactos de bala a corta distancia. Otros siete mostraron heridas compatibles con instrumentos cortantes, como las hoces y machetes que los campesinos portaban habitualmente como herramientas de trabajo. Los cuerpos quedaron dispersos sobre el asfalto y los costados de la vía.
Los hospitales cercanos recibieron a los heridos con fracturas, perforaciones por proyectiles y contusiones severas. Varias personas quedaron con secuelas permanentes tras el incidente. En paralelo, las familias reportaron de inmediato la ausencia de un centenar de participantes, sin que las autoridades ofrecieran datos precisos sobre su ubicación en las primeras horas siguientes.
Se supo después que los agentes habían retirado las placas de identificación de sus uniformes antes de actuar. Un equipo de un noticiero local registró en video parte del operativo, imágenes que luego sirvieron como evidencia clave en los procesos judiciales. Estas grabaciones mostraron la secuencia de los disparos y la dispersión caótica de los manifestantes.
Los tribunales iniciaron un largo proceso penal contra los responsables. Tras años de juicios, solo el coronel Pantoja recibió condena a más de 200 años de prisión y el mayor Oliveira a 158 años. El resto de los 153 policías involucrados fueron absueltos en las primeras instancias, a pesar de las evidencias presentadas.
Listas oficiales del movimiento preservaron los nombres de todas las víctimas identificadas. El caso quedó registrado en los archivos de conflictos agrarios del estado de Pará, una zona que continuó sumando muertes rurales en las décadas posteriores. Las investigaciones complementarias no alteraron significativamente el panorama de impunidad en la región.
Aquella jornada marcó uno de los episodios más graves de represión contra el movimiento campesino brasileño en los años noventa. Los hechos de Eldorado dos Carajás generaron repercusiones nacionales e internacionales, aunque las demandas centrales de tierra y reforma agraria persistieron sin resolución inmediata para las familias afectadas.
Ramírez de Velasco®


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