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CODICIA El precio sube en segundos

El Automóvil Club de Belgrano y Sáenz Peña

El miedo empuja la nafta hacia arriba pero el alivio nunca baja al mismo ritmo: a continuación un por qué posible

La semana pasada se cerró el estrecho de Ormuz. De un plumazo, el 20 por ciento del petróleo mundial quedó atrapado en el golfo Pérsico. El barril de Brent salta 15 dólares en una sola sesión.
Esa misma tarde, en la estación de servicios de la otra cuadra, el cartelito que marca el precio de la nafta súper ya subió 18 pesos el litro. ¿Por qué tan rápido? Porque el dueño del surtidor no es tonto: sabe que el próximo camión cisterna que le llegue va a costar más caro y, sobre todo, sabe que los accionistas que controlan la cadena de refinación y distribución ya le mandaron el memo interno: “aumentá ahora, que después siempre es más fácil justificar la suba que bajar”.
Es la lógica que hace que el supermercado aumente el precio del pan cuando ve que el trigo sube en Chicago: cobrar de más hoy y en todo caso dar un “descuento” mañana, pero no pierde margen.
Pero ahora viene la clave. Un tiempo después, ponele tres semanas, el estrecho se abre. Los buques vuelven a pasar. El crudo en el mercado cae 12 dólares de golpe. Pero en la estación de servicios de la otra cuadra, la nafta sigue al mismo precio que cuando el estrecho estaba cerrado. ¿Por qué?
Porque la nafta entonces no cotiza contra el petróleo, sino que queda anclada a lo que marcó el mercado cuando el miedo era máximo.
El susto le dura a los accionistas de bolsa mucho más que el susto real del mercado. Bajar el precio implica reconocer públicamente que el riesgo ya pasó y que los márgenes extraordinarios deben comprimirse. Y no les gusta. Prefieren mantener el precio alto “hasta ver cómo evoluciona la situación".
Los refinadores argumentan que tienen inventarios comprados al precio alto, que los contratos de futuros no vencieron, que los costos logísticos siguen elevados, que la inflación general les come el margen… y mientras tanto el cartelito digital de la estación sigue brillando con el mismo número. El consumidor paga el susto completo y solo recibe una fracción del alivio.
Lo que se paga por la nafta en la Argentina (y en casi todo el mundo) no es un reflejo fiel del costo marginal del petróleo que se está extrayendo hoy. Es un reflejo del precio que los especuladores de Wall Street decidieron que debía valer el petróleo “por si acaso” hace quince días. Incorpora prima de riesgo, de incertidumbre. Y de codicia.
El barril de petróleo podría volver al precio que tenía hace un mes y, sin embargo, la nafta en la estación sigue 12 por ciento más cara que entonces. No es ineficiencia del mercado. Es eficiencia del mercado financiero.
La próxima vez que vea que el estrecho de Ormuz se abre, el petróleo cae y la nafta sigue igual, no busque explicaciones técnicas. La explicación es más simple y más brutal: el miedo se traslada hacia arriba en segundos; el alivio se traslada hacia abajo en meses.
El miedo genera ganancias extraordinarias y el alivio genera… bueno, el alivio genera que alguien tenga que devolver parte de esas ganancias.
Eso es todo.
No hay misterio.
Juan Manuel Aragón
Domingo 19 de abril del 2026, en Tintina. Viendo el tiempo pasar.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Nunca es por susto o miedo. Ningún operario de la cadena de producción de combustibles, desde el pozo de extracción de crudo hasta la estación de servicio, se asusta de algo.

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